Tiene Covid-19, es del Gran Toba y cuenta cómo vive el aislamiento
Sin poder trabajar, una mujer y su familia viven gracias a unos ahorros. Su casa está en el barrio Chilliyí, en un área con muchos casos.
Desde su casa, donde cumple una rigurosa cuarentena, Leticia Cáceres narra su presente. “No sé cómo me contagié, debe ser por la neumonía”, piensa en voz alta durante el intercambio de preguntas por audios de wasap. Desde de que su muestra dio positivo se cuida en las comidas, bebe más agua y guarda un metro de distancia con el marido, que hasta ahora dio negativo para Covid-19 y aún puede hacer las compras familiares en la hora que puede usar por día.

La pareja tiene cuatro chicos, una con discapacidad que “gracias a Dios está bien, en una habitación en la parte de delante”, describe. La casa es grande y permite que cada quien esté en su pieza cumpliendo con la higiene y la distancia.
Hace diez días cuando fue al centro de salud porque tenía fiebre, le hicieron un hisopado y le recomendaron reposo estricto. Después la visitó personal médico para control de presión, temperatura, azúcar y auscultar pulmones.

De todo el proceso cuestiona que en ningún momento el Ministerio de Salud le comunicara que era positiva. Se fue enterando con el tiempo. También le dijeron que tuvo una neumonía y no comprende por qué no le dan medicación, solo paracetamol y esperar a cumplir las dos semanas.
En el vecindario hace falta ampliar los servicios del centro de salud. “Tenemos una médica clínica pero que solo atiende a la mañana, haría falta para la tarde”, agrega.
Aunque no lo mencione, a Leticia la consideran una referente en el barrio. Hace tiempo que con malabares busca dar de comer a los niños que viven cerca, en un contexto de vulnerabilidad social extrema.
Se incumple por necesidad
Los ingresos familiares se componen por una pensión especial por discapacidad -de una niña-, un plan social que percibe Leticia y el salario del marido, que pintaba escuelas hasta que la pandemia paralizó todo. Ahora la economía se limita a administrar lo que habían ahorrado.
Como aún no tomó contacto con el exterior dice que todavía no sintió muestras de discriminación “pero sé que otros hermanos sí”, dice. Y consciente de la polémica porque hay gente en las calles explica que muchos incumplen la cuarentena “porque necesitan comer y se la rebuscan para hacerlo”.
“Mi respiración está mucho mejor, y el gusto y el olfato están volviendo”
Sobre el cuerpo, la salud y los factores de riesgo, Leticia transparenta su situación como si estuviera en una consulta médica.

“Me cuido en las comidas por la diabetes, que todavía no me estoy controlando porque recién me la detectaron. Como liviano y bajé de peso porque también tengo problemas de obesidad”, describe.
“Mi respiración ahora está mucho mejor, siento que mis pulmones tienen oxígeno. Ayer la saturación llegó a 95%, cuando lo normal es 98%. Está bastante bien porque sigo en recuperación”, aclara.
“Ahora siento el gusto de la comida y el olfato está volviendo también; los había perdido”, continúa. Al principio no podía respirar, había diarrea; todos los síntomas que suelen enumerar otras personas recuperadas en las noticias.
En los últimos chequeos le dijeron que la ven mucho mejor, recomendaron que siga con la dieta y beba mucha agua, y cumplir la cuarentena y sin salir de la casa por ningún motivo.
Desde que le dijeron que falta esperar 15 días para ver cómo reacciona el cuerpo admite que es una lucha: “No se sabe qué va a pasar al otro día; sigo confiando y rezando a Dios porque los médicos dicen que no hay remedio”.
Con un hermano en la misma situación ya se empieza a notar una mejoría, lo celebra con moderación: “Dentro de todo estamos bien porque nos mantenemos dentro de una casa, controlados”.
Por las redes sociales se enteró de la existencia de un cerco para impedir salidas e ingresos del barrio. “Está totalmente cerrado, hay una sola entrada; es una locura lo que está pasando y da impotencia no poder hacer nada por mi comunidad”.
En su vivienda funciona un merendero que por obvias razones interrumpió la actividad y por eso también la aflige que en ese sector del barrio nadie más se haga cargo de dar de comer.











