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La tierra, curioso planeta

Avalanchas y aludes, peligro en las montañas

Al analizar el mapa de desastres que afectan a la humanidad, se observa que los ámbitos de montaña se destacan por los riesgos que encierran haciendo vulnerables a los asentamientos humanos en dichas regiones, por ejemplo son llamativas las noticias de terremotos, actividad volcánica, avalanchas, deslizamientos de escombros, entre otros peligros. 

LAS REGIONES MONTAÑOSAS, ÁREAS DE RIESGOS Y VULNERABILIDAD

Sin dudas, al igual que otros ecosistemas, los extraordinarios entornos montañosos sufren cada vez más presiones por el constante aumento de las demandas de la sociedad moderna. El exceso de tala extermina los bosques que protegen las montañas.

La construcción de infraestructura turística trastorna el delicado equilibrio biológico. La construcción inadecuada de carreteras crea inestabilidad en las laderas. La minería que no se realiza con una gestión adecuada incrementa el peligro de deslaves. Si bien, las montañas pueden parecer invulnerables, son muy sensibles a los peligros naturales. El desplazamiento de las placas continentales que están en su base puede producir terremotos y erupciones volcánicas. La condensación del aire en sus vertientes y alrededor de sus cumbres forma lluvia y nieve capaces de desencadenar inundaciones y aludes devastadores.

En las laderas muy empinadas, las rocas, el lodo y las escorias o escombros rocosos producen acelerados derrumbes mortales. Estos acontecimientos exponen a la población de las montañas, que ya es de las más pobres y que más hambre pasan en el mundo, a un riesgo constante de sufrir calamidades. Vale recordar que antes muchas regiones montañosas se encontraban muy aisladas del resto del mundo, pero en nuestros días la mayoría de ellas -incluso el Everest- están al alcance de casi todas las personas dispuestas a pagar un buen guía.

Frente a esto, si bien la globalización ha aumentado el acercamiento y ha dado paso a interesantes proyectos de inversión, también implica una serie de peligros. El turismo proporciona hasta un 90 % de los ingresos regionales en los destinos turísticos populares de los Alpes, los Andes, el Himalaya y las Rocallosas. Pero sin reglamentación, estas actividades pueden degradar y ejercer presiones en los frágiles ecosistemas montañosos, y destruir las características mismas que les dan interés, a la vez que las comunidades de las montañas quedan más expuestas a sufrir catástrofes como las avalanchas o aludes de nieve.

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ALUD O AVALANCHA

Un alud, también denominado avalancha (galicismo), es un deslizamiento brusco de material, mezcla de nieve, hielo, roca, suelo y vegetación ladera abajo, por efecto de la fuerza de la gravedad, y que por la magnitud de su masa y de su velocidad, libera grandes cantidades de energía. Las avalanchas también pueden ser de piedras o de polvo.

Las avalanchas son el mayor peligro durante el invierno en las montañas, pueden recorrer kilómetros, y provocar la destrucción total de la ladera y todo lo que encuentre a su paso. Indudablemente en las zonas montañosas, en las que la nieve se acumula en las laderas, es importante tener en cuenta el riesgo de los aludes. Su fuerza destructiva puede ser muy grande. En algunos de ellos se han llegado a medir fuerzas de impacto cincuenta veces mayores de la necesaria para derribar una casa y velocidades de caída de la nieve de hasta 350 km/h. El número de víctimas ha crecido mucho en los últimos años desde que se han popularizado los deportes de montaña.

Así, por ejemplo, entre 1945 y 1974 hubo 719 muertes por aludes en toda Europa, mientras que de 1975 a 1985, solo en los Alpes han muerto por este motivo 1200 personas. Un ejemplo de ello se produjo en Montroc, Francia, en 1999 cuando 300.000 m3 de nieve se deslizaron por una pendiente de 30º alcanzando una velocidad de 100 km/h. Mató a 12 personas que vivían en chalets cercanos enterrándolos bajo 100.000 toneladas de nieve a 5 metros de profundidad.

En los Alpes, los aludes de verano, formados por masas de nieve antigua mezclada con limo y piedras y desprendidas por el calor del sol o por la inestabilidad de la base, reciben el nombre de aludes de fondo. El de los aludes puede clasificarse como un riesgo esencialmente geológico, originado por agentes geodinámicos externos, es decir, que actúan desde el exterior de la litosfera. Ésta es sólo una de las clasificaciones posibles; otras atenderían a criterios tan diversos como la duración, el ambiente de localización, el nivel de actividad, el vector de daño, la capacidad de previsión, el radio de acción, etc.

