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Producir, lo que más cuesta y lo que más se necesita

Los agricultores chaqueños dividen pesares y esperanzas entre el algodón sembrado, estimado en unas 175.000 hectáreas, y la soja, 540.000 hectáreas, un gran porcentaje de las cuales se implantaron en el sudoeste, hoy castigado por el agua, tanto de la lluvia como de la que viene de zonas más altas, generando pérdidas en el orden del 30% de las mismas en Las Breñas, Charata, Hermoso Campo, Du Graty y Mesón de Fierro.

La esperanza en el cultivo emblema chaqueño -el algodón- adquiere una importancia superlativa, con un desmote que se inició y que muestra a las desmotadoras trabajando, como Alpargatas en Sáenz Peña, de la familia de Alberto Maria, la de la cooperativa Guemes, o Buyatti en Las Breñas. A eso suman el aumento que se observa en el precio de la fibra, y un buen horizonte en cuanto a la genética de manos del INTA.

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¿Obsesión “ambientalista”?

En medio de esta situación, el sector productivo de la foresto-industria, puso el grito en el cielo a partir de una comunicación de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Ambiente, que a partir de esta semana será el órgano de aplicación de los permisos forestales, lo que indica un larguísimo peregrinaje para los productores (que en su mayoría residen en pueblos lejanos como Castelli, Los Frentones, Pampa del Infierno) y viajar a Resistencia porque no hay conectividad en sus zonas, cuando hasta ahora lo podían hacer a través de la Dirección de Bosques.

Desde la zona de Castelli no dudaron en decir que: “Ganó Resistencia. Creo que todo el manejo forestal vuelve a la capital y la burocracia y a manos de gente que no tiene idea del sector”. De ser así, sería una gran contradicción. Pero hay cuestiones en las cuales el sector forestal también tiene que reaccionar y hacer su autocrítica.

¿Por qué no se reforestó en tantas décadas?

Es difícil hacer un análisis creíble, sin admitir errores y destacar fortalezas. La política forestal en el Chaco, más allá de sus cuestionamientos, registró avances significativos que se admiran y se resaltan a nivel país: el valor agregado y la mano de obra que emplea, generó la puesta en marcha por ejemplo del Convenio de Corresponsabilidad Gremial y el desarrollo de la industria del mueble. La industrialización de productos como el poste, el carbón, los muebles, entre otros, es uno de los componentes industriales de la provincia, que generan valor agregado a los productos forestales, de que otras provincias no disponen. Eso es valorable. Esto se debió al sostenimiento y mantenimiento de políticas públicas con el tiempo.

¿Se puede decir lo mismo, en cuanto a fortalezas, en lo que se refiere a forestación? Los productores no dudan en decir que esta línea de gestión no se mantuvo con el mismo ímpetu. Los factores son diversos. Primero, se separó el área de Forestación de la Dirección de Bosques que gestiona los permisos y los planes de manejo de bosques nativos. No existió un fondo provincial que financie la Forestación a cargo del Estado y que no se vea condicionada a la iniciativa privada la reposición de madera.

Esta situación llevó a que el Chaco en la actualidad no registre el mismo nivel de reposición de madera que el que se aprovecha para la industria.

¿Acaso se puede negar que los planes de forestación tienen que estar dirigidos en dos direcciones? Una, incentivando al sector privado promocionando la utilización de los beneficios de la ley nacional 25080 que lleva adelante el Ministerio de Agroindustria de la Nación, y por otro con forestaciones propias de especies nativas y exóticas, que garanticen de materia prima a la industria forestal local.

Un frente de discusión innecesario

Es necesario advertir la valoración que hacen los productores tanto agrícolas como ganaderos y forestales hacia la gestión de Sebastián Lifton como ministro de Producción, Industria y Empleo. Cuando Jorge Capitanich lo confirmó como ministro, el sector productivo e industrial celebró tal designación.

Ahora, la cuestión que se debate en la actualidad, sobre si la competencia de Bosques debería estar centrado en Ambiente o Producción, no tiene sentido práctico. Es claro el trabajo que queda por hacer, mejorar la producción y la industria a través de forestaciones que quiten la presión sobre el bosque nativo, y no perder el tiempo en discusiones que confunden a la opinión pública y hacen reaccionar a un sector dinámico que no pide subsidios, no corta rutas, no hace piquetes y solo aporta a las arcas del Estado.

Datos para tener en cuenta

El 90% de los desmontes, con permiso que se dan, son todos menos de 200 hectáreas. La mayoría de los permisos de aprovechamiento, por lo general, son de pequeños productores.

Los silvopastoriles están en un promedio de 150 hectáreas. Todos estos cambios que se pretenden hacer van a afectar al pequeño y mediano productor que para averiguar por un trámite, teniendo al delegado de Bosques al lado, sin embargo va a tener que ir a Resistencia a ver cómo van sus tramitaciones.

Por eso, se advierte que podría tratarse de una discusión innecesaria, en medio de un Chaco que tiene tremendas necesidades de seguir generando actividad económica.

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