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Aumentó la brecha de la desigualdad

La desigualdad se ha acentuado en la Argentina de los últimos años. Así lo confirman los últimos datos oficiales disponibles del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) que, basados en cifras que arrojó el tercer trimestre, revelan que los ingresos del diez por ciento de los argentinos que tienen los más altos ingresos equivalen a 23 veces de lo que percibe el diez por ciento más pobre de la población.

Expertos de la ONU explican que la desigualdad no se trata solo de la riqueza, el patrimonio neto, o de los ingresos, o del sueldo bruto. También puede abarcar la expectativa de vida, la facilidad que tienen las personas para acceder a los servicios de salud, la educación de calidad o los servicios públicos. El problema más grave de las sociedades que amplían la brecha entre ricos y pobres es que eso hace que algunos grupos tengan más influencia sobre el proceso legislativo, lo que impide a los grupos más desfavorecidos hacer que el sistema responda a sus necesidades. Esto lleva a distorsiones de políticas y socava el proceso democrático. Este asunto adquiere una especial relevancia en estos momentos en el que el país vive una difícil coyuntura económica, que obliga a tomar decisiones que no caen bien a todos los sectores de la comunidad. La aprobación por parte de la Cámara de Diputados de la Nación de la ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva y la suspensión del Pacto Fiscal dispuesta por el presidente de la Nación, Alberto Fernández, reflejan de alguna manera el momento que atraviesa la sociedad argentina, golpeada por el aumento de la desigualdad.

Según los datos del Indec, la brecha de ingresos entre los que más tienen y los más desposeídos fue la más alta de los últimos cuatro años. Un dato que resalta es el que da cuenta que el 60 por ciento de los argentinos tuvo ingresos menores a 25.000 pesos en el tercer trimestre. Las cifras oficiales revelan, además, que el diez por ciento más pobre de la población recibió el 1,2 por ciento del total, en tanto que el diez por ciento más rico concentró 32,4 por ciento. Para algunos economistas, este incremento de la desigualdad tiene un claro responsable: el modelo económico de corte neoliberal aplicado en los últimos cuatro años que, como si fuera poco, dejó la inflación más alta de los últimos 28 años, un país con un alto endeudamiento y con uno de cada diez niños y adolescentes argentinos en situación de pobreza.

El economista serbio, Branko Milanovic, autor del libro “Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización”, advierte que la desigualdad se ha convertido en uno de los principales problemas a resolver en las naciones de Occidente y sostiene que el fenómeno de la concentración de la riqueza en muy pocas manos terminará siendo una amenaza para las democracias, ya que lo que se puede comprobar en los países con altos niveles de desigualdad es que la concentración del ingreso refuerza el poder político de los que más tienen, y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea mucho menos probable.

Las decisiones políticas y las medidas económicas que agravan el problema de la desigualdad terminan debilitando los procesos de movilidad social. Y eso es lo que, lamentablemente, ha ocurrido en la Argentina y así lo confirma un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que señala que un niño argentino que nace hoy en un hogar pobre necesitará al menos seis generaciones para mejorar sus condiciones de vida.

También el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, autor entre otros libros de “El precio de la desigualdad”, sostiene que es necesario que la población que goza de privilegios comprenda que su destino está inexorablemente ligado a las condiciones de vida de las mayorías que quedan al margen de todo tipo de bienestar. El economista observa que las consecuencias de la desigualdad son conocidas: altos índices de criminalidad, problemas sanitarios, menores niveles de educación, de cohesión social y de esperanza de vida. Es necesario resolver el serio problema de la falta de equidad en el país, para que el mayor número de argentinos comparta el sentimiento de ser integrante de una misma comunidad y, por lo tanto, se sienta llamado trabajar en proyectos colectivos.

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