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Más guerras con menos estrategia

Los principales medios internacionales no dudaron en calificar los asesinatos del general iraní Qasem Soleimani y del iraquí Abu Mahdi al-Muhandis (líder de la milicia Kataib Hezbollah de ese país) como el hecho más trascendente de la guerra no declarada que desde hace tres años Donald Trump lleva adelante contra la República Islámica de Irán.

   

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-¡Míster president, los iraníes ven esto como un acto de guerra! ¡Hemos hecho esto sin un debate en el Congreso! ¡Sin consultar a nuestros aliados! ¿Estamos preparados? ¿Tenemos una estrategia? -Está todo bajo control. Acabo de tuitear una imagen de una enorme y hermosa bandera estadounidense.

   Las consecuencias, evalúan, tienen alcance impredecible, pero en cualquier caso aseguran el recrudecimiento de las guerras existentes en la región, y la posibilidad más cierta de nuevos conflictos armados.

   La guerra en Siria, lanzada por EEUU y aliados para frenar las rebeliones árabes de 2011 y colocar un gobierno aliado en Damasco, logró su primer objetivo, pero quedó muy lejos del segundo. Por el contrario, con las intervenciones de Rusia e Irán desde 2015, el resultado fue la consolidación del presidente sirio Al Asad y el avance y la expansión de sus aliados rusos e islámicos en detrimento de Washington y de las milicias que promovió o subsidió durante más de un lustro. 

El pacto nuclear

   Esto llevó a que el entonces presidente Barack Obama se resignara, “convencido” por Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, de que solo quedaba negociar para controlar el desarrollo nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones que intentaban asfixiar a la República islámica. En ese momento solo quedó la solitaria voz de Israel exigiendo el retiro de las milicias proiraníes de Siria (reclamo que acompañaron constantemente con bombardeos sobre esas tropas) y el total desmantelamiento del desarrollo nuclear iraní.

   Al asumir Trump, decidió llevar adelante este pedido israelí para desconocer el pacto que las seis potencias habían firmado y retomar las implacables sanciones contra Irán, con lo que también golpeaba a europeos y chinos, a los que dejó con cuantiosas inversiones “colgadas” en Teherán.

La nueva ofensiva

   Así, el asesinato de Soleimani y de al-Muhandis es parte de esa ofensiva, como antes lo fue el bombardeo de la población civil de Yemen (donde los houthis reciben apoyo táctico y estratégico de Irán) por intermedio de Arabia Saudita. Pero ahora Trump involucra directamente a tropas de EEUU, de las que vuelve a mandar miles a Bagdad, cuando parecía que los retiros del norte de Siria y de Afganistán apuntaban a interrumpir la hemorragia de repetidos fracasos estadounidenses en la región.

   Irán, por su parte, había respondido burlando los misiles antiaéreos Patriot que EEUU vendió a alto precio a Arabia Saudita, dañando gravemente sus instalaciones petroleras; derribando drones estadounidenses que se internaban  en su territorio; apropiándose del Golfo de Ormuz mediante el acoso a buques de EEUU o sus aliados; e incluso haciendo ejercicios conjuntos con las armadas de China y Rusia.

Armas certeras, política errática

   En ese marco, el asesinato de los dos militares ordenado por Trump lo muestra reaccionando con precipitación táctica e incluso con ausencia de criterio estratégico. El gobierno de Irak ya era sacudido por violentas protestas populares contra la corrupción y la mala calidad o ausencia total de servicios. Ahora, se le agregan multitudinarias manifestaciones que exigen el retiro de las tropas de EEUU de Irak, por lo que ya sancionó una ley en tal sentido.

   Ningún analista internacional obvia el hecho de que en EEUU los Demócratas han lanzado su campaña electoral con el pedido de impeachment para Trump, y que el presidente ha respondido con el asesinato de dos figuras protagónicas del conflicto en Medio Oriente. Los Demócratas retrucaron reclamando que el Ejecutivo se subordine al Congreso para cualquier asunto de guerra, y Trump respondió jactándose de la cantidad y calidad de armas de que dispone y las decenas de objetivos que podría alcanzar simultáneamente.

   Pero no basta con tener el mejor armamento y las mejores tropas, hace falta además capacidad estratégica (política) para emplearlos con beneficio. Las inconclusas guerras de Afganistán, Irak, Siria y Libia muestran que EEUU hace tiempo que no controla plenamente el segundo factor. Y Trump mismo es un resultado de ese descontrol.

 

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