El mundo después de la pandemia
No hay dudas de que la emergencia de salud que enfrentan los países por el avance del Covid-19 tendrá consecuencias políticas sociales, políticas y económicas a escala global. Lo que no se sabe aún es si la crisis alumbrará un nuevo orden global que profundizará la cooperación entre los miembros de la comunidad internacional o alimentará el aislamiento y los nacionalismos.
Cuando en los últimos días de enero pasado, desde esta misma columna se reflexionaba sobre el problema sanitario que encendió las alarmas en una remota ciudad de China, nadie imaginaba que ese hecho desataría una inédita crisis de salud que pondría contra las cuerdas a los mejores sistemas de salud del mundo. Menos aún que ese primer brote registrado en diciembre pasado en un mercado de animales de la localidad de Wuhan, en el centro del gigante asiático, tendría en poco tiempo consecuencias fatales en puntos tan distantes del planeta. Nadie, por estas latitudes, podía imaginar entonces que el coronavirus se cobraría tres víctimas aquí en el Chaco. La rapidez con la que evolucionó la crisis tomó por sorpresa a muchos. Es que el virus se caracteriza por su rápido contagio y es por eso que se adoptan medidas drásticas que en otros tiempos hubieran sido impensadas. Así, en unas pocas semanas se observa por estas horas cómo distintos países cierran sus fronteras y se frenan las economías. A partir de observar este nuevo escenario, distintos expertos coinciden en señalar que todo indica que ha empezado una declinación del proceso de globalización del siglo XX, para dar lugar a otro mundo con nuevas reglas de juego.
¿Se avanzará hacia una nueva forma de globalización y de cooperación entre países o, por el contrario, se impondrá el aislamiento, el fortalecimiento de las econoías locales y los nacionalismos? Por otra parte, en las últimas horas medios de Europa y Estados Unidos advierten que en algunos países el afán por contener la pandemia legitimó, por decirlo de alguna manera, el empleo de herramientas digitales de vigilancia como medio para ejercer un mayor control sobre los ciudadanos, algo que hasta hace poco habría generado fuertes rechazos por considerarla una medida que atenta contra la privacidad de las personas.
El filósofo surcoreano, Byung-Chul Han, sostiene que en países como China, Corea, Japón, Taiwán o Singapur la vida cotidiana de los ciudadanos está organizada de manera más estricta que, por ejemplo, en Europa. Por eso en esas naciones asiáticas no existe un rechazo marcado hacia la vigilancia digital o el uso de datos personales por parte de los Estados o las grandes empresas. En ese sentido, el filósofo advierte que China utiliza, desde el año 2014, un sistema de crédito social que hoy no sería aceptado por ningún ciudadano de ese gran espacio al que, genéricamente, se denomina Occidente. Byung-Chul Han advierte, además, que el gigante asiático se instalaron 200 millones de cámaras de vigilancia, la mayoría conectadas a un programa de reconocimiento facial que son capaces, incluso, de registrar los lunares en el rostro. “Estas cámaras dotadas de inteligencia artificial pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las calles, en las estaciones y en los aeropuertos”, asegura el filósofo surcoreano, para advertir luego que en China las agencias gubernamentales y las empresas privadas recopilan enormes cantidades de datos sobre las finanzas de una persona, las actividades en las redes sociales, el historial crediticio, los registros de salud, las compras en línea, los pagos de impuestos, los asuntos legales y las personas con las que se asocia, además de las imágenes recopiladas por los millones de cámaras de vigilancia. De esta manera, los datos que muestran el incumplimiento de las obligaciones sociales y económicas legalmente prescritas y los compromisos contractuales se marcan y agregan a nivel de todo el gobierno para determinar la confiabilidad de las empresas y los individuos. Ese puntaje de confiabilidad puede variar en función de las acciones registradas en cada caso. Es decir, puede subir por buenas obras como donar a organizaciones benéficas y puede bajar por acciones negativas como obtener una multa por exceso de velocidad. ¿Los controles sanitarios podrían convertirse en una excusa para que la mayoría de los países adopten políticas de mayor control de los ciudadanos? ¿Qué rumbo tomará la comunidad internacional a partir de la crisis de salud global provocada por el Covid-19? Son preguntas que todavía no tienen respuestas, pero que pueden servir para reflexionar sobre el mundo que viene.










