Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Los primeros fabricantes en el país

Rodados y juguetes de cartón o papel inauguraron la juguetería argentina.

estanciero 1.jpg
Versión local de Monopoly, El Estanciero inauguró la industria de los juegos de mesa en la Argentina.

La industria de juguetes en nuestro país comenzó tímidamente en pequeños, y a veces precarios, talleres que fueron creciendo hasta dar origen, en los primeros años de la década de 1940, a una industria floreciente. Una de las fábricas más antiguas es Bellotti Hermanos, que producía remociclos y triciclos desde 1889.

Algunos años después, en 1914, se fundó la fábrica de rodados para niños La Automática, que ya en 1924 incorporó ‘malcriados’ y muñecas. Los festejos de carnaval durante las décadas de 1910 y 1920 incluían la demanda de novedosos artículos de papel y cartón. Hacia 1926 el italiano Ricardo Fazzini dio inicio a su producción de caretas y artículos de cotillón que dieron lugar con el paso del tiempo a títeres, muñecos y dominguillos de papel maché de diseño absolutamente original.

Como en esos años la mayoría de los juguetes eran importados, en 1931 el español Baqués Parera y sus dos hijos comenzaron a elaborar juegos con la marca Cascabel, sumándolos a su tradicional surtido de naipecitos de juguete.

soldaditos 2.jpg

De Alemania llegó al país Guillermo Stadecker, que trasladó su experiencia para abrir una línea de juegos de mesa en 1937. El primero fue un rompecabezas con el mapa de Argentina, inaugurando los Juegos Mundial. Ese mismo año, la imprenta y cartonería Casa Estanciero creó el Estanciero, versión vernácula del Monopoly, y un símbolo de un pasado latifundista.

Si bien rodados y juegos de sociedad parecen liderar los comienzos de esta industria, también se producen otros tipos de juguetes en la Argentina de principios del siglo XX. Ya en 1915 Carlos Morando moldeaba en pasta de papel maché unas muñecas negras que llegarían a ser muy populares y conocidas como las “negritas de Morando”.

Hacia fines de la década de 1930, tanto Pablo Frecero como los socios Manuel Sobreira y Fernando Ruiz Toranzo crearon muñecos con pasta y género. El estallido de la Segunda Guerra y el nuevo escenario económico de sustitución de importaciones fomentaron el crecimiento de la industria del juguete y dieron lugar a la consolidación de las fábricas existentes.

En 1939 abrió sus puertas Bebilandia, que no sólo producirá la Marilú argentina, sino también una amplia variedad de muñecas y bebés de pasta y papel maché. De 1924 a 1935 la firma Giró y Dagá fabricaron soldados de plomo semiplanos y macizos con la marca Notifixis, y Moisés Belous, apenas llegado a nuestro país, en 1925, produciendo una larga serie de soldaditos Plombel. Y hacia 1933, del taller que el ebanista Angel Guisado tenía en Flores salieron los primeros billares para niños.

En 1935 la firma Matarazzo irrumpió en el mercado. Su notable organización comercial y la calidad de sus juguetes de hojalata litografiada la convierten en una de las más importantes de nuestra industria. A su variado surtido de productos agrega los de muchos pequeños fabricantes que distribuye en todo el país utilizando su propia flota de camiones y ampliando notablemente la presencia de juguetes en el interior.

A mediados de los 1930, Manuel Hojman, cuya metalúrgica había sido fundada en 1906, comenzó a vender alcancías, calesitas y otros juguetes de chapa esmaltada y sin esmaltar. Estos juguetes -que con los años serían de hojalata litografiada y llevarían la marca OMAacompañaron a varias generaciones de niños hasta el cierre de la fábrica, a principios de 1980. Los primeros años de la década de 1940 preanuncian el crecimiento que esta industria habría de tener durante los siguientes quince años.

“Los mejores estimulan aprendizajes e interactuar”

furio .jpg
El empresario resume los problemas del sector: importación vs. industria nacional, contrabando, rentabilidad y reclamos al gobierno.

“Lo ideal es que los chicos jueguen con juguetes didácticos que estimulan el conocimiento y el aprendizaje, y no con los que hipnotizan o impiden interactuar con sus compañeritos”, expresa Matías Furio, de la Cámara del Juguete.

El empresario sostiene que si se tienen en cuenta los segmentos de edades, la industria local tiene una fuerte presencia en los primeros tres años, que cuando más se consume. “Después se entra a competir con los de electrónica y otras variantes de regalos como la ropa”, compara en Radio con Vos. Al analizar el presente aporta algo de contexto histórico: “Hace cuarenta años un niño recibía tres o cuatro juguetes en el año; en la actualidad recibe en promedio uno al mes. Esa cantidad se triplicó porque se volvió más accesible y una generación antes no cualquiera podía tener uno. Si le preguntamos a nuestros abuelos cuántos les regalaban, seguramente nos dirán que ninguno”, describe.

Caros o no, hoy hay juguetes disponibles en quioscos y lugares de paso. Y Furio está en contra de que acompañen un menú de comida rápida que “para tenerlo exija comprar una hamburguesa”. Furio fue entrevistado para el Día del Niño donde daba cuenta de una merma de las ventas que no habían afectado tanto al rubro como sí lo había hecho la devaluación de mayo.

En el país lo que más se producen son juegos de mesa, con exportación incluida, y los dos fabricantes líderes de ese mercado -Mattel y Hasbro- los fabrican en la Argentina. El juego de la vida y Pictionary, son dos ejemplos de las producciones nacionales.

Publicado en revista Juguetes, de la Cámara del Juguete.

Notas relacionadas
Más de Juguetes+ Ver todas
Te puede interesar