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Poesía para gatos

Cientos de escritoras, escritores, pintores, artistas múltiples le han dedicado su obra estos mamíferos. Aquí una pequeña muestra, Poesía de Olga Orozco, Thomas Eliot y Jorge Luis Borges. Acompañan estos textos imágenes de Goti y Juanita. Les amamos.

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Goti y Juanita

Canto a Berenice XVI

Olga Orozco

No invento para ti un miserable paraíso de momias de ratones,

tan ajeno a tus huesos como el fósil del último Kinvierno en el desván;

ni absurdas metamorfosis, ni vanos espejeos de leyendas doradas.

Sé que preferirías ser tú misma,

esa protagonista de menudos sucesos archivados en dos o tres memorias

y en los anales azarosos del viento.

Pero tampoco puedo abandonarte a un mutilado calco de este mundo

donde estés esperándome, esperando,

junto a tus indefensas y ya sobrenaturales pertenencias

-un cuenco, un almohadón, una cesta y un plato-,

igual que una inmigrante que transporta en un fardo el fantasmal

                                                 [resumen del pasado.

Y qué cárcel tan pobre elegirías

si te quedaras ciega, plegada entre los bordes mezquinos de este libro

como una humilde flor, como un pálido signo que perdió su sentido.

¿No hay otro cielo allá para buscarte?

¿No hay acaso un lugar, una mágica estampa iluminada,

en esas fundaciOones de papel transparente que erigieron los grandes,

ellos, los señores de la mirada larga y al trasluz,

Kipling, Mallarmé, Carroll, Eliot o Baudelaire,

para alojar a otras indescifrables criaturas como tú,

como tú prisioneras en el lazo de oscuros jeroglíficos que las ciñe a tu especie?

¿No hay una dulce abuela con manos de alhucema y mejillas de miel

bordando relicarios con aquellos escasos momentos de dicha que tuvimos,

arrancando malezas de un jardín donde se multiplica el desarraigo,

revolviendo en la olla donde vuelven a unirse las sustancias de la separación?

Te remito a ese amparo.

Pero reclamo para ti una silla en la feria de las tentaciones;

ningún trono de honor,

sino una simple silla a la intemperie para poder saltar hacia el amor:

esa gran aventura que hace rodar sus dados como abismos errantes.

El paraíso incierto y sin vivir.

El nombre de los gatos

Thomas Eliot

Ponerle nombre a un gato, no te asombres

es cosa complicada y no banal.

Seguro que piensas que estoy muy mal,

pero es que un gato ha de tener tres nombres.

De ponerle el primer nombre se encarga

la familia. Serán nombres de gente

común: Pedro, Gabriel, Ana, Vicente.

Ya veis, la lista puede ser muy larga.

Claro que algunos prefieren la opción

de emplear nombres más rebuscados

en los eufónicos tiempos pasados:

Electra, Godofredo, Napoleón.

Pero los gatos, que son muy soberbios,

han de emplear apodos contundentes

que les ayuden a ir entre las gentes

con paso firme y sin perder los nervios.

Son nombres que no podrás pronunciar

sin trabucarte: Munkustrap, Walstato,

Bombabulina, Explorer. Cada gato

ostenta así un nombre particular.

Queda otro nombre, pero no hay accesos.

Sólo el gato conoce el tercer nombre

y nunca lo dirá a un hombre

por mucho que lo mimen con mil besos.

Así que, cuando un gato ensimismado

contemples, es seguro que, coqueto,

en su mente repite el gran secreto,

como un mantra sagrado

impronunciable

pronunciable

pronuncimpronunciable

inescrutable, hondo, singular,

su Nombre de verdad.

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Juanita

A un gato

Jorge Luis Borges

No son más silenciosos los espejos

Ni más furtiva el alba aventurera;

Eres, bajo la luna, esa pantera

Que nos es dado divisar de lejos.

Por obra indescifrable de un decreto

Divino, te buscamos vanamente;

Más remoto que el Ganges y el poniente,

Tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa

Caricia de mi mano.

Has admitido,

Desde esa eternidad que ya es olvido,

El amor de la mano recelosa.

En otro tiempo estás.

Eres el dueño

de un ámbito cerrado como un sueño.

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