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El coronavirus no es un castigo divino

Dios es amor, esa es su máxima y más representativa esencia, por lo tanto, pensar en un Dios que castiga, es una afirmación que contradice la verdad misma de Dios, que es amor.

¿Por qué Dios, si verdaderamente es tal, aplacaría su enojo haciendo sufrir a su creatura?; ¿acaso es posible reconciliar la imagen de un Dios que la revelación lo muestra como misericordioso, con un ser que se complace en el sufrimiento de quien se equivocó?; ¿es compatible una justicia divina vengativa, con la imagen de aquel que es la fuente, la razón y la plenitud de toda justicia?; ¿cómo se pueden interpretar las grandes calamidades naturales y las pestes que, de tanto en tanto, asolan el planeta dejando miles de víctimas e infligiendo enormes sufrimientos a la humanidad?

En el desarrollo de los párrafos siguientes intentare dar respuestas a estas preguntas. Lo primero que quiero decir es que para Dios la muerte no es muerte, sino una transformación. En el nivel divino, jamás se puede hablar de perdidas, sino de ganancias.

El problema es que los seres humanos que vivimos en el espacio y el tiempo y tenemos una visión muy estrecha de la realidad. La ventana que se nos abre a la comprensión de toda la creación y la eternidad, es mínima. Esto es así, porque en el espacio y el tiempo, nosotros no tenemos la visión completa de todo el cuadro de la existencia y de la creación. La visión completa de todo lo creado, lo tendremos cundo lleguemos a la plenitud de la auto consciencia. Y eso solo sucederá cuando el cuerpo se haya liberado de las leyes del espacio y del tiempo, vale decir, cuando nos hayamos muerto. Allí, la realidad trascendente que contiene al cuerpo material, liberada de la naturaleza, ascenderá hacia la plenitud de su condición sobrenatural. Este ascenso se conoce con muchos nombres, dependiendo de la religión que se profese. Los cristianos lo llamamos, cielo, vida eterna, paraíso; los musulmanes, Yanna o cielo; los judíos, Jardín del Edén; los budistas, Nirvana o iluminación; los hindúes o religiones brahmánicas, culminación del ciclo karmico y fin de las reencarnaciones.

En todo caso, en este nivel, el ser creado y sin corporeidad, alcanzaría la plenitud del auto conciencia y en ese nivel, el ser, accedería a la verdad absoluta. En este sentido diría entonces que la muerte, más que un drama sería un regalo. ¿Entonces, conviene morir? Respondo a esta pregunta: sí y no. Sí, si se ha cumplido con el ciclo natural que como plan divino trasciende al mismo hombre y llega naturalmente a esos términos; entonces la muerte seria solo un pasaje que en la imagen de la mariposa encuentra su ejemplo más gráfico. La mariposa antes de ser tal, es un gusano que, encapsulado en su crisálida, espera el tiempo para transformarse en mariposa. La muerte seria esa instancia en la que el hombre al abandonar su crisálida, el capuchón en el que vive como gusano, es decir su cuerpo, lo deja, y le crecen alas. Lo que pretendo decir es que, lo que para el ser humano es un drama doloroso, la muerte, para Dios es solo un proceso natural que tiene que ver con su acto creador. Para Dios, la vida nace, crece, se desarrolla y muere, por lo cual nacer y morir son las dos caras de la misma moneda del acto creador de Dios. Dicho de otro modo, lo que en términos humanos significa muerte, en términos divino significa creación. Sin embargo, la muerte deja de ser un regalo, cuando es forzada o violentada, es decir cuando no se le permite a la vida cumplir con su ciclo natural.

Así, la muerte que se produce como consecuencia de la inmoralidad y la perversión humana, dejan de ser un regalo y se transforman en un acto violento y destructivo para la creación, allí entonces, obviamente, no conviene morir. Conclusión: Dios no castiga, sino que crea. Es el hombre quien altera ese proceso creador provocando muerte y violencia en la creación. Esta lectura, en mi opinión, es el argumento categórico que desmiente la creencia de que Dios nos castiga y nos manda plagas para hacernos saber de su furia y enojo. El corona virus, por lo tanto, no es un castigo divino, sino la consecuencia de un desorden que tiene un solo responsable: el hombre. Es contradictorio pensar en un Dios que castiga, porque como ya lo dije en los párrafos anteriores, tal afirmación contradice la misma esencia de Dios que es amor. Creo firmemente que la pandemia es un auto castigo que el hombre se ha infligido a sí mismo, como consecuencia del desorden que el mismo hombre ha generado en el orden natural de la creación.

