Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°
Un testimonio que sirve como muestra

Los nuevos riesgos de andar en bicicleta para las mujeres

A los arrebatos de bolsos o celulares, se suman los manotazos a partes específicas del cuerpo.

La falta de transporte público hace que cada vez más personas acudan a la bicicleta. Y el aislamiento social por coronavirus propicia que en determinados horarios las calles estén más desprovistas. Para las mujeres esa opción tiene un valor extra y es exponerse al acoso. Es el caso de Bárbara, de 25 años, que hace unos días se trasladaba desde una casa relativamente próxima a la suya. Eran las 14, podría decirse en el horario de la siesta, cuando mientras pedaleaba por Brown -cerca del excine Obrero- sintió un manotazo en un glúteo. “No fue lo suficientemente fuerte como para hacerme caer pero sí como para que me durara la picazón del manotazo por dos o tres cuadras”, cuenta.

mujer.jpg
Imagen ilustrativa.

Lo común 

La maniobra es conocida por otras chicas de su edad. El acosador suele ir en moto, aminora la velocidad, se pone a la par, calcula sus movimientos. Después de echar mano al cuerpo suele ‘estirar’ el momento diciéndole algunas groserías por unos segundos más o solamente hasta ver la reacción en el rostro o en la voz de la ciclista.  

“Es común que te digan cosas retranquilas como ‘chau linda’ o ‘te amo’, más o menos una vez al día; pero es la primera vez que me tocan”, asume.

El replanteo  

Tampoco había alguien cerca como para sumarse a la indignación o a la puteada. “Primero me sorprendió y creí que podía ser una amiga, que a veces puede pasar que nos hagamos esa broma; pero cuando vi que era un desconocido y la expresión de su cara, me enojé muchísimo y le grité”.  

Una vez en su casa se replanteó cuáles serían las mejores formas de no volver a pasar por lo mismo: “Aunque esa zona es relativamente transitada, pensé en no volver a salir así sola y en horarios en que hay poca gente en la calle”.

Al contar en un grupo de wasap lo que le pasó, alguien le preguntó qué llevaba puesto y eso la enojó más: “Nadie tiene derecho a tocarte, este señor me dio como un golpe y agarrada, fue muy desagradable”.

A otras 

También vía redes otra amiga dijo que le pasó casi lo mismo, solo que iba a pie y que el acosador, que iba en moto, le tocó los pechos. Lo demás fue casi calcado: en cuestión de segundos se aproximó muy despacio y cuando pasaba cerca la manoseó. Como llevaba barbijo y casco se dificulta identificarlo.   

Bárbara agrega que pudo ver que quien la tocó tenía uniforme de un trabajo similar al de una carnicería o frigorífico.

Nueve de diez sufrió acoso callejero 

“Nueve de cada diez mujeres sufre o sufrió el acoso callejero”, define Juliana Santarrosa, abogada y coordinadora de Acción y Respeto, una organización que desde 2015 se dedica a concientizar sobre el tema.

Con estadísticas de 2016 que podrían estar desactualizadas la organización civil volvió a consultar a mediados de abril de este año en sus redes y las respuestas volvieron a confirmar que luego de unos años de retroceso, con la pandemia repuntaron los casos.  

A diferencia de un piropo (que es decir algo que halaga y hace sentir bien a una persona, en confianza y con su consentimiento) el acoso callejero es una interacción social violenta y aleccionadora en un espacio público.

Soledad Santangelo, impulsora de una reglamentación que lo penalice en el país, plantea que una explicación a un fenómeno que viven mujeres de todo el mundo independientemente de su cultura y de cómo esté vestida es la pérdida de poder de la esfera que históricamente le perteneció a los varones.

“El acoso cumple la función de recordarnos que el espacio público no nos pertenece realmente, funciona para hacernos sentir fuera de lugar, con un trato desigual según el género”.

