Vivir la pandemia por Covid-19 desde el interior de un hospital público
Un profesional que acompaña la atención de pacientes narró a norte cómo transitó las siete semanas de emergencia sanitaria en el Chaco.
Es enfermero, tiene cinco hijos y un nietito. Dice no sentir temor y se declara creyente. Además de su carrera en el sistema de salud, es emprendedor en el sector privado. En una videollamada Juan Maidana contó a NORTE que tiene la ventaja de vivir a 15 minutos del hospital, a diferencia de una compañera de Margarita Belén que hoy quiere ir a su trabajo y no puede.

En el sector Enlace del hospital Perrando se realizan admisiones de derivaciones y urgencias. “Tomamos signos vitales, acompañamos pedidos de estudios complementarios (análisis, muestras) y se aplican inyectables, entre otras prácticas frecuentes”, describe.
Con apenas 41 años y con su pareja de 38 tuvieron cinco ‘chicos’: la mayor tiene 23 años, seguida de hermanos de 22, 20 y 15, y el más pequeño de siete. “Temor no tengo porque soy cristiano; además estoy sano, aunque estemos permanentemente expuestos”, responde cuando se le pregunta por la percepción de los riesgos. No obstante sostiene que las condiciones laborales empeoraron en el momento en que se declaró la pandemia: entre grupos de riesgo y contacto estrecho en el sector de consultorios externos un equipo de 30 personas se redujo a cuatro. “Entendemos todas las situaciones, pero los que quedamos tuvimos que trabajar varios turnos consecutivos; llegamos a cumplir ocho guardias seguidas”, plantea.
Como él la mayoría creía que se iba a reconocer el tiempo extra pero cuando les confirmaron que bajo el paraguas de la emergencia se iba a trabajar más por el mismo salario. “Así crece la precarización”, se lamenta. En la enumeración agrega los $5000 que anunciaron las autoridades nacionales para el personal de salud y todavía no llegan, o el 11% de mejora se queda muy atrás del 70% de la pérdida de bolsillo en los últimos años, más la limitada entrega de elementos de bioseguridad.

Sin rodeos plantea que se está usando la pandemia para cubrir gastos en contratación de personal y en la compra de infraestructura. “Hace más de veinte años que vivimos una situación de abandono”, denuncia.
Maidana asegura que es un secreto a voces el contrato de 211 profesionales (entre técnicos, médicos, kinesiólogos, y de laboratorio), de ellos el 80% es personal de enfermería por salarios de unos $50.000 (y de hasta $68.000 para médicos).
También cuestiona que se ensamble un hospital modular cuando en el mismo predio hay edificios sin ocupar que podrían reutilizarse.
Antes de la mudanza a mejores condiciones
Hace diez días a través de una transmisión en vivo vía Facebook desde su lugar de trabajo mostró una parte de un módulo en el que había un colchón recostado contra una pared. En el habitáculo junto a una ventana señaló: “Ahí duerme el personal médico, los enfermeros no somos seres humanos”.

El video reúne hoy 68.000 reproducciones y en él había narrado que los mudaron a un contenedor que no reunía las condiciones para atender a pacientes, y que el personal tenía que usar un baño químico. “Es algo que molesta e indigna, cómo se nota que facturan por esto”, se quejó.
Esta semana el personal fue trasladado al edificio conocido como el quiosco, con acceso por avenida Nicolás Rojas Acosta 245.










