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EL INTROVERTIDO DEFENSOR QUE JUGABA CON GALERA Y BASTÓN

“Muñeca” Pared, figura de Unión

Antes de cumplir 24 años un desprendimiento de retina lo alejó definitivamente del fútbol. 

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Omar Argentino Pared, un central exquisito que está en la galería de los grandes jugadores chaqueños.

‘De galera y bastón‘ titulaban los periodistas de antaño cuando se referían a los jugadores exquisitos. Omar Argentino Pared caminó esa grilla, visible en 1984 con Unión de Pinedo aunque en sus pagos ya era ídolo desde mucho antes.

Su figura menuda contrastaba con la de los rústicos centrales; fino, elegante y expeditivo en su área pulseaba contra tantos que lo superaban en peso y altura. Su apariencia frágil encerraba a un tiempista nato que nunca había entrenado su condición para el salto.

Jugador introvertido quien a través del lenguaje no verbal con pelota mediante encontró la mejor forma de comunicarse. De la estirpe de defensores hoy ausentes que por su juego se asemejaba a Luis Galván (campeón del mundo 78).

Santiagueño; nació en 1963 en Pampa de los Guanacos, a los 13 años su vida dio un giro cuando quedó huérfano de madre y como mayor de los tres hermanos tuvo que madurar a la fuerza. Su padre, ferroviario, por su actividad pasaba más horas sobre los trenes que en su mismo hogar. Cuando el ferrocarril lo trasladó a General Pinedo eligió quedarse a vivir con unos vecinos en su pueblo. Dos semanas aguantaría hasta que armara su bolso y viajara detrás de ellos.

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Omar Pared (Unión de Gral. Pinedo) intenta quitarle el balón al “Búfalo” Funes (Gimnasia y Esgrima de Mendoza).

-¿Es verdad que apenas llegaste a Pinedo fuiste derecho a buscar un club?

-Apenas llegué pasó a buscarme para ver a Unión ‘El Coya‘, un chico de Pampa de los Guanacos que hacía un tiempo vivía en Pinedo. El viejito de la entrada no me dejaba pasar si no pagaba pero ‘El Coya‘ lo convenció diciéndole que no me cobrara, que yo estaba por firmar para el club y tal vez iba a ser un gran jugador. Esa misma semana comencé en reserva con un carné de otro hasta que tuve el mío; los changos apenas me vieron en la cancha ya me pusieron ‘Muñeca de trapo‘, porque era muy flaquito. Esa cancha no tenía ni tribunas, solo paraísos como sombra, jamás hubiera pensado que con ellos jugaría un campeonato tan importante. Con 17 años Roberto Cassiet (DT) me hizo debutar como titular en primera en un Selectivo donde le ganamos a Cooperativa de Charata y lo marqué a Alfredo Ibáñez, uno de los mejores cabeceadores que había en la zona. Desde aquel partido jamás dejé de ser titular mientras fui jugador. Ya Unión pensaba en otra cosa y trajo a jugadores de For Ever, Balmaceda era uno de ellos, después en 1980 también llegaron más refuerzos.

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-Y una tarde te encontraste jugando a estadio lleno con la camiseta de tu querido Unión en un debut donde te tocó bailar con la más fea.

-Fue contra Gimnasia de Mendoza en cancha de For Ever donde hacíamos de locales. Me tocó marcar a Juan Gilberto Funes, una bestia difícil de parar; mis compañeros se le colgaban y aún así los arrastraba. Salimos 3 a 3 y de visitantes también empatamos. A Funes ya en la revancha le tomé el tiempo y la única vez que me superó fue porque llegué tarde a un cruce y así pudo hacer el gol. Habíamos hecho un gran torneo y no clasificamos por diferencia de un gol a favor de San Lorenzo que había sacado los mismos puntos que nosotros que no habíamos perdido nunca.

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Omar Pared junto a Hildo Coria Gutiérrez, otra gloria de Unión.

Cuando jugamos en Resistencia contra San Lorenzo hacía mucho calor y de pronto se largó la lluvia cambiando el tiempo a un frío terrible que lo terminó beneficiando a ellos, tuvimos mala suerte ya que ‘Tatú‘ Gómez (Osvaldo) resbaló en el barro cuando fue a marcar al delantero y yo no llego a tiempo para taparlo. Pateó con barro y todo aunque el arquero nuestro venía saliendo detrás mío y se comió el gol. Contra Temperley también jugamos buenos partidos. Cuando jugamos en Buenos Aires nos acompañó muchísima gente, eran todos los chaqueños que trabajaban allá.

-El fútbol de ustedes podía compararse al de cualquier club de la alta competencia del momento a pesar de que algunos debían trabajar en otra cosa para poder vivir.

-Yo jugaba pero a la vez me levantaba a las 3 de la mañana para trabajar en la panadería, iba a entrenar por la nochecita. Solo cuando clasificamos para el Nacional dejé de hacerlo. Eran tiempos donde dormía a la siesta sin aire acondicionado ni nada. Cuando quedamos quince días en Buenos Aires me di cuenta de que esa vida no era para mí, yo solo quería jugar al fútbol, estar concentrado en un hotel para después jugar no iba conmigo. Por eso no quise ser profesional. Cuando terminó el torneo Nacional creo que fui el único que devolvió al club todo el equipo que nos habían dado, no me dejé nada. El ‘Gaita‘ García (presidente) cuando me estaba pagando me avisó que Temperley me había pedido y tenía que viajar a Buenos Aires para integrarme a los profesionales. Fue un orgullo pero rechacé la oferta, elegí quedarme en Pinedo. Me pidió que lo piense, decía que no muchos tenían esa oportunidad. Le dije que me quedaba para tratar de clasificar al próximo Nacional aunque esta vez For Ever nos eliminó.

