La recuperación de América Latina
El proceso de recuperación de la crisis provocada por el coronavirus en los países de la región será más lento y gradual de lo que se pensó al comenzar la pandemia. Así lo señala un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que advierte que el impacto en la estructura productiva y en las empresas puede, incluso, agravar los problemas estructurales que desde hace varios años dificultan el desarrollo de la región. Ante este preocupante escenario la Cepal propone una serie de medidas, entre las que se destacan la necesidad de ampliar los plazos y los alcances de las líneas de intervención en materia de liquidez y financiamiento para las empresas, que puede ser a través de la postergación o cancelación de pagos de impuestos o imposiciones previsionales por lo menos hasta finales de este año; la suspensión del pago de los servicios de luz, agua, gas y telecomunicaciones, sin multas ni corte de servicios, también hasta finales de 2020; la flexibilización y mejora de las condiciones de crédito con períodos de gracia de por lo menos un año y plazos de cinco años o más. También recomienda a los gobiernos de la región reforzar las transferencias directas a las empresas para evitar la destrucción de capacidades; y apoyar a las grandes empresas de sectores estratégicos que resulten gravemente afectadas por la crisis, que representan el 39 por ciento del empleo formal y más del 90 por ciento de las exportaciones.
Según las proyecciones que realizan especialistas de la Cepal, la economía regional caerá un 5,3 por ciento este año por la pandemia de coronavirus; mientras que el valor de las exportaciones podría desplomarse un 15 por ciento. El informe del organismo difundido esta semana sostiene, además, que el 92 por ciento de las ramas de mayor contenido tecnológico de la región están enfrentando una crisis significativa y observa que si bien los programas puestos en marcha por los gobiernos amortiguaron el impacto, no se descarta que se produzca un alto nivel de destrucción de empleos y cierre de empresas.
Según la Cepal, la crisis sanitaria deja un escenario poco alentador, ya que los datos que arroja la actividad productiva en los últimos meses dejan ver que, si bien la pandemia asestó un duro golpe a la industria en su conjunto, para una parte importante de los sectores intensivos en tecnología y de los intensivos en generación de puestos de trabajo la situación es más preocupante. En efecto, casi el 92 por ciento de las ramas industriales de mayor contenido tecnológico están enfrentando una muy delicada situación. “Estas ramas reúnen las actividades más intensivas en aprendizaje e innovación, que son fundamentales para el proceso de diversificación e incorporación de mayor valor agregado necesario para cerrar las brechas de productividad e ingresar en una senda de crecimiento sostenible de largo plazo”, explica el informe que, por otra parte, señala que al analizar el desempeño de la estructura industrial de la región en el primer cuatrimestre de este año comparado con el del mismo período de 2019, el golpe a este sector que es un engranaje fundamental de la economía es claramente visible en algunos países. Argentina, lamentablemente, no es la excepción y así lo demuestran los datos que arrojan sectores como el de la industria textil, el automotriz y de autopartes, la fabricación de prendas y de calzados, por citar solo unos pocos ejemplos. A nivel regional los sectores más afectados por la crisis son, según el informe de Cepal, el turismo, las industrias culturales, el comercio, la reparación de bienes, hoteles y restaurantes, transporte, moda y automóviles. El organismo regional estima que un 34,2 por ciento del empleo formal y un 24,6 por ciento del PBI de la región corresponden a los sectores fuertemente afectados. Por otra parte, observa que los sectores en los que la crisis impactó o impactará de manera moderada son agricultura, producción de alimentos, insumo y equipamiento médico, medicamentos, telecomunicaciones y envases. Debe coincidirse con la Cepal cuando afirma que, en este contexto, la industria adquiere una importancia estratégica y un rol protagónico en el proceso de crecimiento y en el cambio de la matriz productiva. Para ello, se requieren políticas para modificar la estructura productiva, es decir, incentivos distintos de los que prevalecen en la actualidad para que las empresas privadas, junto con el Estado, realicen las inversiones necesarias para diversificar la estructura económica, garantizar un proceso continuo y estable de crecimiento y evitar retrocesos sociales y ambientales.










