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A 90 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL POETA

Juan Gelman: la poética de la acción

Este sábado, el poeta cumpliría 90 años. Aquí un breve repaso por su vida, su militancia política y su obra, aunque siempre fue difícil distinguir unas de otras.

Tanto la vida como la poesía de Juan Gelman están marcadas a fuego por el hacer, atravesadas por el verbo. De familia obrera de inmigrantes, tanto su padre como su madre fueron refugiados ucranianos que huyeron de la Unión Soviética stalinista con pasaportes falsos. Al respecto el poeta diría: “Lo que lo desilusionó fue, sobre todo, la expulsión de Trotsky del Partido Comunista y su destierro en Alma Ata, en la frontera de Manchuria. Aunque él (su padre, N. del R.) no era trotskista en absoluto, admiraba a Trotsky y pensaba que con su salida de escena se terminaban las últimas posibilidades de un debate democrático en la Unión Soviética. Entonces se fueron todos con pasaportes falsos, inaugurando así la tradición de pasaportes falsos en la familia. Mi hermana tenía tres años”.

Sobre esto Gelman agrega : “Llegó (su familia, N.del R.) a la Argentina en 1929, en 1930 nací yo, único argentino de esa familia”. Allí, en el porteño barrio de Villa Crespo transcurrió su infancia y adolescencia. Barrio de clase media, pleno de inmigrantes judíos y adonde el poeta iba a encontrar desde joven su pasión por la política.

Si bien Gelman no tenía conocimientos acerca de la lengua rusa, su hermano Boris le recitaba poemas de Pushkin en ruso, los cuales le incitaron su amor por la poesía. Mientras, él se adentraba a la literatura de la mano de autores clásicos como Dostoiewsky, Tolstoi, Andreiev y Victor Hugo.

Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y a los quince años se unió al Partido Comunista, donde conoció a los jóvenes con los cuales conformaría más adelante el grupo literario “El pan duro”, que nace en el convulsionado año de 1955, y que proponía una poesía vinculada a la acción política. El grupo reconocía la influencia de César Vallejo y la de Raúl González Tuñón, y asimismo, con éste, la del Grupo Boedo, que ya en la década del 20 había inaugurado la literatura social en Argentina.

Un año después, Juan editará su primera obra, Violín y otras cuestiones, que fue publicado en 1956 y prologado por el ya consagrado poeta González Tuñón. En este prólogo, González Tuñón posiciona al joven Gelman incluyéndolo ya dentro de una “tradición” literaria a la cual describe casi como una “no tradición”, ya que su particularidad es justamente la mixtura de estilos, formas, técnicas y orígenes. “En la diversidad está la riqueza de nuestra literatura”, dirá González Tuñón, para concluir “…; la poesía cálida y valiente de algunos poetas que devinieron revolucionarios, los auténticos, aquellos en quienes Calíope no ha ahogado a Erato, etc. (…) Entre éstos últimos nosotros incluiríamos a Juan Gelman, que recién comienza y ya está maduro”.

Violín y otras cuestiones es también el primer libro editado por el grupo “El pan duro”, el cual el autor integró desde su conformación hasta 1963. En Violín…, Gelman recorrerá las calles de una Buenos Aires asolada por los bombardeos y el golpe del 55. Sus versos están poblados por personajes desoladores y ausencias, pero también por la mirada de la niñez y por la esperanza de los que a pesar de todo, aún resisten. Más adelante su búsqueda política lo acercará al peronismo revolucionario.

En 1959 publica El juego en que andamos, tal vez uno de sus libros más conocidos. También pertenecen a esta época Velorio del solo (1961), Gotán (1962) y, mi favorito, Los poemas de Sydney West (1969), donde el poeta lleva el juego con el lenguaje a niveles superlativos.

Gelman perteneció al Partido Comunista hasta 1964, cuando se alejó definitivamente por diferencias políticas tras la ruptura de la URSS con China: “Amigos, amigos dentro del Partido Comunista éramos Andrés Rivera, Portantiero, José Luis Mangieri, el Oso Smoje. No es una casualidad que casi todos nos fuimos juntos. Algo raro: a mí me echan del PC por haberme ido. ¡Caso serio!”

Algunos años más tarde, y bajo la influencia de la Revolución cubana y la muerte del Che, se uniría a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias): “No tenía pensado militar en otro lugar. Formábamos un grupo que se preguntaba qué hacer, para dónde ir. Portantiero, con un sector de la juventud universitaria comunista, crearon Vanguardia Socialista, pero yo no entré. Fueron unos años sin mayor adscripción partidaria. Después, claro, se produjo la muerte del Che Guevara, la derrota en Bolivia, y decidí entrar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, las FAR. Y al poco tiempo se produjo la fusión con otras entidades guerrilleras. Creía en una revolución en el país. Una revolución no sé si posible, pero indudablemente necesaria. Una revolución que por 1973 me parecía al alcance de la mano”.

