Diez consejos para quebrar una pyme
La psicología inversa es una técnica creada por Viktor Frankl, autor del conocido libro “El hombre en búsqueda del sentido”.
Esta herramienta consiste en la defensa de una creencia o conducta contraria a la deseada, con la expectativa de que este enfoque mueva a alguien a actuar como realmente se desea. Dado el carácter simple de esta táctica, son muchas las oportunidades en las que, quienes asesoramos a las pymes, nos vemos tentados a utilizarla.
Por ello, en este espacio dedicado a la pequeña y mediana empresa, pecaré de simplista y aplicaré la psicología inversa, con el fin de encender las alarmas de aquellos empresarios que, a sabiendas o no, estén haciendo todo lo posible para fundir su negocio.
Así, mi primer consejo para todo aquel que desee que su empresa no prospere, es crearla solo para hacer dinero, para ganar estatus quo, o para competir a otras y ocupar sus mercados antes. Pues quien desea sobrevivir busca más bien aportar un valor diferencial a la sociedad o resolverle una necesidad concreta. En segundo término, recomiendo gestionarla sin medir su rentabilidad.
Si se tiene dinero en el banco no hay más que hablar. Y si no, solo se debe endeudar a la pyme sin tener en cuenta el plazo, la tasa, y el monto que se podría afrontar. Por supuesto, es importantísimo no evaluar todas las opciones de financiación de las cuentas a cobrar, los flujos de caja, mercadería, inmuebles o maquinarias.
Y aquí va el paso más importante para quebrar una empresa, la piedra fundamental de la debacle: mezclar el dinero personal con el de la compañía, pensar que son lo mismo y entender que la tarjeta corporativa es un aumento de los propios ingresos.

Si ahora sos empresario, vos tenés que darte la buena vida, más allá de cómo le vaya a la pyme; igualmente, si no alcanzas a cubrir un cheque, rompé la alcancía de tu hijo menor si es necesario.
Además, para fundirse sin retorno hay que estar convencido de que, si a uno le gusta lo que está ofreciendo, a los clientes les va a encantar. En tal caso, lo ideal es comenzar a desarrollar un producto o servicio sin haber comprobado antes que lo que se está por vender satisface una necesidad o suma un valor al mercado.
Conjuntamente, a los entusiastas del fracaso no les sugiero planificar, mucho menos sentarse a pensar con regularidad si las acciones realizadas van de la mano con lo que en sus orígenes se pretendía hacer de la empresa. No hay tiempo ni dinero para eso. Ni para contratar asesores de ningún tipo: los consultores no saben nada, los abogados traen problemas y los contadores son un mal necesario.
Tampoco les propongo evaluar con suficiencia los pros y contras de tener socios. Si traen capital deben ser bienvenidos, aun cuando no se compartan valores, modo de entender los negocios ni objetivos. Y los invito a la vez a despreocuparse porque fluyan eficientemente los procesos administrativos y contables que implican las compras, producción, ventas o contratación de personal.
¿Para qué documentar de manera oficial algo de lo que se hace en la empresa, si se puede permanecer lejos de los ojos del fisco?
Mejor sería anotar todo en una libretita en letra ilegible y no invertir jamás en un sistema que de soporte a los procedimientos. Los desafío asimismo a crecer desmesuradamente, ya sea con capital propio, con créditos, o con cheques que no se sabe si se van a poder cubrir en tiempo y forma.
Lo esencial es vender, de tal modo se deba dar plazos riesgosos, hacerles descuentos a los clientes o quedarse sin stock. Después se verá como reponer la mercadería o pagar los gastos.
Los exhorto contundentemente a no invertir en ningún tipo de publicidad, a concebir a las redes sociales como un pasatiempo, a pensar que el producto o servicio se va a vender solo, con el boca en boca de los incipientes clientes y a asegurar que la propaganda es humo. Una actitud indispensable para aquel que anhele cerrar para siempre las puertas de su pyme, es ponerse inflexible ante los cambios.
No importa lo que haga la competencia, mucho menos lo que les guste a los clientes, lo que dicten las políticas de turno o lo que advierta algún colaborador. Es fundamental seguir haciendo lo mismo de siempre, ya que si hasta ahora se sobrevivió de esta manera, para qué cambiar.
Por último, recuerdo que se necesitan varias personas para asesinar a un negocio. Por lo tanto, desmotivar a los colaboradores es la mejor arma para este crimen. Esto se logra despreocupándose de la capacitación de los empleados, desatendiendo las medidas para su bienestar o confort, entendiendo que la empresa no es una oenegé, que si alguien quiere progresar lo debe hacer con sus propios medios y fuera del horario de trabajo. Lo mismo corre para uno.
¿Para qué capacitarse si el cargo de jefe viene asociado al conocimiento?
Los negocios no se estudian. La empresa crecerá sola sin ayuda de herramientas de gestión. Si alguien lee estas líneas y se siente identificado con ellas, deberá dar por sentado que, posiblemente, su empresa no sobreviva al 2020 o que a priori, no prospere. Al menos no sin apalancarse en ingresos externos proveniente de negocios paralelos. Es que con actitudes como las enumeradas, se puede resistir, subsistir, pero no desarrollarse.
De este modo, amigo empresario, esta vez no hagas caso a nada de lo que dije. Mejor seguí las enseñanzas de Viktor Frankl y viví tu pyme como si estuvieras viviendo una segunda vez, y como si ya hubieras actuado mal la primera vez y ahora pudieras repararlo.










