Empleo joven sufre el impacto de la pandemia
Un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirma que la pandemia del nuevo coronavirus tuvo un efecto devastador y desproporcionado entre los trabajadores jóvenes.
Una encuesta a escala mundial realizada por el Observatorio del organismo
reveló que uno de cada cinco jóvenes no tiene empleo como consecuencia de la
crisis sanitaria global. Por eso se reclaman medidas urgentes para estimular el empleo.
El documento publicado esta semana por la OIT advierte que los jóvenes conforman una
de las franjas de la población que más padecen las consecuencias sociales y económicas de
la pandemia de Covid-19 y, además, corren el riesgo de tener que seguir haciendo frente a
los efectos de la misma a lo largo de toda su vida laboral, y de pasar a constituir lo que se
denominó una “generación de confinamiento”. Según el organismo internacional, uno de
cada cinco jóvenes dejó de trabajar desde que la Organización Mundial de la Salud declaró
la pandemia, mientras que quienes continúan empleados sufrieron la reducción de las
horas laborales en al menos un 23 por ciento.
Estos y otros datos no menos preocupantes fueron volcados en el estudio “Covid-19 y el
mundo del trabajo”, elaborado por expertos del Observatorio de la OIT. A lo largo de sus
26 páginas, el informe analiza el nuevo escenario laboral que se presenta en la mayoría de
los países en el marco de la emergencia sanitaria. Allí se observa que los jóvenes recibieron
el impacto de la crisis de manera “desproporcionada”, y se advierte que desde febrero
pasado el incremento rápido y sustancial del desempleo en este sector de la población fue
más profundo en las mujeres que en los hombres. Según los autores del informe, la pandemia
tiene un triple impacto sobre los jóvenes: destruye los empleos, afecta su educación
y formación y ubica grandes obstáculos en el camino de quienes procuran ingresar en el
mundo del trabajo o cambiar de empleo. En otras palabras, si el acceso al primer empleo
ya era una meta difícil de alcanzar por los jóvenes antes de la crisis sanitaria, la irrupción
del coronavirus no hizo más que agravar el problema.
En ese sentido, la OIT recuerda que en 2019 la tasa de desempleo juvenil de 13,6 por ciento
era ya más alta que la de cualquier otro grupo en actividad y había unos 267 millones de
jóvenes, es decir uno de cada cinco a nivel mundial, que no trabajaban o no seguían una
educación o formación profesional. Por otra parte, antes de la pandemia, el segmento de
trabajadores de entre 15 y 24 años que estaba ocupado tenía mayores probabilidades de
tener asignadas tareas que los hacía más vulnerables o de trabajar en ocupaciones informales
mal remuneradas o como migrantes.
En lo que respecta a la interrupción de actividades de enseñanza, formación y capacitación
profesional, la OIT señala que la crisis por el coronavirus ha provocado el cierre de
centros de enseñanza, universidades e instituciones de educación y formación técnica
y profesional, así como la interrupción de las actividades de capacitación profesional,
en particular aprendizajes y pasantías. Recuerda, por otra parte, que antes del comienzo
de la pandemia, casi 496 millones de jóvenes participaban en programas de segundo ciclo
de educación secundaria, educación postsecundaria no superior y enseñanza superior.
Todo eso se vio alterado con la circulación del virus en la mayoría de los países.
Frente a este preocupante panorama, la OIT advierte que si los gobiernos no adoptan
medidas, en forma urgente, para mejorar la situación de los trabajadores jóvenes, el legado
del virus podría acompañar a las sociedades durante décadas. El titular de la OIT, el
británico Guy Ryder, fue más claro aún cuando señaló que “si el talento y la energía de los
jóvenes son marginados por ausencia de oportunidades o competencias, ello ocasionará
un perjuicio al futuro colectivo y provocará que sea mucho más difícil reconstruir una
mejor economía pospandemia”.
En las conclusiones del informe de la OIT se subraya que son necesarias políticas públicas
“urgentes, concretas y a gran escala” para respaldar a los jóvenes; y se plantea, con
mucha razón, que hay cuatro pilares que no deben faltar para revertir la situación: estimular
la economía y el empleo; apoyar a las empresas, los trabajos y los ingresos; proteger a
los trabajadores en el lugar de trabajo y hallar soluciones con el diálogo social.










