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"19 de Abril de 1943 - Levantamiento del Ghetto de Varsovia ". Un mensaje y una enseñanza

Abro Facebook y lo primero que se me presenta es la pregunta: ¿Que estás pensando?,  y hoy,  especialmente, en la intimidad del aislamiento provocado por la hasta hoy indomable pandemia y abrumado por el silencioso sonido de una ciudad en la que el temor acalló las voces; lo aprendido hace mucho y recordado muchas veces más, lo sucedido el 19 de abril de 1943, cuando los últimos judíos que vivían confinados en el Ghetto de Varsovia, capital de Polonia, llevados por los brutales asesinos de la Alemania de Hitler y sus dementes, ante la certeza de que la lucha por su vida, su dignidad y su libertad, dependía sólo de sí mismos, decidieron enfrentar, prácticamente sin armas de guerra, al poderoso ejército nazi de la muerte que los acechaba,  con una actitud y voluntad con ribetes de epopeya.

El fin de la confrontación, que duró aproximadamente dos semanas,  ratificó el nivel de disparidad de fuerzas entre los participantes, los asesinos represores tuvieron menos de mil bajas, mientras que los judíos que habitaban el Ghetto, que fueron apoyados por parte de la población polaca de posición anti-nazi y grupos de partizanos, fallecieron alrededor de cincuenta mil.

 

Que enorme mensaje nos transmitieron los protagonistas de aquel Levantamiento, que inmenso amor por la Vida con Dignidad y Libertad.

 

Hurgando las páginas de la historia podemos encontrar  nombres y apellidos de protagonistas de conmovedoras acciones heroicas, personas de muy diferentes edades, de ambos sexos, que ejecutaban con el mismo valor y convicción las acciones más riesgosas y más difíciles, pero este hecho tan especial de la historia del hombre, que aún hoy, estúpidos contenidos en la sociedad mundial pretende ignorar y menoscabar, debe significar, entre otras cosas,  la gran  enseñanza sobre lo que es capaz de hacer el hombre, sin importar la circunstancia, cuando lo que se encuentra en juego es su vida, la vida de su grupo, de su especie, y la importancia que adquiere, frente a lo considerado imposible, la presencia del otro, aquel al que las Sagradas Escrituras mando a "amar como a uno mismo".

Y en este juego entre la emoción y los recuerdos del ayer, y la angustia y el temor con el que estamos viviendo el hoy, en el que fuimos convocados a enfrentar un enemigo que no conocemos, pero existe, un enemigo que no vemos pero mata, un enemigo que solo con lo que produce nos obliga a cambiar hábitos, costumbres y hasta valores de convivencia, un enemigo que nos depositó en la sapiencia y capacidad de nuestros científicos y todos los aportantes a la posibilidad de seguir esperando confiados en  la llegada de la solución,  entiendo que el solo pensar y razonar sobre lo que fueron capaces de hacer los protagonistas del Levantamiento del Ghetto de Varsovia, que se animaron a hacer posible lo previamente determinado como imposible,  nos debe servir para entender que el valor de la Vida es inconmensurable y por ello todo el esfuerzo, la voluntad, el sacrificio y la predisposición personal de aportar todo, más allá de lo que podamos considerar como límite, para que la esperanza de superar el momento, se transforme en una realidad para todos, es válida, posible e importante.

Al igual que en aquel ayer, mañana cuando esto pase, habrá nombres y apellidos que no conoceremos, de médicos, de científicos, de enfermeros y enfermeras, de trabajadores, de todos los que se avinieron a ser soldados de primera línea en el frente de batalla, de vecinos que nos cuidaron, de amigos que cuidamos, de algunos políticos que actuaron con honradez y presteza, a los que deberemos homenajear a cada instante como forjadores de un paso trascendental para el desarrollo de valores que potencien, por sobre cualquier otro,  el valor de la dignidad del ser humano.

De todo somos capaces los seres humanos, de amar y de matar, de construir y de destruir, de todas las contradicciones,  de todas las coherencias,  de crear cosas mágicas e imposibles, muchas de ellas difíciles de imaginar, entonces de dejemos la oportunidad de que,  como resultado del hoy que nos toca vivir, nos recreemos a nosotros mismos para animarnos a hacer un mundo mejor y para todos y destruyamos y denostemos todo lo que ayer transformo al hombre en el gran depredador de su propia especie.

Animémonos, sin que las diferencias religiosas sean un impedimento,  a hacer realidad la actitud a la que nos llama un profeta que a través de las Sagradas Escrituras nos propone: "...Si  no yo, ¿quién?...sino ahora...¿cuándo?"

 Mario Jaraz
DNI:  7.892.575