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Centro de rastreo Covid-19

“Cuesta erradicar la idea de que se manda al frente”

La tarea diaria del voluntariado. Los desafíos para crear conciencia social y las necesidades de los más vulnerables.

Desde la apertura del centro de rastreo covid-19 en Resistencia a los operadores se les dificultó que quienes atendían el teléfono comprendan la importancia de dar nombres de potenciales personas contagiadas. “Al principio mucha gente creía que mandaba al frente a un compañero de trabajo o a una pareja; faltaba conciencia social”, resume Alejandra Espinoza.

Decir que se mantuvo contacto con varias personas también implica admitir que no se cumplió el aislamiento. “Nadie había estado con alguien. La tarea consiste en que a partir de una persona con diagnóstico de Covid-19 corre una carrera contra el tiempo para avisar a sus contactos estrechos que se aíslen antes de que aparezcan los síntomas o siga propagándose la enfermedad.

Alejandra es una de las decenas de voluntarios que hace casi un mes dedican cinco horas diarias marcando una cantidad indefinida de números. “En una mañana puedo hablar con una sola persona o con 25”, ilustra. La disparidad de realidades es abrumadora.

“A veces te retan y a veces encontrás personas que necesitan ser escuchadas; más allá de que sea un trabajo acá hay corazón, para nosotros no son un número”, sostiene.

Instancia reciente de capacitación con científicos de la fundación Huésped.

Ya son 23.500 los llamados que se realizaron a la fecha junto con Epidemiología (Ministerio de Salud pública) señala Javier Bernal, coordinador del centro que depende de Educación. Antes de empezar el equipo compuesto por unas 30 personas -con mayoría docente, estatales y estudiantes de nivel superior- recibió capacitación en dos áreas: nociones epidemiológicas y metodología de llamada.

En un repaso de la experiencia cercana a las tres semanas explica que con frecuencia encontraron personas que por distintos motivos estaban ansiosas, por lo que era importante no perder el foco de atención. “Atendimos situaciones extremas como por ejemplo un caso de violencia de género, de un hombre que le impedía a su pareja atender el teléfono, entonces pedimos apoyo a la policía”, describe.

El centro además cumple la función de enlazar necesidades con otras áreas; por ejemplo para tramitar asistencia alimentaria con Desarrollo Social, o realizar derivaciones por casos puntuales en el servicio de Salud Pública. Las llamadas se organizan en dos turnos, de 8 a 13 y de 14 a 19, y recientemente Ecom les proveyó un desarrollo para enviar mensajes masivos para anticipar contactos telefónicos.

Una de las capacitaciones.

“Son muy pocas las personas que atendieron en mal tono; hoy podemos decir que hay más conciencia y que la gente sabe por qué es necesario aislar”, resume Bernal. Si bien los rastreadores pueden realizar su trabajo desde su casa, un equipo se concentra en la escuela técnica Nº 24 “Simón de Iriondo”, a escasos cien metros de los hospitales Perrando y Pediátrico.

“Estar en un mismo edificio nos permite responder mejor y estar más conectados por si se produce un inconveniente”, agrega Lucas Domínguez, otro de los jóvenes voluntarios. (titulo secundario)

Contactos que más los sensibilizaron

En medio de los llamados hubo situaciones de excepcionales que les tocaron el alma a las personas que se dedican a rastrear casos. Por ejemplo el caso de unas diez personas que comparten la misma vivienda y todas dieron positivo para Covid-19.

“Lastimosamente se contagian más las personas que viven en situaciones de alta vulnerabilidad; que sean cinco o seis en una casa por ejemplo. Hay casos muy difíciles”, agrega Lucas. 

El equipo que necesitan los voluntarios para trabajar consiste en un celular y una pc.

Con satisfacción dice que la experiencia “fue lo que esperaba” mientras reparte su día a la mañana en el centro de rastreo y a la tarde para estudiar dos carreras (Relaciones Internacionales y Comercio Exterior). Con veinte años de edad habla de su compromiso con lo social antes de la pandemia, por ejemplo, llevando ayuda a merenderos.

Mientras que a la pasión por las estadísticas y números, la profesora de matemáticas Alejandra añade que el trabajo social siempre la motivó, incluso en alguna función pública en el pasado. Se inscribió en el voluntariado sin saber del todo bien en qué consistiría el trabajo; hoy asegura que el trabajo superó sus expectativas. “Sobre todo por la respuesta de la gente”.

“Dios quiera que haya más voluntarios y que muchas personas que podemos dar una mano, lo hagamos en lugar de esperar tanto”, agregó Alenadra.

Quienes deseen sumarse como voluntarias pueden hacerlo ingresando sus datos en el enlace: https://bit.ly/CC-Covid19

Necochea, el valor de una experiencia exitosa

Los 32 contagios en Necochea que se convirtieron en noticia nacional a partir de la organización de un baby shower, sirve de ejemplo para valorar el trabajo de las personas que no solo buscan entender el origen, sino frenar la propagación.

Hace dos semanas un informe en el diario La Nación permitió entender claramente cómo el coronavirus se fue transmitiendo entre decenas de personas en pocos días.

Todas habían mantenido algún tipo de contacto cercano por parentesco o por compartir una conversación a menos de dos metros sin tapabocas y en un espacio cerrado.

“Cortar ese brote en expansión, potenciado por una reunión social que generó más de la mitad del total de infectados, fue una tarea titánica para un reducido grupo de profesionales y trabajadores de salud, agentes municipales, policías y voluntarios. Un trabajo artesanal con dos enemigos para lidiar seguido en el camino: el miedo y la mentira”, describió Darío Palavecino, autor de la nota.

La secuencia es conocida: comenzó con un hombre de 70 años y su yerno viajaron a Buenos Aires hasta un sanatorio donde 36 personas del personal tenían coronavirus (se supo después). Cuando regresaron a Necochea se habían contagiado pero no lo sabían. El yerno contagió a su mujer y sus dos hijos; también a un sobrino que los visitó. El caso cero le pasó el virus a una amiga y ella transmitió a su madre, de 70 años y a sus hijos (uno también contagió a su novia y a su suegra y otro llevó souvenirs al baby shower, donde había 16 personas). La mujer además trabajaba en un geriátrico, donde una compañera y una paciente resultaron contagiadas. La anciana fue trasladada al hospital municipal donde luego dio positivo una enfermera.