Pablo Poblado: “Busco provocar la experiencia musical”
“Si estás a la espera, al igual que un niño cuando aguarda un juguete nuevo, seguramente surgirán cosas nuevas. Hay músicos que, por sus canciones, uno percibe que siguen buscando, que leen, que consumen cine, literatura. Son como esponjas que están atentas a las otras artes, para crear. Un creador no pierde la capacidad de asombro. Todas estas cosas traslucen después en la creación”. Así arranca la charla con el músico y compositor.
Pablo Poblado tiene en su historial su primer disco, Tony Yesterday, y ahora comenzó a lanzar un nuevo material, por entregas. Prometió publicar en sus redes cada quince días un tema. África es el corte que ya está disponible en Youtube o Spotify. Esta música trae otro tinte, es fresca y despierta otras sensaciones.

“La sensualidad está presente —explica—, no hay ningún tema que no esté bañado por la sensualidad, el erotismo, la piel, la fragilidad de las emociones. Los ritmos tienen que ver con la sensualidad. Ser sensual es tener la capacidad de entender el ritmo puesto en palabras, miradas, movimientos. Busco ahora que la gente baile, se exprese, esa liberación hermosa que se produce cuando soltamos todo y no reprimimos nada”.
—Comenzaste por estos días a lanzar un disco por entregas, ¿de dónde surge esta iniciativa y por qué?
—Hace tiempo que tengo mucha música guardada. Mi preocupación o mi búsqueda es hacer bailar a la gente. Me preocupa eso. Soy bajista y me gusta que la gente se mueva. Nunca me di esa chance como cantautor de hacer un disco para que la gente baile. Siempre produje obras más centrado en lo sensible, poéticos, sin embargo ahora busqué hacer un material donde me salgo de lo que venía haciendo. Me gustaría estar tocando en un boliche, en un club nocturno, me gustaría ver a la gente bailando. Por eso estoy lanzando este disco, que lo voy haciendo completamente solo, en casa, con las herramientas que tengo, y tocando el bajo. Está quedando muy bien.
—¿La música es sustentable?, ¿se sostiene desde lo económico?
—En mi caso, no puedo más con la billetera. No sé cómo serán otros casos o cómo les irá a otros músicos. La música que estoy haciendo implica que mucha gente me dé una mano, pero todavía no puedo. Con la gente que entra a un concierto, pagar a los músicos y vivir quince días. Quiero que la música sea sustentable. Quiero que la gente baile y que tenga una experiencia musical. Este disco que estoy haciendo busca impactar y producir algo en la gente. Busco provocar la experiencia musical.
—Es más electrónico.
—Totalmente. Hay un vuelco en relación con lo que venía haciendo, sin descuidar la calidad de la música y las letras. Descubrí que cuando vos hacés las cosas divirtiéndote, podés mostrar todas tus aristas sin máscaras. Puedo ser tierno y malvado, enamorado o no, una paleta de pintor con todos los pomos sobre la mesa.
—¿En este nuevo material las palabras van detrás de la música, cómo es ese proceso?
—No, para nada. La palabra sigue siendo importante. Una de las cosas que priman para el músico es plantearse procedimientos diferentes para encarar un proyecto musical. Normalmente el método es: estoy en casa, agarro la guitarra, un papel, y trabajo componiendo de esa manera. Si soy muy conservador y tengo miedo de despertar otras cosas dentro mío, no voy a cambiar esa estructura. En mi caso no soy así, no tengo miedo a lo que viene.
Aquí no me puse ningún compromiso. Me despojé de toda ambición. Puse la atención en el baile y en el ritmo. Busco seducir desde el bajo con esta música. Cuando tenía una base musical y debía poner letra eché todas mis antenas para que salga lo mejor. Por medio de este procedimiento descubrí otra manera de contar cosas, aparecieron otras palabras, otras sensaciones que me permitieron abrir la jugada estéticamente.
—Estás haciendo videos de Instagram en vivo, ¿es una forma de atravesar esta cuarentena?
—Es una opción que ya estaba disponible en esa plataforma, pero recién ahora se está explotando al máximo. Me parece bien, lo hice días atrás porque en definitiva también es una forma de hacer un concierto, si te ponés auriculares se escucha bastante bien. Además, se puede hablar con el público, ellos escriben comentarios, se establece un diálogo. Me ha pasado que me escriben amigos que están lejos, o que están cerca. Me parece lindo, me gusta. Además, desde fines de enero, cuando comencé a armar este disco, me puse en cuarentena, así que estos días lo estoy tomando muy bien.
—¿Qué te produce la música?
—La música me hace bien. Escucho música como herramienta de información, pero también despojado de eso me hace bien, me hace soñar, me hace sentir que soy un niño. Ese estado, esa parte de mí, es la que más me gusta. Incluso algo importante que no debemos descuidar, la inteligencia siempre tiene que estar fresca. Para que eso suceda, hay que ser como un chico: fresco, nuevo, alguien que sigue celebrando y sorprendiéndose ante lo nuevo.
Bio
Los estudios de primera y secundaria los hizo en Charata. Pablo llegó a esta ciudad cuando tenía cinco años, porque el jardín de infantes lo había hecho en Colombia. Su primera experiencia con la música fue en el concurso provincial de Festilindo, tenía nueve o diez años. Ganó para concursar en Buenos Aires, pero ese año cerraron el programa y se quedó sin poder participar de la gran final. De aquel concurso también habían participado otros músicos de su localidad.
Participó de la Escuela de Música y Banda Municipal Tomás Valerio, donde tocó diversas clases de trompeta. Estuvo unos meses, pero como estaba haciendo un tratamiento de ortodoncia sus padres decidieron sacarlo. Andaba bien en la trompeta. Aquella fue su primera angustia de adolescente.
Si bien dejó de ejecutar un instrumento, nunca dejó de escuchar música. Fue a Corrientes a Estudiar Odontología, después vino a estudiar en Resistencia, en la UTN. En el medio descubrió el bajo y ya no hubo marcha atrás: “Ahí me di cuenta de que quería ser músico”, cuenta.
Dejó todo y se dedicó a estudiar, a escuchar, y a tocar durante muchas horas. Tuvo el apoyo de su familia. Tenía desde los comienzos su propia fuerza y apuro por tocar bien, algo que el tiempo se encargó de moldear con paciencia. “Con talento, un año en música no es nada. Dos años, tres años, uno empieza a tener maestría recién después de los siete u ocho años. Lo que ayuda mucho es escuchar música. El hecho de esperar algo nuevo te pone en sintonía con la creación”, afirma mientras desafía los tiempos lanzando un disco por entregas y dibuja en su cabeza otro para trabajar en estudio en cuento termine la cuarentena.










