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Ramón Andrés “Zitto” Segovia

Nació en Resistencia, el 19 de julio de 1953. Era hijo de Ramón de la Rosa Segovia, conocido en el ambiente musical por ser el guitarrista del grupo Marcos Bassi.

Cuando el dúo Las Voces del Quebrachal comenzó a hacerse conocido viajó a Buenos Aires con intenciones de dar impulso a su carrera, pero volvió a Resistencia en 1978. Al año siguiente viajó a México, invitado por el Fondo Nacional de las Artes, pero nuevamente regresó al Chaco a fines de 1980.

GRABÓ SU PRIMER DISCO EN MÉXICO

Bosquín Ortega nos contaba que Zitto grabó su primer disco allende las fronteras argentinas. Es verdad que no lo registró en los páramos agrestes del Gualamba, sino que lo consumó en las montañas del Tepeyac. Es cierto y verdadero, también, que compartió el bautismo sonoro con un compatriota sudamericano.

En efecto, Ramón Andrés Segovia emigró de la paradojal Villa Libertad, a unas cuadras de la Unidad Penitenciaria 7, a la Colonia Cuathemoc, en la calle Río Amazonas 42, cercana a la Avenida de la Reforma (la del obelisco con el Ángel en su cima). Fue en el Barrio Rosa, de reminiscencia francesa, en pleno distrito federal de México. Vértigo aéreo de por medio, el hecho sucedió entre principios del 79 y fines del 80, junto a su esposa Lelia, compañera de alma y albacea de su obra.

Se trata de la ópera prima “Nuestro cantar” desde México al Chaco, compartida con Aldín Mitre, cantor resistenciano, bajo el auspicio de Mex International. El seudónimo artístico preservaba la identidad de Aldo Madussi, contador público y docente. Aquella producción musical representó la fusión de dos solistas y un instrumentista: el propio Zitto Segovia, tuvo a su cargo el acompañamiento y los arreglos del trabajo iniciático.

REGRESO AL CHACO EN SU MEJOR ETAPA

Se reconoce esta como su mejor etapa, cuando musicalizó letras de conocidos autores locales utilizando un ritmo que él popularizó: la charanda, cercano al chamamé tanto en sus orígenes como en su zona de influencia.

En 1986 llegó su reconocimiento nacional cuando ganó en Cosquín el premio a Mejor Solista Vocal Masculino. Actuó en diversos festivales folclóricos y nacionales y obtuvo su mayor premio en 1989, con el premio Consagración, nuevamente en el Festival de Cosquín.

Pocos meses después, el 8 de septiembre del mismo año, falleció en un trágico accidente sobre la costanera de la localidad correntina de Bella Vista, cuando el colectivo que lo transportaba junto con otros músicos se desbarrancó sobre el río Paraná. Su cuerpo fue encontrado recién al día siguiente, y desde entonces todos los años la comunidad recuerda el hecho como la tragedia de Bella Vista. En su honor fue bautizado el Domo del Centenario Zitto Segovia, importante auditorio de su ciudad natal.

La Legislatura chaqueña instauró el 8 de septiembre (cuando se recuerda su fallecimiento) como día del Cantautor Chaqueño. Simplemente “Zitto”, como lo llamábamos todos los que llegamos a conocerlo, fue el cantor popular más importante de la ciudad de Resistencia, el que con su canto describió como nadie nuestro pueblo, sus lugares y su gente. Este juglar, que levantaba fogones y guitarreadas, llegó a los escenarios para triunfar.

Su presencia era imponente y su calidez nos traslucía ese ser humano emocionante, que transmitía a su público toda su sensibilidad y llegaba a su gente como nadie. Su gran amigo de la vida, Manolo Bordón, nos contaba su despedida de esta manera: “Ésta es la somera síntesis de una vida que no cabe en letras de molde, porque late en la sangre de este pueblo. De ese pueblo que lo acompañó vivo, que le rezó desaparecido y que lo lloró inconsolablemente, muerto”.

Su velorio fue en el Domo del Centenario, su casa, que hoy con muy buen criterio lleva su nombre. Su despedida fue tristísima, y seguramente debe ser el funeral más impresionante que sucedió en esta ciudad. Nos queda el recuerdo de aquellos sus más lindos temas, como el emblemático “Cristo de los Villeros”, “Nocaut González”, “Cacique Catán”, “Vestido sobre vestido”, “Lucía de arena”, “El varón que ya no existe”, y tantos otros, que cuando necesitamos de Zitto, volvemos a escuchar y a maravillarnos con su voz.