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La osadía de Aerochaco

Esta situación de cuarentena y encierro ha hecho que muchos, sobre todo los que están entre los llamados grupos de riesgo, revisen lugares que les recuerden lo vivido, los afectos, los logros, los momentos gratos y también de los otros.

Se han desempolvado viejos álbumes, abultados cartapacios, cajas de zapatos y baúles arrinconados en altillos, que han hecho rememorar tiempos idos.

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El recorte de una vieja página de diario cumple esta semana 42 años y dice, sucintamente, que “el 14 de mayo de 1978 llegaron al aeropuerto internacional de Resistencia dos aviones Fairchild FH 227 B, para 44 pasajeros, adquiridos por la empresa Aerochaco para incrementar y mejorar sus servicios. Ambas máquinas fueron compradas en Brasil a la Fuerza Aérea de ese país. Una se llamará ‘Centenario’, en homenaje al centenario de la llegada de los primeros colonizadores, y la otra ‘Impenetrable’, como la región cuya colonización se intenta en estos días”.

Solo el nombre “Aerochaco” hace recordar una osadía de una provincia nueva, que había creado una empresa de aviación comercial en 1957, apenas a seis años de haberse sancionado su provincialización. Hacer eso en ese tiempo, cuando en estos días se acaba de decidir la unificación de Aerolíneas y Austral a nivel nacional, era casi una irresponsabilidad y mostraba la audacia de aquellos chaqueños que habían estado en contacto y todavía tenían entre ellos a muchos de los llamados pioneros, que desafiaron a todos, cuando aquí había poco y nada, y que copiaron lo que hicieron los primeros inmigrantes y la fortaleza de los pueblos originarios que no se dejaron exterminar como los del sur.

Sí, en 1956, a cinco años de ser declarada provincia, apenas a tres años de tener un gobernador, que fue derrocado por un golpe militar, una institución señera, ajena a los vaivenes políticos y con aire desde 1924, el Aeroclub Chaco —el tercero del país— hacía la propuesta de crear una línea regular de aviación comercial. Eran tiempos en que las aerolíneas eran un lujo en todo el mundo, tenían escaso desarrollo y todavía los viajes interoceánicos se hacían mayormente en barco.

ESPÍRITU EMPRENDEDOR

Esa propuesta, respaldada por el Estado, fue un símbolo del espíritu épico, emprendedor y aventurero que se vivía en ese tiempo, donde estaba todo por hacerse, pero que para el trabajo de sus hijos nada parecía imposible y se creaban pueblos, cooperativas, entidades de todo tipo en lugares donde hacía pocos años reinaba un desierto verde.

No parecería muy oportuno, en tiempos en que las aerolíneas del mundo están en crisis —nada digamos la del continente y el país—, hablar de ellas en una provincia que ha perdido ese espíritu pionero de creatividad, que hoy está entre las más atrasadas de un país en decadencia, que tiene un Estado gigante del que viven muchos más de los necesarios, con una burocracia súper desarrollada y que es rica en planes y programas, pero muy pobre en realizaciones. Pero creemos que es necesario para repensar, en estos tiempos de encierro, por qué estamos como estamos. Algo que sobre todo deberían hacerlo los gobernantes, sobre todo si son reincidentes en ejercer sus funciones.

CRECIMIENTO SOSTENIDO

Sí, en 1957 Aerochaco comenzó sus operaciones con una aeronave DHC 2 “Beaver”, bautizada con el nombre de Toba. La segunda que se adquirió, igual a la anterior, fue bautizada con el nombre de Mataco. Ambas tenían una capacidad de seis pasajeros y fueron traídas desde Canadá.

Doce años después, en 1969, la empresa se modernizó incorporando tres aeronaves bimotores de origen canadiense Twin Otter. Según la tradición ya impuesta fueron bautizadas como Mocoví, Abipón y Vilela, con capacidad para albergar a 18 pasajeros.

Pasaron nueve años hasta que se compraron los dos Fairchild para 44 pasajeros que indicáramos arriba, como señal de que la empresa funcionaba de acuerdo con su lema, que era “Alas para la Cuenca del Plata”, en años en que no se soñaba con el Mercosur.

El mercado se había extendido y Aerochaco fue el intento pionero de unir transversal el país y un adelantado en décadas a las low cost de hoy. Desde el Aeropuerto de Resistencia salían vuelos para medio país: Jujuy, Salta, Catamarca, San Juan, Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Formosa, Misiones, Cataratas como antes habían sido a Sáenz Peña, Charata, Castelli. Se llegaron a hacer vuelos a Asunción y chárter a Brasil. Era un orgullo impensado y un atrevimiento que no tuvieron otras provincias.

BUROCRATIZACIÓN Y DESPILFARRO

Pero… siempre hay un pero. La burocratización de la política, el creer que el Estado es un barril sin fondo, también llegó a lo que fundamentalmente era una empresa estatal. Por falta de una administración austera y por muchos otros vicios, llegó a tal punto el peso que significó para el erario público, que se privatizó y se vendió. Cayó en manos extranjeras que no supieron y no quisieron sacarla a flote. Al fin de cuentas no era una creación suya. La falta de visión y de apoyo de las provincias vecinas y la pobreza creciente de una provincia, con hijos yendo a vivir a las periferias de las grandes ciudades, hizo que Aerochaco quedara en el plano de las utopías.

Hubo un burdo intento en el 2008 de su rescate con la utilización de su nombre “Aerochaco” alquilado a la empresa Macair Jet del Grupo Macri, pero que fracasó ni bien interfirió los intereses de la aerolínea nacional.

El recuerdo de todo esto, originado en tiempos de cuarentena, hace pensar en el terreno perdido, en el espíritu desaparecido que dice que hoy sería imposible un intento de este tipo que otros llevaron con éxito adelante.

Como sería imposible el intento de terminar con la pobreza, declarar a la provincia en forma efectiva libre de analfabetismo, reactivar el puerto de Barranqueras, convertir a Resistencia en un centro nodal de transporte entre los países del Mercosur, recuperar el tren urbano, terminar el segundo acueducto, concretar el segundo puente con Corrientes y tantas otras, que uno, seguro, encontraría en ese baúl que está en algún rincón de sus casas.

Versos de Aledo


Eran de buena madera
los sembradores de ayer.
Poblaron lo despoblado
junto al quebracho y el riel;
y abrieron los surcos nuevos
a punta de reja y fe.


ALEDO LUIS MELONI, “UMBRAL DEL SILENCIO”, 1983.

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