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Veinte años de Putin en el poder

El presidente ruso, Vladimir Putin, cumplió esta semana 20 años en el poder. Con la seguridad de haber convertido nuevamente a Rusia en una potencia relevante en el escenario internacional, se aprestaba a ver los resultados del referéndum sobre la reforma constitucional que le permitiría extender su mandato en 2024 y seguir en el cargo hasta el año 2036. La consulta estaba programada para el próximo 22 de abril, pero en las últimas horas el líder ruso anunció su decisión de aplazar la convocatoria obligado por la pandemia de coronavirus que también golpea a su país.

En un mensaje televisado, Putin reconoció que Rusia no puede permanecer al margen de la crisis que generó el Covid-19 en muchos países. “Debemos entender que Rusia simplemente, debido a su ubicación geográfica, no puede cerrarse de la amenaza. Hay Estados que ya están seriamente afectados por la epidemia cerca de nuestras fronteras. Es objetivamente imposible bloquear completamente su penetración en nuestro país”, sostuvo apenas unas horas antes que se cumplieran 20 años de las históricas elecciones presidenciales que celebró Rusia el domingo 26 de marzo de 2000. Aquel día, Putin (que había sucedido al presidente saliente, Borís Yeltsin, tras su dimisión el 31 de diciembre de 1999 y que ejercía los cargos de primer ministro y presidente interino) fue elegido en primera vuelta con casi el 53 por ciento de los votos.

En su mensaje de esta semana, Putín anunció la decisión de postergar el referéndum e iniciar un cese parcial de actividades en todo el país con el fin de prevenir la propagación del virus. En medio de la atención que genera en todo el mundo la pandemia de Covid-19, algunos acontecimientos de la política doméstica rusa parecen haber quedado definitivamente en el olvido, como fueron las sorpresivas renuncias presentadas en enero pasado por el primer ministro, Dmitri Medvedev, y el resto del gobierno, apenas pocas horas después de que Putin anunciara su intención de introducir cambios en la Constitución, que actualmente solo permite a los presidentes dos mandatos consecutivos. Es que la reforma incluye una enmienda que le permitiría al líder ruso perpetuarse en el poder hasta 2036 y, si todo sale como planea, llegará a esa fecha con 83 años, con lo cual habrá gobernado durante 40 años, superando así a Joseph Stalin, cuyo mandato se extendió entre 1922 y 1952.

Mientras tanto, al resto de la comunidad internacional le interesa saber cuál será el papel que está dispuesto a jugar Putín en el tablero geopolítico mundial. Quienes siguen atentos a su trayectoria creen que seguirá apoyándose en su fuerte liderazgo y en la riqueza de los hidrocarburos para apuntalar a Rusia como potencia global y como un actor político central en el escenario internacional, con especial influencia en Medio Oriente, sin descuidar otras regiones del planeta. La reciente decisión de reforzar la presencia militar rusa en el Ártico, por ejemplo, no hizo más que mostrar algunas de las cartas que tiene Putin en el juego para controlar esa zona que, además de contar con grandes reservas en hidrocarburos, es un área clave que en los próximos años (debido al calentamiento del clima y el deshielo) se transformará en una nueva y estratégica ruta marítima entre Europa y Asia, con todo lo que eso representa. Pero eso no es todo. Son seis los países europeos que dependen exclusivamente del gas que les vende Rusia: Bulgaria, Estonia. Finlandia, Letonia, Lituania y Suecia. Otro país que también debe mantener buenas relaciones con el gobierno ruso es República Checa, cuyo consumo depende en más de un 80 por ciento del gas que produce la petrolera estatal Gazprom. No es casual, entonces, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya calificado a la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que conectará Rusia con Alemania, como una amenaza para la seguridad de Europa y que haya dispuesto a través de una ley firmada en diciembre pasado que cualquier empresa que participa o colabore con las instalaciones submarinas del ducto será sancionada por EEUU. En realidad, Trump sabe que el gasoducto dejará afuera del negocio a las empresas norteamericanas de gas licuado y, a la vez, incrementará la presencia de Rusia en el suministro clave de energía al viejo continente.

La estrategia de Putin, claro está, no se limita a Europa. Este año el gobierno ruso también manifestó su interés en participar en el desarrollo de proyectos de energía atómica, exploración y producción de petróleo y gas en la Argentina.

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