Cobrar el bono, una odisea para jubilados y beneficiarios de asignaciones
En la mañana de hoy comenzó a efectivizarse el pago extra otorgado por el Gobierno. Centenares de abuelos y mujeres con niños se agolpan en los cajeros, masticando bronca por los “colados” de siempre y el intenso calor.

Calor, bronca y desilusión, fueron los sentimientos compartidos entre los cientos de jubilados, pensionados y beneficiarios de las asignaciones que dependen de la Anses que, desde las primeras horas de la mañana de hoy intentan cobrar el “bono” otorgado por el Gobierno Nacional, en el marco del “combate contra el hambre”.
Entre decisiones poco comprensibles por parte de las autoridades de algunas entidades bancarias que no dispusieron de cajeros humanos para el pago y las avivadas de siempre, se conforma un cóctel explosivo que hace crecer la tensión en las largas filas que se formaron en muchas de la sedes de los bancos del centro de Resistencia.
LA AYUDA
Cabe recordar que a través del decreto 73/2019 la Anses otorga un bono extraordinario de fin de año que alcanza a 9 millones de jubilados, pensionados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo.

La medida, que busca sostener a los segmentos más vulnerables y golpeados por la aguda crisis económica y social, implica el pago de $2000 para quienes perciben la Asignación Universal por Hijo y de hasta $5000 para los jubilados y pensionados que cobran los haberes más bajos del sistema previsional.
El bono de $2000 alcanza también a la Asignación por Embarazo, por zona diferencial y de AUH por hijo con discapacidad.
En el caso de los jubilados y pensionados, percibirán un bono antes de fin de año y otro por el mismo monto en enero de 2020 y está destinado a quienes cobran una sola prestación. Esto significa que una persona que percibe un haber jubilatorio y otro por pensión no estará incluida en el cobro.
COBRO CAÓTICO
A la vista queda claro que las autoridades de la Anses calcularon el número de beneficiarios, pero no delinearon un mecanismo de pago para evitar las complicaciones a esas nueve millones de personas alcanzadas.

En Resistencia, la situación varía según la entidad en que se intente cobrar. Por caso, en la sede del Banco Nación no se dispuso de cajero humano, con lo cual, decenas de personas se agolparon en la puerta del dispositivo automático.
El personal de seguridad dispuso que se formen dos filas, una para quienes cuentan con la tarjeta de ese banco, y la otra quienes cuentan con tarjetas de otra entidad. Ambas, tenían, una extensión similar, de no menos de 100 metros.
En el Santander, lugar de cobro habitual de algunos jubilados nacionales, se dispuso que los clientes del banco accedan a un cajero automático exclusivo, mientras que los que no cuentan con esa condición son destinados a los dispositivos restantes.

En la fila, importante pero no de la magnitud del Banco Nación, confluyeron beneficiarios del bono con personas que fueron a extraer dinero como lo hacen de manera habitual, con la particularidad de que esta vez el trámite les insumía el triple del tiempo, como mínimo.
Otro de los puntos conflictivos la sede del Banco Columbia. Aun disponiendo todos sus recursos, con tres cajeros humanos, dos automáticos y una caja que se utiliza comúnmente para que los clientes abonen distintos servicios, la fila se convirtió en un calvario promediando la mañana.
Incluso, la tensión llegó al punto máximo al iniciar la operatoria, ante la falta de certezas sobre la disposición de los recursos necesarios para afrontar el pago.
Las dudas fueron disipadas tras un breve corte de calle, según relataron los beneficiarios, pero para esa altura las filas se habían extendido más de lo recomendable.
CALOR Y BRONCA
Al momento en que NORTE concretó la recorrida por las sedes bancarias, alrededor de las 10 de la mañana, el termómetro denunciaba una sensación térmica de 35°. El fastidio era notorio y se hacía cada vez más generalizado.

En las filas, el respeto no rebosaba, ni mucho menos. Las disputas por el lugar se hicieron muy frecuentes entre jubilados que alegaban dificultades para mantenerse en pie y mujeres con niños de muy corta edad, en brazos o acompañando a sus mamás a duras penas.
“Estamos haciendo fila desde ayer a las 19”, relató Gladys en las puertas del Columbia y se quejó por la “falta de información brindada por las autoridades del banco”.
A media mañana, había logrado cobrar su bono como jubilada, pero aseguró haber protagonizado el “piquete” de las primeras horas de la mañana en Frondizi y Juan B. Justo.
La falta de certezas fue generalizada. Carlos, otro jubilado en busca de su bono, llegó a las 7 de la mañana munido de una silleta que le sirvió para soportar la espera. “La verdad, no sé si voy a poder cobrar, acá nadie te dice nada, nadie sale a informar; sólo espero llegar al banco y ver si me van a dar la plata”, expresó cuando le faltaban no menos de 30 metros para lograr ingresar.
En tanto, Mirta Amarilla alertó que había “gente del interior” intentado cobrar y obligada a hacer una “cola interminable”. A varios metros de la puerta, denunció también que ciertos beneficiarios no accedieron al bono completo por “descuentos que hace la entidad a los que tienen préstamos”.
“Es una vergüenza, si el presidente dispuso que la gente cobre este bono, eso es lo que tienen que hacer: la plata es para que la gente que no come pueda pasar las fiestas en paz, pero ni siquiera eso podemos hacer”, fustigó.
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