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La solidaridad comienza por casa

Es una buena idea intentar salir de una de las muchas crisis que soportamos acudiendo a la solidaridad. Pero una solidaridad de veras y que empiece por casa. De lo contrario el intento está destinado al fracaso.

Es una buena idea intentar salir de una de las muchas crisis que soportamos acudiendo a la solidaridad. Pero una solidaridad de veras y que empiece por casa. De lo contrario el intento está destinado al fracaso.

Cuando decimos que tiene que empezar por casa, es por el accionar de políticos, funcionarios, diputados, senadores, intendentes, jueces, fiscales, dirigentes gremiales, que deben dar el ejemplo porque para eso están al frente de grandes grupos humanos. Mientras no se tenga ese ejemplo, todo intento será vano.

Es solidaridad que dejen de lado los privilegios que tienen sobre el resto de los ciudadanos, las prerrogativas, la falta de acción, las indefinidas vacaciones pagas, los favores continuos a familiares y amigos, la falta de iniciativas, la falta de conocimiento de la realidad, el hacer lo imposible para llegar a los cargos y después no querer irse más y reciclarse de por vida, de concejal a intendente, de intendente a gobernador, de gobernador a diputado nacional, a senador, a ministro, a asesor y a tantos otros nichos.

Que demuestren con hechos que no están en ninguna de estas trapisondas, que muestren una vida austera, que se rompan el alma trabajando por la gente y que, cuando terminen sus períodos, se vayan a descansar y vuelvan a sus actividades normales y no se queden como “asesores” y vegetando de por vida hasta obtener una jubilación de privilegio. Este debería ser el sentido de la palabra “solidaridad” que se ha puesto tan de moda.

TODOS SOLIDARIOS

Y como para ser concretos, los legisladores (diputados, senadores) tanto nacionales como provinciales, deben tomar en serio su tarea de representantes de todos. Es un escándalo que sesionen menos de veinte veces al año, con decisiones ya tomadas de antemano, según la fuerza de los números y no de la racionalidad. Que además sean figuras decorativas que no incidan para nada en la vida de los ciudadanos. Que sean obsecuentes empleados de una escribanía.

Y los empresarios deben ser solidarios, no buscar ganar cada vez más en cada decisión y aumentar por las dudas sus productos. Renunciar de alguna manera a algún punto del margen de ganancia, porque su vida depende de quién le compra. Deben dejarse de aparentar dejar diez para, en realidad, ganar cien.

Y los gremios, más allá de defender sus derechos, dejen de perjudicar a los demás como en el caso del transporte, que apenas tienen un día de retraso en el cobro, dejan sin servicios a todos los demás, seguro, mucho más pobres que ellos. Tampoco es solidaridad que empleados de la salud dejen sin atención a los más humildes, por sus justos reclamos. Busquen otra manera de protestar más efectiva

. Tampoco son solidarios los piqueteros que impiden el tránsito a muchos que necesitan trasladarse por la ciudad y hacer trámites de todo tipo. Lo mismo los empleados públicos que atienden servicios. Rascarse para adentro y perjudicar a los demás como hoy parece ser la regla general, no es solidaridad.

Buena es la idea de ser solidarios, pero que empiecen los de arriba a darnos el ejemplo. No lo vemos en los políticos, en los funcionarios, en los gremialistas, en los trabajadores que tienen la suerte de tener gremios que los respalden. Uno hace solidaridad con el fruto desu trabajo, con su tiempo, es decir con algo que le pertenece para ayudar a otro. Ahora, hacer solidaridad con el dinero de otros, lejos está de ser un acto de desprendimiento voluntario. Repartir lo que pertenece a otros, tampoco lo es.

Los ciudadanos del país, de la provincia, de las ciudades y del campo no necesitamos que nos atosiguen de anuncios, sí que se cumplan en un mínimo porcentaje. Necesitamos hechos concretos. Ejemplos.

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