Ni reyes ni esclavos
No se trata de que sean reyes los productores, pero tampoco esclavos de ideologías antojadizas y que en función del poder público otorgado arbitrariamente dispongan de cuánto será el aporte tributario a realizar.
Sofía es una empleada administrativa de Sáenz Peña que por padecer una afección respiratoria hace trabajo remoto por aislamiento desde su casa. Sus dos hijos hacen sus tareas escolares y envían sus materiales por correo electrónico.

En estos días, aprendieron una lección muy importante: el uso de harina, de queso, de manteca, aceites y de huevos para diversas recetas, les ayudó a valorar el origen de esos productos: el campo. Y el barbijo que usan también proviene de las telas del algodón que se siembra en el norte del país.
La industria molinera admitió que la venta de harina en paquetes de un kilo para el consumo hogareño se incrementó un 70% durante la cuarentena. Es solo un ejemplo que puede servir para “darnos cuenta” de que este aislamiento social es una oportunidad que tiene el campo para mostrarse ante la sociedad como lo que es.
DIVIDIDOS, PERO NO POR LA FELICIDAD
Pero lamentablemente hay una situación extraña con el campo. Aun las cuestiones culturales nos hacen pensar que cada sector debe salvarse solo. Grueso error. Poco a poco es necesario desterrar la idea subjetiva del individualismo que coloca al ganadero por un lado, al agricultor por otro, y hasta a la agroindustria más lejos. Grueso error.
Así, dividido, el campo se muestra, circunstancia utilizada por el sector político para el empleo de ideologías que lo colocan en la vereda de enfrente de la sociedad.
¿Se da cuenta de esto el campo? ¿Advierte que necesita empezar a usar estrategias para mostrar lo que hace, y que los pocos medios que dedican espacios y tiempo ya han dado un paso adelante en tal sentido, y que es hora de avanzar en medio de esta crisis tremenda que deja la pandemia del Covid-19 a nivel mundial?
HAY QUE SEGUIR
Ayer a la siesta, un productor agropecuario, asiduo lector de NORTE Rural, le escribió a este periodista estas palabras: “El mundo se detiene para controlar la pandemia, pero se debe entender que nosotros no podemos parar”.
Hay un país que no está para perder el tiempo ni mucho menos para insistir en modelos arcaicos que ya han fracaso. Es el momento oportuno para ensayar estrategias para que mientras dure la crisis el campo pueda fortalecerse, sabiendo que es el motor de la economía del país, y de que de la mano de la agroindustria es posible recuperar esta Argentina donde la clase política vive una pandemia diferente, distendida y como se escucha decir, relajada.
El campo y la agroindustria son la base económica del país y en esta pandemia se está observando esto. No se trata de que sean reyes los productores, pero tampoco esclavos de ideologías antojadizas y que en función del poder público otorgado arbitrariamente dispongan de cuánto será el aporte tributario a realizar.
Es una oportunidad que no debe desaprovecharse y el campo debe buscar su protagonismo y alejarse de la dirigencia política que sistemáticamente utiliza al sector con discursos políticos que, al final de las cosas, terminan sin acción.
Salvar la campaña algodonera
El contador Luis Alal, presidente de la Asociación de Desmotadores Argentinos, ayer hacía catarsis con este periodista sobre las idas y vueltas que genera poder destrabar una cuestión sencilla pero que se complica y condiciona la continuidad operativa de las desmotadoras: la falta de alambre de acero.
Es que el alambre de acero es proporcionado por la única siderúrgica que produce estos elementos, Acindar, debido a las medidas de restricción adoptadas establecidas para evitar la propagación del Covid-19.
Ya se habló con Acindar, y con el ministro de Producción, Industria y Empleo del Chaco, Sebastián Lifton, a fin de solicitar gestiones ante el gobernador chaqueño Jorge Capitanich con su par de Buenos Aires, Axel Kicillof, y por su intermedio al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, pero fundamentalmente con la dirigencia de la Unión Obrera Metalúrgica, para buscar alternativas que permitan dentro de las medidas de exenciones continuar con la tarea de trefilar, es decir, transformar el metal en hilo o alambre pasándolo por la hilera, para luego terminar en lo que son los distintos diámetros de alambre.
Ayer ya paralizaron su desmote algunas plantas del interior chaqueño por falta de alambre. Esto significa que los productores no van a poder seguir entregando su producción, y esto se da en plena cosecha, y con rindes muy importantes tanto en cantidad como en calidad del algodón.
América Latina, entre malos pronósticos y oportunidades
A primera vista, los nuevos pronósticos económicos para América Latina de las principales instituciones financieras internacionales son para llorar: vaticinan la peor crisis económica en casi un siglo, dice el columnista Andrés Oppenhaimer en el diario El Nuevo Herald. Pero lo cierto es que también contienen algunos datos alentadores que vale la pena tener en cuenta.
En su nuevo informe, el Fondo Monetario Internacional (FMI) predice que las economías de América Latina y el Caribe caerán un 5,2 por ciento este año, mucho más que el promedio global del 3 por ciento.
Venezuela verá su economía reducirse en un 15 por ciento este año, México caerá un 6,6 por ciento, y las economías de Argentina, Brasil, Chile y Colombia se contraerán 5,7 por ciento, 5,3 por ciento, 4,5 por ciento y 2,4 por ciento respectivamente, dice el FMI.
A medida que las empresas buscan hacer que sus cadenas de suministro sean menos vulnerables, van a buscar otros países fuera de China.











