El número de camas disponibles, un dato que por ahora es una incógnita
Su precisión es crucial para diseñar políticas que frenen el avance del coronavirus. Desde distintos estamentos de la salud resistencia en dar información real.
El último informe sobre camas disponibles (en instituciones públicas y privadas) fue publicado en 2018. Habla de un total de 220.910 en todo el país, incluyendo 8293 unidades de terapia intensiva para adultos y 1823 unidades de terapia intensiva pediátricas. Esta información se volvió crucial porque es la que primero exhibe la capacidad del sistema de salud para responder frente a una emergencia sanitaria. Cuanto más lejos del porcentaje recomendado por la OMS (8 camas cada 1000 habitantes) se presente, más limitada será una respuesta.
Argentina tiene un índice 5,02, con grandes variaciones entre región centro (5,71) y NEA (3,59) y NOA (3,94).
De esas 220.910 disponibles, hay 85.784 que son camas para ‘internaciones prolongadas‘, es decir, geriátricos u hospitalizaciones que impiden contar con ese recurso en medio de una emergencia. Tampoco las camas de maternidad y neonatología están disponibles, 15.003 sumados ambos tópicos. Sumando camas generales, especiales, pediátricas y para hospital de día, finalmente, Argentina tenía 110.007 camas disponibles.
Tenía disponibles porque se supone que hoy tiene más. Hay una gran maquinaria en todos los rincones del país para generar ese recurso en playones de las fuerzas armadas, centros deportivos, religiosos, grandes escuelas, en los 10 nuevos hospitales modulares que se están construyendo con crédito de Unops, dentro de las 17 Unidades de Pronta Atención que se desarrollaron en tiempos del sciolismo en la provincia de Buenos Aires, o junto a ellos. Pero el número no se conoce.

En concreto, no hay información de cuántas camas disponibles hay o habrá. El Ministerio de Salud actual no brinda esa información. En parte, porque está realizando una tarea de control sobre lo que le dicen las obras sociales de los sindicatos, que estaría bastante por debajo de lo que habían declarado. También porque las provincias se mostraron reacias a contar su propia disponibilidad, en líneas generales, también por debajo de lo que venían diciendo. Finalmente, porque el propio ministerio se demoró más de la cuenta en obtener esa información crítica, sin la cual es imposible realizar una política pública seria en medio de la emergencia sanitaria que exigirá atención hospitalaria en un porcentaje que rondará el 15% de los contagiados, o sea, ¿3 millones de personas? ¿1 millón? ¿En cuánto tiempo? ‘Tendríamos que habernos puesto con esto en febrero, pero la verdad es que nos desbordó la situación‘, reconoció un funcionario del equipo de Ginés González García.
Otro dato importante de este análisis es la cantidad de Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS). Son 7844 en todo el país, de los cuales 3078 están en la región centro, lo que incluye el conurbano. Si los intendentes del conurbano tuvieran el presupuesto necesario, buena parte de la emergencia podría tratarse directamente ahí, ya que además de ejercer tareas de prevención y difusión de conductas saludables, dan la primera atención de la población más pobre.
LA REALIDAD DEMOSTRARÁ QUÉ HAY Y QUÉ NO
Las nuevas condiciones para la política sufrieron un cambio tan drástico que los intendentes del conurbano que recibieron el llamado de Cristina Fernández de Kirchner, preocupada por la situación, contaron que la primera pregunta que les hizo la vicepresidenta es cuántas camas tenían en el distrito.
Este fenomenal cambio de prioridades encuentra a la dirigencia política ante el desafío de la eficiencia en la gestión. Llegó el momento en que la sociedad va a juzgar por la capacidad que tendrá cada gobernante (presidente, ministros, gobernadores, intendentes) para llevar adelante una estrategia efectiva contra el virus.
No todos los que nos gobiernan tienen esa experiencia. Buena parte, nacieron y se criaron en la épica discursiva sin realidad, lo que les permitió ordenar su visión del mundo sin necesidad de contrastarla con los hechos. O adecuando los hechos al relato.
El Estado argentino podrá ocultar la cantidad de casos infectados testeando menos personas de las que presentan síntomas, como sospechan muchos. No dirá las camas disponibles para los pacientes que necesitan hospitalizarse ni las de terapia intensiva para aquellos que requieran cuidados especiales en sus pulmones deteriorados por el Covid-19, quizás simplemente porque no lo sabe. Lo que nunca podrá modificar es la cifra de muertos porque, cuando esta pesadilla termine, la realidad se mostrará en blanco sobre negro y sin ninguna capacidad de ocultamiento.
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