Gestionar tu pyme como un crack
Hace poco tiempo tuve la suerte de conversar con un director técnico, referente dentro del ambiente del fútbol quien, entre anécdotas, me comentó la clave del éxito de uno de los mayores astros de la actualidad.

Su historia comenzaba dos décadas atrás, del otro lado del mundo, y contaba cómo, al visitar en su residencia a este crack, que por ese entonces era solo una joven promesa, lo encontró rodeado de unas cinco o seis personas. El DT pensó que se trataba de sus amigos, dado que, según su experiencia, era usual en aquellos años que los deportistas jóvenes gastasen sus primeras ganancias en fiestas con camaradas.
Sin embargo, fue enorme su sorpresa cuando entendió que aquel grupo de gente estaba conformado por profesionales tales como deportólogos, kinesiólogos, nutricionistas, psicólogos y licenciados en marketing. Resulta que aquel jugador principiante empezaba a erigir su actividad como una empresa, entendiendo que la competencia no terminaba en la cancha y que era posible, desde el cuidado de su imagen y de su salud física y mental, gestionar día a día tácticas que le garanticen la perdurabilidad de su carrera. Tal testimonio sirve de disparador para introducirnos en el tema de esta nota.
Pues, en un mundo interdependiente, complejo y colmado de incertidumbre, lo que distingue a una pyme con posibilidades de progresar de otras que indefectiblemente fracasarán, es la determinación de un plan y la realización consciente. Me refiero a la administración estratégica de una empresa. Pero, ¿qué vendría a ser una estrategia? Se trata del conjunto de métodos que determinan cómo logrará una organización su propósito comercial.

Así, teniendo como materia prima a una idea, una oportunidad ante una necesidad o una respuesta ante un problema a resolver, se debe ser capaz de explicar de qué manera se conseguirá hacer un negocio de ello. Con este objetivo, se precisa tener en claro las medidas fundamentales para competir en delantera, captando y reteniendo a los clientes, ganándose un lugar en el mercado. Ahora bien, vale aclarar que contar con una estrategia es solo el primer paso. Se tendrá luego que liderar la misma.
Esta es la mencionada administración estratégica, y consiste en la implementación de las funciones gerenciales básicas. A saber: planear, organizar, dirigir y controlar. Para echar luz sobre tales conceptos, citaré un caso de una empresa de entrega de comida que opera en un área suburbana de una ciudad capital. Allí, otras compañías del rubro habían fallado a pesar de la alta demanda de este servicio, debido a que no podían garantizar a sus empleados medidas de seguridad básicas ni lograban protegerse del robo de sus medios de transporte o materiales de trabajo.
Ante esta realidad, como un crack que lo entendió todo, el creador de la pyme de delivery en cuestión contrató personal residente en el barrio de modo excluyente, a fin de que puedan circular con naturalidad. A su vez, ploteó las bicicletas utilizadas para las entregas a modo de que sean fácilmente reconocibles. También instituyó un sistema de validación de identidad de los clientes para evitar estafas y habilitó la creación de una base de datos propia.
Asimismo, instauró un régimen de trabajo en parejas y se preocupó de llamar aleatoriamente a sus clientes de forma semanal, para evaluar el desempeño de sus colaboradores. Como vemos, este comerciante no solamente tuvo la tenacidad de ofrecer algo requerido en el mercado, sino que gestionó su propuesta de manera eficaz, obteniendo así un diferencial valorado por los usuarios.
En otras palabras, contó con una estrategia y la implementó deliberadamente. Resulta evidente cómo dicha administración estratégica es ineludible porque permite elevar el rendimiento de una organización, ayudando a las empresas que la usan a que compren y vendan eficientemente, a la vez que cobren y paguen en tiempo y forma. Además, favorece el sostenimiento ante la incertidumbre, brindando previsibilidad y facilitando las decisiones.
Por último, contribuye al trabajo en conjunto, es decir a la armonía entre todas las partes de una pyme compleja y diversa. En este sentido, un iluminado, modelo indiscutido del ámbito que nos compete, el de los negocios, una vez dijo: “Mi trabajo no es hacérselo fácil a la gente. Mi trabajo es hacerlos mejores. Es juntar de diferentes partes de la compañía, limpiar las vías y obtener recursos para los proyectos clave. También tomar personas importantes dentro de la misma para apoyarlos y que sean aún mejores”. Este crack fue Steve Jobs, cofundador y presidente ejecutivo de Pixar y de Apple.
Tomando como ejemplo al fallecido magnate, pero también al citado emprendedor del delivery barrial y al ídolo del fútbol, los invito a definir como un crack una estrategia de negocio y, con ella, los pasos y pautas por seguir para su correcta implementación. Recordemos que no es fácil ganar en esta gran batalla interminable que se desata día a día en el competitivo mundo de los negocios, pero como dijo el mismo Jobs en su famoso discurso en la universidad de Standford: “Sigue hambriento. Sigue alocado”, a lo que yo agrego: “Seguí emprendiendo. Seguí gestionando”.
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