Como lograr cambios va a llevar tiempo sostiene que es necesario aplicar multas para desnormalizar y también no dejar de perder de vista en el día a día.  

acoso .jpg
Del Facebook de Acción Respeto.

Durante la pandemia aumentan los excesos    

Para lograr cambios culturales tan arraigados lleva tiempo, hace un año en la Argentina se debatió y aprobó una ley que busca multa para desnormalizar situaciones y poner más atención al día a día. La ley 27.501 incorporó el acoso callejero como modalidad de violencia hacia la mujer y lo incluye como delito dentro del Código Penal, y se publicó en el Boletín Oficial el 8 de mayo de 2019.

Del 19 al 25 de abril  en la Semana contra el Acoso Callejero, la organización argentina Acción Respeto consultó por testimonios durante la pandemia. Aquí algunas de las respuestas, algunas de otros países latinoamericanos.    

Flor: “Salgo poco incluso antes de la cuarentena. Sufro de ataques de pánico porque sufrí acoso. La calle es un estrés muy grande porque nunca falta el que te toca bocina el que frena con el auto y te invita a subir y me pasó incluso que me acaricien! No cambia en nada la cuarentena. Creo que es peor porque hay menos gente en la calle”.

Luján: “Salí solo a comprar y dos veces y me dijeron cosas desubicadas aprovechando que ahora tienen la mitad de la cara tapada. Me da miedo ir a un súper que está a unas cuadras porque no hay nadie y no se puede ir acompañada”.

Gladys: “Yo estaba contenta porque hacía un tiempo que no me molestaban más en la calle y dije: uf algo bueno de tener 30. Pero estos días es como si los tipos; la mayoría, no todos, estuviesen más alzados que nunca. Me asusta un poco, el otro día uno me seguía, y si te cruzas con alguno seguro te dice algo. Hasta en la verdulería me siento incómoda al comprar, el tipo se me queda viendo o agarro la bolsita de las compras y él no la suelta, como haciéndose el simpático. Cambié de verdulería. No sé qué pasa, pero me asusta bastante”.

Lucía: “Siento más miedo que antes, las calles están prácticamente vacías. ¿Por qué tenemos que agradecer poder seguir viviendo, o salir tranquilas a la calle sin ser acosadas, o sentir un alivio al llegar a nuestras casas? Que esta pandemia machista termine”.

Agustina: “Las pocas veces que salí, como no hay nadie en la calle, la hacen peor y se te matan de risa. Siento mucho más miedo. En un cajero un tipo me seguía con la mirada y se daba vuelta a ver qué hacía. O van de a dos caminando (cosa que no se puede) y se te ríen. Ni con cuarentena, ni con barbijos ni tapabocas dejan de mirar y comentar cosas”.

Susana: En mi país (Colombia) se está aplicando que las mujeres salen un día y los hombres otro (según la terminación de su cédula). Las veces que salí sentí miedo a los atracos, al coronavirus, al acoso, a todo. Viví una situación de atraco con arma de fuego y desde entonces no volví a ser la misma al salir a la calle, me da miedo todo. Quizá ahora con esto de que las mujeres salen un día y los hombres otro, será más tranquilo.

Andy: Fui a comprar pañales y atrás en la fila estaba un tipo que me miraba mucho. No le di importancia. Después en una carnicería que está a dos cuadras lo veo afuera esperando y no para comprar. Como caminó atrás de mí enfile para la avenida que por suerte había gente. El hombre no me dijo nada, pero me pegué un cagazo. ya no salgo más a comprar, por suerte no estoy sola.

Deny: Salís a comprar, súper cubierta por el frío y el cubrebocas, aún así te acosan con comentarios y opiniones que nunca pediste. ¿no era que la culpa la tenía yo por andar mostrando la piel? ¿no era el shortcito y la remera corta? Obvio que es sarcasmo. No solo andás con miedo por el covid, siempre estamos desprotegidas. El virus más grande es el patriarcado.

Más de bicicleta+ Ver todas
Te puede interesar