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Renunciaron a sus trabajos para viajar por Sudamérica

“El viaje fue un antes y un después en nuestra vida”. La afirmación es lo primero que compartieron cuando llegaron a Resistencia en septiembre de 2019. Una caravana de vehículos esperaba a la pareja que había partido en octubre de 2018 sin rumbo del todo definido. Los dos contadores de 28 años hicieron una pausa en su vida laboral, familiar y social para emprender una aventura bastante fuera de lo común. Al menos para ellos.

Fotos de Miguel A. Romero y del Facebook de Vero y Gaby

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Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y República Dominicana, los países que recorrieron en una aventura convertida en misión.

Verónica Latorre y Gabriel Martínez se habían casado pocos meses antes y emprendían la consolidación de varios proyectos.  “A mí me da un poco de nostalgia hablar”, confiesa Gabriel a media mañana de un fin de semana de febrero. “Cuando recién llegamos estábamos más duchos pero algo nos ponemos un poco nerviosos”, contextualiza Verónica, en la primera de varias intervenciones en las que indistintamente se complementan como piezas de relojería.

Pero ¡renunciaron a sus trabajos para conocer Latinoamérica!

Verónica: Uno de los errores que cometimos al regreso fue decir que estábamos estresados y cansados de la rutina, cuando en realidad había algo más profundo.

Gabriel: Habíamos puesto fecha a la salida varios meses antes.

¿Fue todo planificado?

G: Más o menos.

V: El viajero y aventurero siempre fue él. Desde adolescente. Se compró una moto para eso. Y cuando fuimos novios hicimos varios viajes juntos. Yo soy más la estudiosa, la que tenía planificada su vida. Hasta que se produjo un clic en los dos y decidimos que si no lo hacíamos ahora, cuándo. Varias personas nos piden detalles y no sabemos bien cómo pasó. Sí sabemos que lo deseábamos hace tiempo.  

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La rutina hizo que la experiencia hoy se abrevie en dos palabras: el viaje, cuenta un histriónico Gabriel que tranquilamente podría dar charlas motivacionales.

¿Cuánto tiempo llevan juntos?

G: Nos pusimos de novios en junio de 2016.

V: Hasta ese momento fuimos amigos en toda la facultad, unos seis a siete años.  

G: Y nunca pasó nada entre los dos, nada raro, siempre amigos. Pero  cuatro días antes de recibirme, me enamoré de ella.  

V: Su plan era recibirse y viajar a Machu Picchu. La idea era que si todo salía bien seguía viaje sin certeza de regreso.   

G: Siempre quise hacer un viaje largo pero por alguna excusa ese plan no se daba.

V: Se pospuso por un examen, por un trabajo y porque aparecí yo, y así. Era como que nunca se iba a cumplir.

Como en la película de animación UP

G: ¡Claro! Exactamente, la de los globos.

V: Después de casarnos accedimos a un crédito hipotecario para hacer la casita, yo ya tenía un trabajo estable y a él lo podían ascender. Para entonces el proyecto de viajar era de los dos, ya no de él. Sentíamos que cada vez más se alejaba el sueño de irnos.  

G: Yo pensaba en hacer un posgrado en Colombia o en alguna forma de salir por otro medio ¡Algo! Hasta que ella me dijo un día: ‘¿Y si renunciamos y nos vamos?’ Y ni ahí  que le creí.  

O sea que ella dio el empujoncito

V: Es que a partir de haber tomado la decisión, te das cuenta de que todo lo demás se va dando, se allana el camino. Acordamos con amigos que buscaban alquilar una casa para que se queden en la nuestra pagando solamente la cuota, en lugar de un alquiler. Teníamos algunos ahorros por si se necesitaba para algo importante y durante el viaje fuimos trabajando para pagar la gasolina, porque el hospedaje y comida resolvimos de otra forma. Con redes de moteros que reciben solidariamente a los de distintos países, por ejemplo. Nunca nos faltó un techo.   

