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La gestión Iguacel-Dietrich dejó Vialidad poblada de gerentes y con obras abandonadas

En cuatro años se hicieron 365 km de 4.000 de autopistas y no se concretó ninguna de las promocionadas “rutas seguras”.

La gestión macrista dejo a la entidad sembrada de jerárquicos con sueldos descomunales que ahora pretenden doble indemnización por despido mientras siguen gerenciando empresas contratistas del Estado, otros dejaron oficinas cerradas con llave y no entregaron las pertenencias del Estado: auto, computadora y celular. Un informe del diario Página 12 firmado por Raúl Kollman da cuenta de que “los gerentes ejecutivos de Vialidad Nacional pasaron de ser 49 en 2015 a 134 en 2019: el sueldo que se llevaron esos 85 nuevos jerárquicos, que no hicieron su carrera en Vialidad sino en empresas contratistas, fue de 230.000 pesos cada uno, en promedio. 

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El acceso sur de Resistencia “sobrevivió” a cuatro años de gestión macrista cuando ya venía demorado. Una muestra de cómo Vialidad Nacional abandonó a las provincias.

La trama no es solo de sueldos: el gerente de una empresa contratista pasó a ser gerente Ejecutivo de Licitaciones y Compras de Vialidad, con lo cual adjudicó licitaciones y obras la empresa a la que pertenecía. El modelo comandado por Javier Iguacel y Guillermo Dietrich se repitió una y otra vez. Pero hay más, los 85 gerentes ejecutivos nuevos, con sueldos gigantescos, no sirvieron para hacer más obras sino para hacer menos obras. No se ha escuchado a Adolfo Prat Gay, que hablaba de la “grasa militante” respecto de empleados que ganaban 30.000 pesos, decir algo ahora de “los gerentes champagne” de 230.000 pesos mensuales.

Las dos organizaciones gremiales de Vialidad -Sindicato de Trabajadores de Vialidad y la Federación del Personal de Vialidad Nacional- venían denunciando el insólito crecimiento de la cantidad de gerencias, subgerencias y direcciones armadas por la administración Cambiemos.

El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, se encontró con un panorama asombroso.

No solo hay un freno casi total de la obra pública, sino que al mismo tiempo se designaron 85 nuevos cargos de gerentes ejecutivos, lo que significó un aumento de la estructura -y de los costos- del 173 por ciento. La categoría creada, “gerente ejecutivo”, implica que los que ocupan ese lugar se llevan, en el bolsillo, 190.000 pesos mensuales, aunque muchos se llevan aún más. Esos 85 gerentes ejecutivos no provienen de la carrera de Vialidad Nacional sino que provinieron, en la mayoría de los casos, de las empresas concesionarias o constructoras que hacían negocios con Vialidad.

LOS DOS LADOS DEL MOSTRADOR

Durante la gestión macrista hubo una puerta giratoria donde los ejecutivos de empresas ingresaron al Estado y luego volvieron a las empresas, o sea que estuvieron virtualmente de los dos lados del mostrador. La gestión en Vialidad no fue la excepción sino todo lo contrario. El gerente ejecutivo de Licitaciones y Compras, Roger Botto, fue gerente del Grupo Abertis, en el que tiene un papel preponderante el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y que es socio de Ausol, la concesionaria de la Panamericana, en sociedad con el Grupo Macri. De hecho, Botto fue director suplente de Autopistas del Sol. Hoy la justicia investiga la forma en la que el gobierno de Cambiemos aumentó los peajes y después Macri vendió su parte en Ausol, con acciones que subieron de cuatro pesos a 75,50.

El gerente ejecutivo de Asuntos Jurídicos fue Ricardo Stoddart, socio en el estudio jurídico Marval, O’Farrel & Mayral, precisamente el que representó a Ausol en la renegociación del contrato de concesión. Judicialmente también se investiga un grotesco pago que le hizo el estado a Ausol alegando que había una demanda ante el Ciadi, el tribunal que depende del Banco Mundial. El gerente de obras fue el ingeniero Mariano López, ex coordinador de Control de Gestión de Iecsa, la empresa que era del primo de Macri, Angelo Calcaterra.

 

Más negocios, menos eficiencia

El crecimiento de la estructura gerencial de Vialidad Nacional podría tener como razón el desarrollo de más obras, más proyectos, un plan arrollador. Pero la realidad fue exactamente la contraria: una verdadera hecatombe de la obra pública, un desastre absoluto del Plan Federal Vial, al punto que los sindicatos pidieron que se declare la Emergencia Vial porque ni siquiera se estaba haciendo el mantenimiento de lo construido antes y empezaba a haber peligro de accidentes en algunas rutas.

Un caso emblemático del NEA es el acceso sur de la ciudad capital del Chaco, un pandemonium de obras a medio hacer sin seguridad y nadie que se haga cargo de señalizar el peligro en horas de la noche, de lo cual daban cuenta decenas de barriles pintados con huellas de haber sido golpeados, principalmente, por camiones hasta que en el último año fueron reemplazados por tambores plasticos en desuso.

El macrismo creó el concepto de rutas seguras, que implica mejoras al sistema de solo un carril por sentido, algo que fue bienvenido teniendo en cuenta la realidad y peligrosidad de la ruta Nacional 16 desde Makallé hasta Presidencia Roque Saenz Peña o la Nacional 11 desde Resistencia a Formosa. La base es un tercer carril en el medio y banquinas pavimentadas: se trató de una idea para no hacer tanta inversión en autopistas.

El proyecto incluía 4.000 kilómetros de rutas seguras, pero no se construyó ni uno solo y sólo se puso énfasis en la repavimentación, la alternativa más barata y rápida. En su último año de gestión, el macrismo ni siquiera utilizó el presupuesto asignado. Se presupuestaron 96.000 millones de pesos y se devengaron 55.000 millones, lo que muestra los niveles de ajuste y de fracaso. Semejante recorte no provocó una reducción de jerárquicos sino todo lo contrario, un asombroso aumento. La explicación es que el objetivo no era la eficiencia del Estado, sino concretar negocios. Y ahí es donde cobraban importancia los gerentes-champagne ubicados a ambos lados del mostrador. Atendieron como representantes de Vialidad y como nexos con concesionarias y constructoras. Todo al mismo tiempo.