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“Muñeca” Pared siempre en lo alto buscando encontrarse con la pelota.

Entonces For Ever también me pidió y otra vez dije que no, pero Argüello y Zacarías me insistieron tanto que terminé yendo con ellos. Debuté contra Estudiantes (3-1) metiendo el tercer gol de cabeza después de un rebote del travesaño por una pelota que ‘Pepo‘ Fernández había rematado. En Resistencia paraba en un hotel chico y era el único que no iba al comedor que el club pagaba a los jugadores de primera porque me quedaba en el departamento para cocinarles a los chicos que estaban a prueba y el club no les daba la comida. La ausencia de mi madre hizo que desde muy chico aprendiera a cocinar. En 1985 salimos campeones de la Liga Chaqueña, y gracias a ese título en la Liga For Ever ganó el derecho para jugar el primer Nacional ‘B‘. -Y de pronto cuando aún tenías mucho para dar abandonaste definitivamente lo que más te gustaba.

- ¿Cómo superaste aquello, teniendo en cuenta que otra vez el destino te cambiaba el rumbo?

-Fue desgraciado lo que me pasó, perdí la visión total del lado derecho y hoy espero que pase todo esto para operarme del otro ojo. Mucho se habló de esto, la verdad es que los problemas en la vista venían desde antes de jugar aquel Nacional, recuerdo de un partido en la Liga que recibí un pelotazo en la cabeza con esas pelotas que no son como las de ahora y quedé atontado por más de 10 minutos. Salí un rato y cuando me recuperé seguí jugando el partido. Me tendrían que haber dejado en observación un día, por lo menos. No fui a hacerme ver jamás, jugaba sin medir las consecuencias.

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Ricardo Zacarías, “Coya” Vallejos y Omar Pared.

En realidad como saltaba mucho siempre había recibido golpes, a veces contra otras cabezas o codos y hasta piñas que los delanteros te metían. Jugando para For Ever también tuve un golpe muy fuerte en la cabeza en un choque contra Julio Gutiérrez (Sarmiento). Esa vez yo mismo tendría que haber pedido el cambio, terminé el partido con la cabeza cosida. No me daba cuenta de lo que me estaba pasando hasta que comencé a sentir fuertes puntadas y en mi regreso a Pinedo (1986) el oculista me dijo que iba a perder la visión, y así fue, tuve que dejar el fútbol para siempre, ya ni en las canchitas pude jugar. Volví a la panadería como repartidor hasta que por suerte ingresé como portero en la Escuela 387 (nocturna) donde ya llevo 33 años.

-¿Qué es de Muñeca hoy, a 36 años de aquella epopeya?

-Tengo a mi mujer Norma que es maestra jardinera en Gancedo y me dio tres hijos, una mujer, Marcela, profesora de Educación Física, Mauro (29 años) y al que llegó de rebote (10 años) cuando mi señora ya tenía 40. Por suerte ellos ya no vivieron lo mismo que yo que salí de un pueblito donde nos criamos muy sufridos y a los ponchazos con muchas necesidades. Cuando perdí a mi madre no entendía nada, la quise mucho, y de repente ya no la tuve más conmigo. Buscaba el escape jugando a la pelota, creo que el ser callado viene de ahí, de tanta tristeza, que solo puede entenderlo el que la vivió. Recuerdo cuando en Pampa hacía los mandados para un comedor y siempre que llegaba me encontraba en la pared con un poster grande, por encima del mostrador, donde estaban Scotta (Néstor) y Telch (Roberto) de San Lorenzo. Jamás hubiera imaginado que un día iba a enfrentar a esas camisetas.

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El arquero Dávalos y Omar Pared (Unión de Pinedo) saltan juntos mientras observan los de Boca Unidos de Corrientes.

-¿Nunca te arrepentiste por no haber aceptado aquella propuesta para jugar fútbol profesionalmente, algo que tantos jugadores anhelan?

-Para nada, jugaba al fútbol solo porque me gustaba, yo esperaba ansioso el sábado o el domingo para jugar en el club o con los otros changos. Tuve la suerte de llegar a jugar en primera y que todos me quieran. Tampoco pensé, allá en Pampa de los Guanacos, que un día eliminaría en una final a un club (Boca Unidos de Corrientes) donde tendría que marcar y anularlo a un ídolo del mundial 78 como Leopoldo Luque.

-Aquella eliminación a Boca Unidos de Corrientes fue apoteósica y en Pinedo no la olvidarán jamás.

-Era impresionante la cantidad de chaqueños que fueron a ese partido. Los correntinos no lo podían creer, hasta cayó una tribuna y las hinchadas se pelearon dentro de la cancha. La hinchada de Villa Alvear y For Ever se habían unido para alentarnos. Esa noche quedamos en Resistencia aunque no dormimos y por la mañana siguiente volvimos a Pinedo donde llegamos de noche ya que todos los pueblos del interior salían a la ruta para homenajearnos. No creo que las nuevas generaciones repitan aquello, lo nuestro fue increíble, lo llevamos a Pinedo a ser conocido en toda la Argentina, además les jugábamos de igual a igual a todos los que enfrentamos y estuvimos a un gol de clasificar para la siguiente fase.

El encuentro con ‘Muñeca‘ terminó siendo virtual, sus amigos me habían contado que si iba una tarde podía encontrarlo corriendo solo al costado de la ruta. Que cuando lo vea me iba a dar cuenta de que estaba igual que antes, introvertido como siempre.

Me recordaron que los pinedenses no iban a conocer otro central tan exquisito como él, que no necesitaba patear a nadie para hacerse de la pelota. La cuarentena hizo que solo pudiera imaginarlo trotando silenciosamente, mientras, tal vez, regresaba con su mente a aquellas tardes gloriosas en que se vestía de crack.

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