“A la par de mi padre aprendí que el algodón nunca nos deja mal parados”
SAENZ PEÑA (Agencia). Aldo Kizur tiene 42 años de edad. Casado, tiene 3 hijos, un varón y dos nenas. “Siempre, desde los 20 años que empecé a trabajar por mi cuenta, soy algodonero, pero siempre junto con mi viejo, y aprendí que a la par de diversificar, el algodón nunca nos deja a pata, siempre nos da una manito”, le cuenta a NORTE RURAL momentos antes de comenzar a cosechar un lote en la zona de Villa Angela.
La máquina lista, y todo el equipamiento preparado desde el día anterior. Se advierte en el semblante del productor que cosechar algodón le genera expectativas, optimismo, y buen humor.

Este es el primer lote que cosechamos, de mi viejo, siembra de Octubre, el que más rindió, y fíjate que todo el año pasado se llenó de agua, la mitad del lote no pudimos levantar la soja, cuando dio el piso, la soja ya estaba fea, pero ahí sacamos el mejor algodón, si acaso hasta en la luna la planta resistió lo que pudo hasta que las temperaturas bajo cero cuando germino la semilla recién quebró la sabia y ahí recién lo afecto, si no será un cultivo noble”, dice con una sonrisa en su rostro.
SU ABUELO, DE LA EX YUGOSLAVIA
“Nosotros somos una familia algodonera, mi abuelo cuando vino de Yugoslavia se inició con el algodón, siguió mi viejo y yo también sigo la tradición”, nos cuenta.

Dice que cuando empezó a trabajar “a la par de mi viejo, le hice ver que teníamos que empezar a diversificar un poco entre otros cultivos, pero el fuerte es el algodón, lo llevamos en el corazón, porque nunca nos dejó en banda, por supuesto que lo que ayuda mucho es tener maquina propia”, aclara.
LA PANDEMIA
Aldo Kizur dice que en esta pandemia la más perjudicado fue la cadena algodonera, por suerte se está recuperando despacio, gracias a Dios tuvimos buena cosecha de soja y con eso pudimos ir pagando los gastos para la recolección y transporte del algodón, cuenta haciendo un primer balance. “Creo que el algodón va recuperar sus valores, y vamos a seguir apostando al algodón”, confía y se desafía a la vez.
RINDES
El último lote cosechado le rindió 2.040 kilos por hectárea, en promedio, con un rinde de fibra entre 30 y 31 %, que para husillo es muy bajo. “No sé si lo que el lote tenía mucha tierra nueva hizo mucha semilla más sumado a que tenía bastante capullos chicos, afectados por el picudo, calculo que por eso es el bajo rinde, pero en otros lotes tuvimos mejores rindes”, explica.
LA SEMILLA Y EL MERCADO
SAENZ PEÑA (Agencia). Aldo Kizur dice que “hay que poner la ficha en las variedades que ha presentado el INTA” y pidió “no quedarnos solo con esto, sino seguir y abrir la jugada para que la mayoría de los productores puedan acceder a la semilla nueva, fiscalizada porque todos queremos mejor calidad, pero menos dolores de cabeza también”, señala.
Sostiene que hay temas que merecen debatirse mas, “y todos queremos usar semilla fiscalizada sobre todo los que queremos hacer las cosas bien en un cultivo tan especial para nosotros como es el algodón”, agrega.
A la par, dice que es muy fuerte el impacto en el cadena algodonera que dejó el Covid-19 y su pandemia.
“Creo que este cachetazo debe servir para que podamos tener más claridad en el mercado, más solidaridad y que podamos pensar en ser competitivos pero también tener buena paga, con buen precio de algodón”, señala finalmente.










