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NECESITA UNA ALIMENTACIÓN ESPECIAL QUE DEBE COMPRARSE EN EL EXTERIOR CON DÓLARES

El cepo cambiario le puso cuenta regresiva a la vida de un joven

Matías Nahuel Alarcón no puede consumir proteínas. Sus alimentos son carísimos y hoy representan más de 300.000 pesos cada mes.

Las medidas gubernamentales, muchas veces, se adoptan sin tener en cuenta la manera en que pueden afectar a personas que se encuentran en situaciones atípicas. A veces se trata de simples trastornos en la vida cotidiana, en otras ocasiones no tener en cuenta a las excepciones puede ser gravísimo para quienes resultan víctimas de esa falta de previsión en las autoridades.

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Abel Alarcón y su hijo Nahuel, que necesita de una alimentación especial, carísima, que solo se consigue en el exterior. El cepo cambiario le impide comprarla.

Lo segundo es lo que le está tocando vivir a Matías Nahuel Alarcón y sus padres. El joven, de 30 años, padece fenilcetonuria, una enfermedad congénita que no le fue detectada a tiempo por los médicos que lo atendieron al nacer y que ahora lo hace totalmente dependiente de una alimentación carísima que sólo puede ser adquirida en el exterior del país y con dólares.

El cepo cambiario dispuesto por el gobierno de Mauricio Macri y confirmado por la gestion de Alberto Fernández es ahora, para la vida de Nahuel, una amenaza concreta y hasta ahora infranqueable.

CONTRARRELOJ

Antes de las restricciones para la compra y venta de dólares, la operatoria de la familila Alarcón era relativamente sencilla, aunque las sucesivas devaluaciones y esporádicas demoras burocráticas en el INSSSEP (la obra social de Nahuel) sumaban inconvenientes transitorios.

Pero fuera de esos problemas circunstanciales, la asistencia funcionaba: la obra social entregaba a Abel Alarcón, padre de Nahuel, la cantidad de pesos suficiente para comprar los dólares necesarios para la compra de alimentos especiales en el exterior, Abel los cambiaba en el Banco del Chaco (la entidad oficial definida por el INSSSEP), presentaba al Instituto los comprobantes correspondientes y con los dólares pagaba la importación de productos.

Ahora, el cepo cambió todo. “Estoy desesperado, tenemos alimentos de los que puede consumir Nahuel para un mes y medio y luego de eso estará en riesgo concreto de morir”, explicó a NORTE el padre del joven.

Ahora espera una medida oficial que evite el drama.

EL PROBLEMA

¿Por qué el cepo cambiario pone en riesgo de morir a Matías Nahuel Alarcón? La explicación es sencilla.

El joven padece una enfermedad que le impide consumir proteínas. Si comiese alimentos comunes, en poco tiempo moriría intoxicado, como si en lugar de comida hubiese ingerido paulatinas dosis de veneno.

Su obra social, el INSSSEP, provee a Abel Alarcón, padre de Nahuel, de una cantidad de pesos equivalente a la cantidad de dólares que hacen falta para pagar la alimentación del muchacho.

Ese dinero se entrega a la cotización oficial del dólar (hoy aproximadamente 63 pesos), pero el cepo permite comprar no más de 200 dólares por persona cada mes, y con un recargo del 30%.
Nahuel necesita aproximadamente 5.000 dólares mensuales en alimentos especiales. No sólo que Abel no puede hacer hoy ninguna compra de esa cantidad de billetes en el mercado oficial, sino que aunque pudiera hacerlo debería hacerlo pagando un “impuesto solidario” de más de 100.000 pesos cada mes.

“Antes el importador de estos alimentos nos recibía los pesos al cambio oficial, pero ahora nos pide los dólares físicos porque ellos tampoco los pueden comprar libremente”, dice Abel, con tono desesperado.
“Lo que espero es que alguna autoridad nacional, algún legislador del Congreso, se den por enterados de lo que nos pasa a nosotros y a otras 50 familias en el país, que tienen en sus senos casos como el de Nahuel, para que establezcan una excepción al cepo”.

FUERZA DE PADRE

Abel Alarcón, el padre de Nahuel, por momentos parece a punto de quebrarse. Pero su llanto inminente siempre queda al borde de la puerta de salida. Como si hubiese dispuestos para sí mismo una prohibición de llorar, cuando la mirada comienza a nublarse, él se recompone y retoma la charla saliendo del paso.

Pero Abel es un hombre que lleva sobre las espaldas una lucha de treinta años, los mismos de vida de su hijo, que padece un severo retraso mental por efecto de la fenilcetonuria, la enfermedad que no le fue detectada a tiempo por la desidia de un mal pediatra. “Nos dijo a mi esposa y a mí que si el bebé era tan gordito no podía estar enfermo, y no prescribió el análisis que hubiera permitido detectar su problema y tratarlo”, cuenta.

El diagnóstico llegó recién cuando el chico tenía 2 años. “Todos decían que lo suyo era epilepsia. Hasta que me hablaron de un médico que en Buenos Aires podía verlo. Tener un turno con él salía 4.000 dólares. Vendí el terreno y la casa que había empezado a construir, y con eso pude llevar a Nahuel. Él nos dijo lo que tenía”, recuerda.

De repente, tuvo que ver (en tiempos en los que no existía internet) cómo conseguir los alimentos que puede consumir su hijo. Entonces Abel estudió para ser radioaficionado y así pudo averiguar sobre dónde comprar la comida apta. Era en países de Europa. Y fue a la oficina de Aerolíneas Argentinas a pedir ayuda para traerla al país. Decenas de azafatas hicieron una cadena solidaria para llevar el dinero que él entregaba y regresar de sus viajes con los alimentos encomendados. “Jamás me faltó un dólar, y esa gente ni me conocía”, recuerda con gratitud.

LA ENFERMEDAD

La fenilcetonuria es un trastorno hereditario poco frecuente que provoca la acumulación en el organismo de un aminoácido denominado fenilalanina. La fenilcetonuria es causada por un defecto en el gen que ayuda a crear la enzima necesaria para descomponer la fenilalanina, explica el sitio médico Clinic Mayo.

Sin la enzima necesaria para procesar la fenilalanina, puede formarse una peligrosa acumulación si una persona con fenilcetonuria come alimentos con alto contenido de proteínas o ingiere aspartamo ùedulcorante artificialù. Esto puede provocar, con el tiempo, graves problemas de salud, incluso la muerte.

Muchos países -la Argentina entre ellos- prevén un análisis de los recién nacidos que se realiza mediante una extracción de sangre en el talón. La detección temprana permite un tratamiento que evita que la enfermedad provoque daños serios al niño en su desarrollo, incluyendo aquellos muy serios que ocasiona en el sistema neurológico.

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