La fe bíblica, correctamente, ha interpretado a las plagas no como un castigo divino, sino como una consecuencia de un comportamiento desordenado del hombre. El hombre es un ser moral, vale decir que, por ser racional, es plenamente responsable de sus actos. En efecto, Dios le ha dado al hombre la inteligencia para que este obre en orden al bien. Y por ser Dios amor, lo dotó al hombre con el libre albedrio, es decir, con la capacidad de decidir según su discernimiento, por el bien o por el mal. Por eso cuando el hombre elige obrar el mal, Dios no es responsable de esa elección, sino el hombre. En otras palabras, es el hombre y solo el hombre el artífice de su felicidad y de su desgracia. El ejemplo que ilustra de manera categórica esta afirmación es el siguiente: Dios le dio al hombre la inteligencia para descubrir la ley de la relatividad y con ese descubrimiento puso en sus manos la energía nuclear que significaba una energía que, si inteligentemente administrada, significaría el bienestar para millones. Sin embargo, ¿Qué hace el hombre con ese descubrimiento? fabrica una bomba que mata a miles, sino millones como consecuencia de la radioactividad que produjo la explosión de asa arma mortífera. ¿es Dios responsable de esto?, no, el hombre es el responsable. ¿es Dios responsable de la pandemia y del coronavirus que ya ha matado a miles y puede matar millones?, absolutamente no. ¿Quién es entonces responsable de tamaña tragedia humana?

El hombre es el responsable. Es el hombre quien hizo colapsar el equilibrio ecológico y puso al entero planeta en un riesgo real de descalabro climático; ha sido el hombre y su comportamiento perverso el que ha puesto en riesgo todo el entero sistema bilógico del planeta y por eso, ante semejante amenaza el planeta y su orden natural, dijeron basta. Aunque parezca contradictorio lo que voy a decir ante los miles de muertos que produce la pandemia cada día, afirmo que es la vida la que se está defendiendo. El planeta y la vida han reaccionado ante el ataque alevoso de su máximo predador: el hombre. Dios puso un orden natural inteligente para preservar la vida en la tierra.

Cuando ese orden, por cualquier razón que fuere es puesto en riesgo, el mecanismo inteligente de auto protección de la vida de ese orden natural, simplemente reaccionará y se activará. Porque Dios ha inscrito en la creación misma el instinto natural de autoprotección de la vida. Es lo que está sucediendo, Dios no es el responsable de la pandemia y las muertes que produce, Dios es responsable de la creación y la vida. La vida con mayúsculas estaba en riesgo y aun lo está, la vida y el orden supremo de esta debía reaccionar.

¿Cuáles serían entonces las causas principales del corona virus? Enumero las más representativas: las leyes pro muerte que han promulgado las naciones, el aborto, la eutanasia, la cultura anticonceptiva, etc. Los millones de pobres que en el mundo mueren a causa de un mercado financiero internacional que priorizado la economía a la vida generando una escandalosa injusticia social; una economía perversa que en la explotación de los recursos de la naturaleza no le importa hacer desaparecer selvas y bosques enteros y como consecuencia de ello provocar la extinción de miles de especies vegetales y animales y de insectos.

Allí está la causa del virus; la fiebre del oro , del diamante , del petróleo, que ha contaminado los ríos y los mares a lo largo y ancho del planeta; la manipulación genética para lo producción de alimentos transgénicos a caballo de una ley de mercado perversa; la producción de cultivos que justamente por poner en primer lugar la producción y no la vida, produce miles de muertes a causa de la fumigación con insecticidas sin importarle un rábano la salud de la población, allí está la causa del virus; el efecto invernadero, fruto de la desforestación que aumentó exponencialmente la cantidad de dióxido de carbono en la atmosfera y el humo de una industrialización descontrolada que libera gases tóxicos en proporciones inconmensurables destruyendo la capa de ozono, exponiendo gravemente la supervivencia en el planeta, allí está la causa del corona virus. Por eso, atribuirle a Dios la pandemia, es sencillamente una lectura superficial e irresponsable de las causas reales que provocaron el corona virus. Endilgarle a Dios la pandemia simplemente no tiene fundamentos ni en la verdad de fe ni en la verdad científica, sino que se arraiga y se afirma en una lectura simplista y en una visión mágica de la realidad.

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