“En el teatro soy el personaje”
“La pasión, el lazo, el sentimiento vivo por el teatro comienza desde la panza de mi mamá”.
Lo primero que hizo teatralmente fue Vincent 90, cuando se cumplía un aniversario del cumpleaños de Vincent Van Gogh. Su mamá, Hemilce Isnardo, junto a un elenco multidisciplinario de bailarines, plásticos, actores, hizo una obra importante. Alin tenía 16 años. Empezó así haciendo personajes secundarios, desde ese lugar se aborda el teatro con cosas mínimas. “Aluciné con lo que sucedía en ese entorno del teatro. Había cosas importantes, y desde entonces siempre me sedujo el teatro”.

Hemilce Isnardo, su mamá, es actriz, directora y maestra de teatro. Alin creció en ese entorno, que era parte de su vida. Acompañaba a su madre en los ensayos, en los armados de las escenografías, pintando utilería, siempre alrededor. Cuando ella se fue a Posadas, Misiones, Alin viajó con hijos y marido para hacer un homenaje teatral a Jorge Luis Borges.
“Cargué mi familia, marido, hijos, y me fui a instalar a su casa. La obra se llamaba De Columpio y cuentos tontos. Junto a otros compañeros de Misiones montamos la obra. Fue una experiencia hermosa, alucinante. Hicimos seis funciones seguidas. La obra era buena, elegíamos el final según la energía que había. Entonces no siempre terminaba igual. Así que era divertido”, explica.
Entrega total
Nos encontramos en un bar. Paredes de ladrillo. Aroma a café, música de jazz, un piano se escucha inundando todo el ambiente. En derredor las voces se alzan de otras mesas. La puerta de entrada chilla cada vez que alguien entra o sale, la noche madura afuera mientras los autos marcan la senda con sus luces. Los pocillos de negro están amargos, se beben así de fuertes. Dos vasos de agua fría, un anotador, el grabador, completan la mesa.

“La magia está cuando te entregas al juego de teatro y al compañero, compañera”, agrega Alin. Para que eso suceda hay que confiar en lo que estás haciendo. Hay que leer el texto, el proyecto, todo tiene que cerrar para que fluyan cosas positivas. A partir de ahí todo es entrega para vivir cada momento, la lectura, los ensayos. No todos los ensayos son buenos, no siempre estás con la misma energía o la mejor onda dispuesta”, desliza. “A los compañeros les pasa igual, entonces las cosas van variando siempre. Si creés en lo que estás haciendo, si te gusta, lo incorporás y todo florece”.
Alin suelta una sonrisa, se entusiasma. “A través de los ensayos vas tomando seguridad. Cuando actúas, es el goce máximo. Nunca una función es igual a la otra. La palabra y el cuerpo se vuelve personaje cuando entras en el juego teatral. Cuando te conectás con tu compañera. Ni siquiera es una concentración, es una energía que fluye y empieza a suceder. En esas circunstancias soy el personaje. En el teatro soy el personaje”.

—¿La palabra tiene peso?
—No tiene peso. La palabra surge, nace, sale, se lanza al juego. La palabra no tiene peso, si vos pensás cómo decirla, no es real. Cuando dejás de pensar surge la magia. Obviamente, sin olvidarse de las direcciones o los ensayos previos. A partir de entrar en el juego todo se hace vuelo, placer, goce, alegría.
—¿Hay algún personaje con el que hayas sentido todo eso junto?
—Sí, cuando hice el personaje de Angélica en De columpios y cuentos tontos. También en Marisa, en el Psiconauta del Borde. Había hecho en el 98 la obra Crónicas de Sangre bajo la dirección de Marcelo Padelin. Tengo facilidad para entregarme al ensayo, al texto, al juego teatral. Pero estos son los que más recuerdo. Cuando fluye, todo es maravilloso.
Poesía erótica
Hace tiempo se llevó a cabo el encuentro Erotismo a 50°. El mismo fue organizado por el departamento de letras y el departamento de música del Instituto de Cultura de la Provincia. Se realizó en Macedonio y el público desbordó la capacidad. Hubo gente parada en la calle mirando el espectáculo. Había lectura de poemas. Alin y Tony Zalazar le habían puesto el cuerpo a las palabras. Hubo además esa noche música, muestra de arte y, claro, fue encendido el fuego de la palabra.
“No se olvidan las ganas / los muslos resbaladizos / mi pezón / como picotazos en tus costillas. / Te veo / y se escalda la luz / se humedece mi falda / estalla la baba contra el piso / Quiero succionar tu buen nombre / y q me acaricies la conciencia perversa / Adorméceme la espalda, / la mano / la lengua / la cama / No parés ahora q vuelan las paredes / No parés / que ya vienen / el mordisco final / el arañazos en la espalda”, el poema de Marina Coronel que Alin hizo cuerpo teatral.
El café se acabó. De a ratos hay silencio y después vuelve el bullicio, las risas, la música sube el volumen y el entorno sigue muy vivo. Marina había invitado a Alin para que participe de aquella velada. Tony Zalazar dijo de memoria un texto suyo, pues se acordaba a la perfección, mientras que Alin alzaba la voz con el poema de Marina. “Nos pusimos unas narices de chancho. Ensayamos cómo lo íbamos a decir y elegimos un vestuario. Todo lo que sucedió esa noche fue intenso, bueno, hermoso. Entramos en el juego teatral y lo disfrutamos. Todo fue genuino.
—¿Hay certeza antes de salir a escena?
—Al contrario. Hay mucha incertidumbre. No hay un piso, no sabés cómo vas a decir esas palabras que tanto ensayaste. No sabes qué va a pasar con la gente y no hay preparación para tantas miradas. Al mismo tiempo todo es un juego muy lindo. Salir a la nada. Te sentís observada de pies a cabeza. Es un juego al que te entregas completamente. Me gusta.
La luz del grabador se apagó, ya no quedan café ni agua. La charla se bifurca en los desafíos que vienen. Alin hace producción, trabaja en otras ramas, pero el arte teatral vuelve y enciende todo, transforma, cambia. “Yo creo que fue la chanchita más adorable y sexy que se pueda haber visto en vivo. Logró cautivar al público, seducirlo. En muy poco tiempo de ensayo logró crear un clima equilibrado entre el humor y el erotismo. Sólo una gran artista como ella podía lograr ese clima”, destacó Marina Coronel.










