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Brechas de género en la adolescencia

Un estudio realizado por el Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer en países en desarrollo reveló que las niñas de entre 5 y 14 años pasan un 40 por ciento más de tiempo realizando tareas en el hogar que los niños de su edad. En la mayoría de los casos, el problema lejos de resolverse se agrava a medida que las niñas se acercan a la edad adulta. De esta manera, pierden oportunidades educativas y laborales. Por eso es necesario poner en tela de juicio los estereotipos que han contribuido con la asignación de determinados roles a varones y mujeres, ya desde edades tempranas.

Según el informe elaborado por expertas de este centro internacional, que tiene su sede en Washington, las adolescentes suelen estar en desventaja tanto por su edad como por su género. En ese sentido, el documento de esta organización no gubernamental que vela por los derechos de las niñas y las mujeres subraya que la adolescencia es la etapa de la vida en la que las normas y los estereotipos de género se afianzan, y las adolescentes en particular enfrentan una presión intensa para cumplir con las expectativas de género sobre su papel en la vida que limitan sus aspiraciones y oportunidades. A modo de ejemplo, se cita el caso de las niñas que se ven obligadas a casarse poco después de la pubertad, en la mayoría de los casos con hombres mucho mayores. Como resultado de esta situación, su educación y oportunidades para relacionarse con sus pares generalmente se reducen en forma notable. Además, en la mayoría de los países, se espera que las niñas realicen tareas domésticas, como cuidar a los hermanos menores o miembros de la familia mayores, además de cumplir con otras obligaciones propias de la vida en el hogar, lo que se traduce en menores posibilidades de que las niñas dediquen más tiempo a la educación y a la formación profesional. Con el paso de los años, cuando intenta ingresar al mundo laboral lo más probable es que consiga empleos menos remunerados en comparación con un varón de su misma edad. Por esta razón, se plantea la necesidad de ofrecer alternativas para que los roles de cuidado no recaigan exclusivamente sobre las mujeres ni les impida el desarrollo educativo o profesional.

El informe del Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer revela, además, que las jóvenes de entre 15 y 24 años tienen tres veces más probabilidades que los varones de ese rango de edad de pertenecer al grupo de personas que ni estudian ni trabajan, como producto de la sobrecarga de responsabilidades femeninas que, como está demostrado, se traduce en profundas desigualdades en la participación laboral, económica, social, política y cultural de las mujeres.

Por otra parte, señala que el matrimonio y el embarazo precoz colocan barreras adicionales para la participación de las niñas y adolescentes; y señala que, cada año, en los países en desarrollo 12 millones de niñas se casan antes de los 18; mientras que 16 millones de niñas de entre 15 y 19 años y 2,5 millones de chicas menores de 16 tienen hijos o hijas. “Las niñas que se casan jóvenes tienen muchas menos probabilidades de completar sus estudios secundarios, lo cual a su vez disminuye sus potenciales ingresos como adultas y, por lo tanto, reduce el potencial económico de su familia”, resalta el documento en un párrafo en el que se describen costumbres que siguen arraigadas en muchos países de América Latina.

Es necesario, entonces, poner en evidencia esta distribución jerárquica e inequitativa de las tareas de cuidado, que se constituyen en uno de los principales ejes de inequidad social entre varones y mujeres en la mayoría de los países. La Argentina, lamentablemente, no es la excepción y por eso es necesario que el conjunto de la sociedad revise el paradigma cultural (muchas veces alimentado por publicidades y programas de televisión) que hace que sea posible esta situación de injusticia que atenta contra el derecho de las mujeres.

La comunidad debe generar nuevos espacios de reflexión que ayuden a comprender por qué las niñas y adolescentes enfrentan estas desventajas y, a la vez, sirvan para proponer acciones que permitan abordar el problema y superarlo de la mejor manera.

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