PRINCIPALES ZONAS DEL RECORRIDO DE UN ALUD

De estudios conjuntos entre el Centre d’Études de la Neige (CEN) y el Institut de recherche pour l’ingénierie de l’agriculture et de l’environnement (Cemagref), ambos organismos gubernamentales franceses, surge la terminología que distingue las siguientes tres zonas principales en el recorrido de un alud:

Zona de salida, partida o inicio: Es la zona en la que la masa de nieve inestable se desprende e inicia su desplazamiento ladera abajo.  Aquí la masa o cantidad total de nieve es comparativamente inferior a la del resto del recorrido, pero las aceleraciones son considerables, mientras la energía liberada es aún relativamente pequeña.

Zona de trayecto, transición, curso o track: Es la zona intermedia entre la de salida y la de depósito. Acá las aceleraciones se equilibran pero la velocidad de descenso se hace máxima. Se producen aportes y pérdidas de nieve, y la masa total del alud es relativamente superior a la de las otras zonas. Puede haber incorporaciones de material rocoso de la ladera y de su cobertera vegetal, mientras se liberan enormes cantidades de energía.

Zona de depósito, parada o llegada: Es la zona donde la pendiente se hace menor y/o su rugosidad aumenta considerablemente, y tienen lugar los procesos de depósito. El flujo de nieve y otros materiales transportados experimenta intensas desaceleraciones, y la velocidad se reduce hasta que el alud se detiene.

LOS TIPOS DE ALUDES O AVALANCHAS

Los tipos de aludes que se puede identificar son numerosos, varían según los criterios usados para su clasificación. Así se diferencian: 1- Según su magnitud: Existen dos tipos de aludes: Alud superficial, donde sólo se moviliza una parte del manto nival. Alud de fondo, donde se moviliza de manera súbita y violenta todo el manto nival, erosionando el sustrato de la ladera, transportando y depositando estos materiales en el punto donde el ángulo de la misma con respecto a la horizontal, lo permite. 2.

Según el riesgo que implican: Teniendo en cuenta el peligro y alcance que trae asociado un alud, existe una Escala Europea de Peligro de Aludes, usada en casi todo el mundo, que clasifica a este evento peligroso en: 1 Débil; 2 Limitado; 3 Notable, 4 Fuerte; y 5 Muy fuerte o Día de catástrofe 3.

Según la modalidad Entre las distintas modalidades de aludes de nieve, los hay de nieve seca, de nieve húmeda, de neviza y de hielo.

CAUSAS Y RIESGOS DE LOS ALUDES

Entre las condiciones que favorecen los aludes de nieve se encuentran: una inclinación grande (al menos de 20º) de la ver tiente, la existencia de una capa de nieve muy potente, escasa fijación de la nieve y mala estratificación de la misma, también la filtración de agua a través de las capas de nieve. La mayoría de los aludes se producen du rante el invierno, especialmente durante las nevadas y en las 24 horas siguientes. Cuando han caído 30 o más cm. de nieve en laderas empinadas ya hay riesgo de avalancha. Con unos 70 cm. de nieve, el riesgo existe incluso en las zonas en las que normalmente no suelen haber aludes.

Las avalanchas de invierno suelen ser de nieve seca y en polvo, pero también se producen aludes cuando el tiempo es soleado y caluroso, por ejemplo en primavera, cuando comienza a fundirse la nieve. El agua fundida favorece el deslizamiento de las masas de nieve densa que pueden ser muy peligrosas para las personas y las construcciones. A las causas naturales sumémosle las antrópicas, ya que el aumento de la presión humana sobre los espacios de montaña ha traído consigo una mayor exposición al peligro de las avalanchas. Allí donde el fenómeno recurrente es el de los aludes de nieve, se ha observado un incremento en el número de los accidentes, vinculado a la proliferación de las edificaciones residenciales y al desarrollo de actividades relacionadas con el ocio y el turismo.

SU PREVENCIÓN…

En síntesis, los aludes de nieve, son un fenómeno natural inherente a las áreas de montaña de determinados climas y latitudes, que han incrementado su peligrosidad, al aumentar también su exposición a ellos tanto la población humana como sus actividades e intereses. Esto confiere a los aludes la importancia de riesgo natural, y es el origen del interés por su estudio, en un intento de controlar el fenómeno a través de la prevención y, una vez que se ha desencadenado, de la mitigación, en lo posible, de sus efectos adversos.

Algunas medidas para eliminar o evitar la peligrosidad de dichos aludes son la creación de bosques en los lugares indicados (por forestación o reforestación si han sido eliminados); la construcción de muros, empalizadas, terrazas, rellanos, etc. que detengan el deslizamiento; el encauzamiento de los mismos o bien la apertura de túneles que los eviten.

Fuentes: http://datogeografico.bravehost.com/Desastre/DNALUDES.HTM http://es.wikipedia.org/wiki/Desastre_natural http://www.alianzamontanas.org/issues/ hazards.html http://www.salonhogar.net/Ciencia_al_ Dia/otros.htm Rodríguez Estévez, José Antonio y Morales Rodríguez, Carlos Gabriel (2009).

Riesgos naturales: Aludes. GEOGRAFÍA DE LOS RIESGOS NATURALES. Ponencia. Universidad de Valladolid. España

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