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En Barranqueras y Resistencia

Solidaridad y empatía consolidan vínculos en comedores escolares

Dos directoras del Área Metropolitana cuentan a NORTE cómo desde la escuela se continúa dando un plato de comida aunque las aulas estén vacías.

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En cuarentena se entregaron menos porciones que durante las clases. Los gestos de cocineras y de la comunidad en general.

En diez semanas de cuarentena enfrentaron más de una adversidad y también fortalecieron relaciones con la comunidad.  
“Cuando se cerró la escuela los porteros titulares tomaron licencia porque están incluidos en los grupos de riesgo y corresponde pero tenía que resolver el tema de la cocina”, narra Mirian Claudia Cóceres. La docente dirige la escuela 698 de Villa Ercilia en Resistencia desde 2018 aunque integra el equipo de conducción hace ocho años.

Para asegurar el servicio propuso al personal que se encarga de otras tareas -la mayoría mujeres, más un varón y el más joven de los porteros- a hacerle frente al desafío de preparar un centenar de refrigerios y almuerzos de lunes a viernes. “Les dije que usemos lo que sabemos de cocinar en casa pero para más personas”, agrega. Pese a que al comienzo no estaba claro cuántos comensales pasarían a retirar la vianda, todos dijeron que sí. 

Un censo permitió ordenar qué adultos (sin niños) irían a retirar hasta que finalmente la población que se mantuvo no superó la centena. “En algunos casos llevan para dos o tres hermanitos y también se incluye a algunos que van al jardín, que está al lado”, explica Mirian.  

Durante unos días de abril utilizaron la modalidad de entrega de bolsines de productos no perecederos, pero luego volvieron a la comida elaborada en el día.

Cada almuerzo consiste en una porción, más pan y una fruta; mientras que el refrigerio está compuesto por matecocido, leche, azúcar y un pan, y una vez a la semana se entrega un pote chico de dulce de leche. 


Desde Barranqueras Lilia Gutter señala que el primer inconveniente en el inicio del aislamiento social fue no poder dar con familiares de una parte de los alumnos. Hoy un poco más satisfecha agradece que la incomunicación se redujera de 34 a solo tres chicos.

La directora de la primaria 785 también advierte una merma en la cantidad de personas que acuden a retirar su almuerzo e interpreta que tal vez se trate de las familias que realmente no pudieron resolver ese aspecto en la casa. “Además miércoles y viernes se cocina la mitad porque el municipio también organiza un comedor comunitario”, complementa.

Al comedor de Las Malvinas también va un centenar de personas a retirar a diario un almuerzo y un refrigerio. Lilia agradece a sus cocineras que repartidas en dos grupos de tres, sin ser de planta porque perciben una beca, dieron un apoyo incondicional.  

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