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Preocupa nuevo brote de Covid-19 en China

Un rebrote de Covid-19 en Pekín, la capital de China, puso en alerta a las autoridades sanitarias del gigante asiático, que temen estar ante la presencia de una cepa aún más contagiosa que la que afectó los habitantes de la ciudad de Wuhan en diciembre del año pasado. Si bien, por ahora, el número de infectados está muy lejos de poner en riesgo la capacidad de atención en los hospitales chinos, las alarmas se encendieron en todo el mundo.

¿Se producirá en China una segunda ola de contagios? Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) siguen con mucha preocupación la evolución del rebrote en la capital asiática, que es una de las más pobladas del mundo, con más de 21.710.000 habitantes. Motivos no faltan para estar preocupados y seguir con atención lo que pueda suceder con el nuevo brote: se sabe que densidad poblacional es un factor relevante que influye en la velocidad de propagación del virus. No es casualidad que, en todo el mundo, los pueblos con pocos habitantes figuren entre los que más rápido flexibilizaron las restricciones. Tampoco es casual que en nuestra provincia sea el Gran Resistencia, donde se concentra la mayor cantidad de habitantes del Chaco, el conglomerado más afectado por la pandemia, aunque habría otros factores que facilitaron los contagios y que, seguramente, serán motivo de un análisis más detallado una vez que concluya la emergencia.

Las noticias que llegan desde China indican que en el nuevo brote en Pekín se registraron más de cien nuevos contagios, y por eso las autoridades de la capital reconocieron que la situación es “extremadamente grave” en esa ciudad donde desde hacía dos meses no había casos positivos. El nuevo brote surgió en el mercado de comidas de Xinfadi, al sur de la capital, pero lo que preocupa es que también se registraron casos en otros mercados, que fueron inmediatamente cerrados para evitar que la situación se descontrole. Otra de las medidas que se tomaron fue ordenar una estricta cuarentena en más de 30 zonas residenciales, donde se prohibió a las personas la salida de sus hogares, excepto para situaciones de extrema necesidad. Lo que llamó la atención de los observadores de otros países es que no hubo pánico en Pekín y que, si bien las restricciones generan inconvenientes en la vida cotidiana, la población no dudó en cumplir con el confinamiento. Pero hay un dato por tener en cuenta: China tiene una sofisticada red de vigilancia en sus ciudades con cámaras de video que controlan los movimientos de las personas. Se estima que hay 170 millones de cámaras de circuito cerrado desplegadas por todo el país. En reiteradas oportunidades organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch denunciaron que esa vigilancia es una violación de la privacidad de los ciudadanos.

En muchos otros países del mundo, la situación excepcional causada por la pandemia de coronavirus puso en tensión la relación entre los derechos individuales y un bien superior como es el cuidado de la salud pública. Debe tenerse en cuenta, por otra parte, que esta crisis sanitaria no registra antecedentes cercanos en la historia de la humanidad, de manera que mientras se busca una manera de prevenir nuevos contagios, a través de una vacuna o un fármaco, el método más efectivo para frenar la curva de contagios y evitar la saturación del sistema de salud no es otro que el aislamiento de las personas, es decir, la cuarentena. Esa solución no es la mejor (no se debe olvidar que el ser humano es básicamente un ser gregario), es cierto. Pero es la herramienta más efectiva.

El debate sobre derechos personalísimos adquiere relevancia en estos tiempos excepcionales. Pero en estos días la discusión teórica y la realidad van por andariveles separados: las muertes que provoca el Covid-19 en el Chaco y en el país no dan lugar a especulaciones. Y hasta que no se descubra una vacuna el aislamiento social es lo más efectivo para evitar males mayores. No se trata de negar ni desconocer la angustia de quienes comprueban en carne propia como día a día se deteriora su economía, sino de encontrar un justo medio que permita encontrar una respuesta adecuada para una situación tan compleja. La ciudadanía chaqueña, especialmente la que reside en el Gran Resistencia, debe ser consciente de la excepcional situación sanitaria por la que se atraviesa y comprender que cada uno debe aportar para lograr que den resultados todos aquellos mecanismos que se establecen para impedir la propagación del virus.

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