Resistencia necesita consensos y estabilidad para superar la crisis
La hostilidad latente que se percibe en el municipio capitalino por las diferencias entre el Ejecutivo municipal, en manos de Gustavo Martínez, y el sindicato que responde al veterano dirigente Jacinto Sampayo, repercute en forma negativa en los servicios que debe brindar la comuna y suman turbulencias contra la estabilidad que se necesita para sortear la crisis. Urge buscar consensos y actuar con responsabilidad política en un momento crucial en el que la capital provincial siente el peso de ser una de las jurisdicciones con mayor impacto de la pandemia de coronavirus.
La separación del cargo del director general de Tránsito y secretario adjunto del Sindicato de Trabajadores Municipales, Darío Sardi, es apenas una muestra más de la áspera relación entre la intendencia y el caudillo de la organización sindical, que tiene como telón de fondo un municipio con enormes dificultades. El sindicato calificó el desplazamiento del funcionario como “una decisión absolutamente arbitraria” y sumó duras críticas al jefe comunal que confirmaron el aire enrarecido que se respira en un municipio que enfrenta un desafío sin precedentes: administrar con prudencia y en forma eficiente el territorio con mayor impacto de la pandemia con su elevado costo de contagios y vidas perdidas, sin perder de vista la evolución de la emergencia en asentamientos y barrios populares cuya fragilidad, generada por desigualdades de larga data, los convierten en más blancos más vulnerables del virus.
Mientras tanto, la ciudadanía sigue expectante —y con fastidio— una novela que también tuvo otros condimentos para nada fáciles de digerir como el fuerte incremento de impuestos que, hay que decirlo, para muchos sectores de la población que han dado reiteradas muestras de tener conciencia de lo importante que es cumplir con las obligaciones tributarias, resulta imposible de pagar; o las diferencias, al parecer irreconciliables, en seno del Legislativo municipal que cuestan entender en la emergencia sin precedentes que vive la capital chaqueña. También resultan incomprensibles para el ciudadano de a pie las contradicciones frecuentes con el gobierno provincial que agregan otro frente de complicaciones al ya mencionado complejo escenario de tensiones crecientes entre la intendencia municipal y el sindicato, que ya venía sumando fuertes diferencias, algunas de las cuales llevaron la situación al borde de la violencia como el incidente que se registró en los últimos días de abril en la Dirección de Tránsito, un enfrentamiento que el gobierno provincial consideró demasiado riesgoso para estas difíciles horas en las que se presenta una combinación de factores y circunstancias que necesita exactamente lo contrario, es decir actitudes que administren los conflictos con una adecuada dosificación de diálogo y consensos, para que el mayor municipio de la provincia sea viable.
Es necesario hacer un nuevo y urgente llamado a la responsabilidad política de los protagonistas de estos conflictos para evitar viejas prácticas que solo conducirán a males mayores. Son los momentos difíciles los que, justamente, ponen a prueba la capacidad de los dirigentes para sobreponerse a encrucijadas como las que hoy plantean el coronavirus, el dengue, la paralización de la economía y otros males que amenazan, con mayor o menor capacidad de daño, a todos los sectores de la sociedad.
La ciudad de Resistencia, una urbe en constante crecimiento que arrastra el peso de problemas no resueltos de infraestructura, necesita sin demoras una administración eficiente con servicios que estén a la altura de las circunstancias excepcionales que se vive por la pandemia. La amenaza de cese de actividades en plena emergencia sanitaria que paralizarían la recolección de residuos, como ha ocurrido en el marco del conflicto entre el Ejecutivo municipal y el sindicato que agrupa a trabajadores municipales, solo agrega desconfianza en una ciudadanía que intenta sobrevivir como puede en un contexto de ahogo fiscal con tributos caros.
El municipio de la ciudad de Resistencia necesita consensos y estabilidad para superar la crisis. La prudencia de los dirigentes es un factor clave para la gobernabilidad de un conglomerado urbano que presenta graves problemas que solo podrán ser resueltos con una enorme capacidad de gestión. Una buena dosis de madurez política también será de gran ayuda en estas horas en las que se necesita que el ejercicio de la política se aleje de la sospecha y la condena pública.