G: También nos dimos algún gustito. Como dormir en un hotel. Y cuando se trabajaba bien, hacíamos algo extra sin tocar los ahorros.  

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¿Cómo se solventaban todo lo demás?

G: Yo hacía unos llaveros con una parte de una cadena de distribución del motor de la moto, rodeando monedas de cada país. También vendimos piza en Ecuador, torta frita en Bolivia, pororó o bombones de chocolate en la vía pública, donde estuviéramos. Una casa de motos nos dio remeras y algunos artículos para vender, también.   

V: Nosotros no queríamos hacer acuerdos de publicidad con un espónsor porque te limita, acorta la libertad de elegir rutas y horarios para hacer las cosas.   

G: Pero lo de la ropa no fue buscado, sino devolverle el gesto a un amigo que nos albergó en su casa en Colombia. Lo único que nos pidió fue si podíamos tomarnos unas fotos en algunas ciudades con su indumentaria.

V: También trabajamos de meseros (mozos) y de recepcionista.

G: Yo estuve a cargo de una cocina en Montañita, Ecuador, ¡donde comen banana frita! (dedos en puñito seguido de carcajadas). Me enseñaron a hacer unos bolones de queso y chicharrón riquísimos pero que jamás vimos antes ni por la tele. En realidad hay muchas herramientas para viajar por largos periodos, por ejemplo una aplicación donde hay hoteles que necesitan voluntarios para trabajo temporario en varios roles a cambio de hospedaje y comida.

V: Depende de cómo cada uno viva cada momento. Si vas con la idea de disfrutar la naturaleza y trabajar, no es lo mismo quien se va con otro plan.   

En Copacabana, Bolivia, por ejemplo, pasamos las Fiestas. Fue todo un tema porque como somos muy familieros analizamos regresar. Pero nuestro mentor Nicolás Mango Marri nos aconsejó que lo pensemos, porque no era un momento propicio. Le pregunté a Gabriel adónde queríamos ir realmente y para qué, si nuestra familia somos nosotros.  

G: Llevábamos tres meses casados. No sabíamos dónde estábamos todavía.

V: Nos dimos cuenta de que empezar a formar nuestra familia exigía ser conscientes de eso. Fue un golpe duro y bastante valiente. Entonces dijimos nos quedamos.  

Una experiencia espiritual

Los dos coinciden que la decisión de pasar la Navidad y Año Nuevo lejos de familiares y amigos fue un paso importante y los hizo crecer.

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“Los atardeceres son siempre los mismos”, les dijo Nico, mentor de la pareja viajera que hoy espera un tercer integrante que nacería en el invierno.

Que después de llorar y aceptar cenaron en un bar y recibieron la Navidad en una iglesia, que justo celebraba misa a la medianoche. A la salida fueron a una plaza y se encontraron con una veintena de argentinos mochileros, que los hicieron sentir otra vez como en casa.   

¿Son creyentes los dos?

G: Sí, católicos. El tema de la religión es súperimportante. Nuestra comunidad es la del San Javier y nos costó salir porque pensaba que debía ser difícil encontrar a Dios en otro lado. Sin embargo este viaje fue una experiencia espiritual muy fuerte. No lo hablamos con mucha gente porque no lo quiere escuchar, pero siento que encontré a Dios todo el tiempo.  

V: El pilar de nuestra vida es Dios y nuestros principios se basan en la iglesia católica, en valores como amar al prójimo, la solidaridad. Más allá de eso compartimos con personas de otras religiones, cualquiera sea la forma.

G: El amor es algo muy fuerte. Es el que desarrollamos nosotros para nuestra vida y el que fuimos encontrando en las familias que nos albergaron, que nos abrieron las puertas de su casa sin conocernos.

V: Fue un sorprendernos todos los días.

G: Antes de viajar fuimos a hablar con Marcelo, nuestro sacerdote, en busca de una guía, porque queríamos misionar.

V: Y nos dijo 'chicos ustedes planifique el viaje que de lo demás se encarga Dios'. Hoy sentimos que hicimos una misión sin estampitas ni imágenes religiosas. Nos fuimos dando cuenta de todo con el tiempo.   