Por esos años publica Fábulas (1971) y Relaciones (1973). Gelman ya se inscribía en la tradición Latinoméricana de escritores, que como José Martí o Haroldo Conti, pasaban de la pluma a la acción: “Por ese entonces, Paco Urondo y yo teníamos la misma edad: 42, 43 años. Rodolfo Walsh era un poco mayor que nosotros. Veníamos con una experiencia detrás. La organización Montoneros nunca tuvo una ideología unificada. Convivían muchos matices, muchas posiciones. Rodolfo era un tipo de una claridad y una lucidez muy grandes. Y duro, no en el sentido personal, sino en no hacer concesiones con la ideología o la línea. Paco era más flexible. Pero convivíamos todos: literaria e ideológicamente”.

El 26 de agosto de 1976, un grupo de tareas de la dictadura eclesiástico cívico militar secuestró a su hija Nora Eva (19 años), su hijo Marcelo Ariel (20 años), y a su nuera María Claudia Irureta Goyena (19 años). Ésta se encontraba embarazada de siete meses.

En 1978, Gelman y su compañera, Berta Shubaroff, se enteraron a través de la Iglesia que María Claudia había dado a luz en cautiverio. Su hija, Nora Eva, había sido liberada junto a su novio pocos días después de ser secuestrada.

Marcelo fue trasladado junto con Claudia al centro clandestino de detención, Automores Orletti, donde después de ser torturado y vejado, fue asesinado de un tiro en la nuca. Su cuerpo fue encontrado dentro de un barril con cemento a finales de los 80. A Claudia la trasladaron a Uruguay para que tuviera el parto allá. "Los militares uruguayos trasladaron como un envase a mi nuera, embarazada de ocho meses y medio, de Buenos Aires a Montevideo, esperaron el nacimiento de la niña y, dos meses después, se la arrebataron, asesinando a María Claudia ", había relatado Gelman.

En el año 2000, tras incansables luchas encabezadas por el poeta, su compañera, su hija Nora, junto a Abuelas de Plaza de Mayo, se dio a conocer que María Macarena Gelman García Iruretagoyena, la hija de Marcelo y Claudia, y la nieta restituida número 61, había sido encontrada. Macarena había sido dada en adopción a un comisario uruguayo y a su esposa.

Si bien durante estos años Gelman se mantuvo escribiendo, no es si no recién hasta 1980 donde publica Hechos y relaciones y Si dulcemente.

Durante ese período el escritor se encontraba exiliado en Roma, lugar adonde había llegado en 1975 enviado por Montoneros para realizar denuncias en el plano internacional sobre violaciones de derechos humanos, secuestros, torturas y asesinatos por parte de la Triple A, durante el gobierno de “Isabelita”. Solo regresó brevemente de manera clandestina al país y luego volvió al exterior donde recorrió diferentes destinos durante su exilio: Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México, los que recorrió trabajando como traductor de la Unesco.

En 1988 y tras trece años de exilio, vuelve a la Argentina donde hasta hace poco había tenido pedido de captura. Un año antes había publicado “Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida”, donde realizaba una serie de profundas críticas a la dirigencia de la organización armada.

Más allá de haber recibido un indulto, que siempre rechazó, por parte de Carlos Ménem, "Me están canjeando por los secuestradores de mis hijos y de otros miles de muchachos que ahora son mis hijos"; se radicó finalmente en México, donde permaneció hasta su muerte el 14 de enero de 2014.

“Todos los exiliados conocen lo doloroso del exilio. A nadie le gusta que lo echen de su tierra, mucho menos cuando los que te echan son militares. Pero también hay otra forma de exilio: el interior. La cantidad creciente de analfabetos que hay en la Argentina muestra a los exiliados de la educación. Los que no tienen para comprarse un remedio, para ir al médico, son exiliados de la sanidad. Los que cobran una miseria son exiliados de un supuesto desarrollo”.

Durante su prolífica vida literaria publicó más de una treintena de libros y decenas de crónicas periodísticas en Página 12. Recibió, además, numerosos premios, donde se destaca el Premio Cervantes, el máximo galardón de las letras en lengua española, en 2007.

De sus últimas publicaciones podemos destacar Valer la pena (2001), País que fue será (2004) y Mundar (2007). La relación de Gelman con la lengua siempre fue de una gran libertad, su falta de métrica y la inclusión en su poética de infinidad de neologismos, así lo demuestran. Parte de su discurso al recibir el Cervantes rezaba: “Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso””.

Otra de las características de su poesía fue la de estar signada por el verbo, hasta en los mismos títulos de sus obras predominan: “andamos”, “será”, “valer”, y hasta en la verbalización de un sustantivo, como en “Mundar”.

Gelman fue un escritor para el cual poesía y acción no podían permanecer separadas, pertenecían a un mismo universo. Un poeta con un gran compromiso social y militante. Alguien que llevó la poética del hacer a la vida, o el hacer de la vida a la poesía. Quién sabe, quizás un poco de las dos.

Fuente: La Izquierda Diario. 

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