El reencuentro y los abrazos más importantes  

El 1 de enero Gabriel escribió un largo posteo en el que de alguna manera dio un cierre a una cuenta que los acompañó una travesía de once meses y aquí transcribimos en parte.

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Uno de los llaveritos que fabricaban y les permitió comprar combustible. El Facebook de los protagonistas es: "Gabi y Vero por Sudamérica".

“Feliz año nuevo. La alegría y exaltación de los primeros días de la llegada, la tristeza posviaje, y la vuelta a la rutina nos mantuvo bastante movilizados. ¡La llegada fue hermosa! No imaginábamos algo así, muchos motociclistas en caravana, muchos conocidos y otros no tanto. ¡Nos abrazaban como si nos conocieran, porque así era! Nos seguían tanto por las redes que nos conocían, pero nosotros (todavía) no a ellos. ¡Los abrazábamos de la misma manera! ¡Porque ese cariño que recibís es imposible no empatizar!

En medio de esa locura, de ese frenesí, estaban nuestros padres. Ese abrazo que durante casi un año lo esperábamos, lo soñamos, imaginábamos, así fue. ¡La vi a mi madre, parada, esperándome con ojos llorosos, no me importaba absolutamente nada más, me saqué el casco como pude, corrí, y la abracé como nunca!  Luego vi a mi padre, llorando de solo vernos, sus lágrimas me dicen todo, a mi padre lo vi llorar cuatro veces, por la muerte de mi abuela, en mi casamiento, mi recibida y esta vez. El tercer abrazo fue el de mi suegro, fue realmente más largo de lo que pensaba, “vos prometiste cuidarla a mi hija, y así lo hiciste. Gracias”, me dijo, fue muy gratificante.

Luego de la llegada y la microfama que nos valió este viaje, pasaron los días y todo volvió a la normalidad. Volví a mi emprendimiento de chipá mbocá (Kesú, Colón y Alem) a mi estudio contable (MR & Asociados: 9 de Julio 1.785) y ahora también vendo productos de limpieza en cantidad a domicilio (Limpio Max).

Produce un poco de tristeza pensar en que hicimos lo que muchos quieren hacer y no pueden, pero sobre todo, logramos cumplir un sueño que pensamos que era imposible. Hicimos casi 30.000 km alrededor de Latinoamérica, y aun así, no significa nada, pero para nosotros significaba todo. Volvimos a los de siempre, pero ya no somos los mismos. Cambiamos nuestra forma de ver las cosas, de valorar, de trabajar, de hablar con la gente. Eliminamos por completo el prejuicio de “la gente es mala” y tratamos, cuando podemos, de hablar de lo hermosa y buena que es la gente en el mundo (me refiero a mundo a tu barrio, ciudad, país). Aprendimos mil cosas que hoy nos hacen ver y pensar distinto.

¡Queremos contarles una noticia realmente hermosa... estamos embarazados! ¡Estamos muy muy felices!

Vero está embarazada de casi cuatro meses y pensamos en todo lo que aprendimos y todo lo que nos falta por aprender.  La enorme cantidad de personas que conocimos y todo ese amor que logramos entender del uno al otro, hoy se resume en un solo término “el viaje”. Reconforta saber, o implementar lo más preciado que aprendimos, y es que viajar no es cuán rápido o lejos puedas moverte, viajar es mirar a tu alrededor con ojos de viajero, maravillarte con las pequeñas cosas y buscar la sorpresa constantemente, planificar lo suficiente para saber adonde vas pero perdiendo un poco el control para dejarte sorprender por la vida constantemente, “el viaje” hoy lo seguimos viviendo, esa travesía todavía no terminó, y probablemente nunca termine. Lo más preciado que aprendimos, es que nos falta muchísimo por aprender, es que “la vida es un viaje”.

En los agradecimientos están Magali Princich y Francisco Peñalver, que cuidaron su casa, y a Cofradia XIII y a moteros que los acompañaron.

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