Erradicar la pobreza infantil, un imperativo para la sociedad
Atacar las causas que generan pobreza en la infancia es uno de los requisitosindispensables para lograr una sociedad más justa y equitativa. En ese sentido,la decisión del nuevo gobierno nacional de acelerar los tiempos para poner enmarcha un plan alimentario para reducir la pobreza y paliar el hambre que sufrenfamilias todo el país representa una buena señal, aunque la complejidad ygravedad del problema exige un compromiso no solo del Estado, sino de toda lacomunidad.
Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) hay actualmente en la Argentina 7 millones de niños pobres. Si a esa cifrase suma la cantidad de adultos que viven por debajo de la línea de pobreza, el número asciende a 16 millones de personas; mientras que viviendo en situación deindigencia hay otros 3,6 millones de argentinos más. Se trata de un escenario másque preocupante que requiere de respuestas urgentes. En el caso de la infancia, el drama es aún mayor, dado que las privaciones que se sufren en los primeros añosde vida comprometen el futuro del niño que se encuentra en situación de extrema vulnerabilidad. Además, hay un dato que no es menor, pero que muchas veces se invisibiliza: la pobreza se hereda. Es decir, un niño que nace en un entorno extremadamente desfavorable tiene hipotecado su futuro. Por eso es necesario que los distintos sectores de la sociedad que no sufren estos padecimientos tengangestos solidarios con quienes menos tienen. El Estado, a través de políticas públicas, en tanto, debe generar las condiciones para cortar el círculo vicioso dela pobreza que reproduce de generación en generación todo tipo de privaciones en la niñez.
En una reunión que se realizó esta semana en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, el titular de esa cartera, Daniel Arroyo, dijo a sus pares de las provinciasque “el hambre de los chicos no puede esperar” y que, por eso, se debe avanzaren un trabajo coordinado entre las jurisdicciones provinciales y la Nación paraque la lucha contra el hambre y la pobreza tenga los resultados que todo el país espera. Antes de asumir el cargo, Arroyo había advertido que los datos arrojados por mediciones de peso y talla realizadas en comedores infantiles muestran que existe un mayor riesgo de tener una generación de chicos bajos y obesos, debido fundamentalmente a varios años de pobreza y malnutrición infantil.
Las cifras que revelan la situación en la que se encuentra la infancia en la Argentinason dramáticas. Según el barómetro de la Deuda Social de la UCA, el 13 porciento de los chicos de cero a cuatro años sufren inseguridad alimentaria severa, y en buena medida esto se debió al encarecimiento de los precios de productosde la canasta básica, lo que hizo, entre otras cosas, que en los últimos tres años seregistrara una baja permanente en el consumo de leche en los hogares con menos ingresos.
“Un país que le da la espalda a su infancia, le da la espalda al presente y al futuro”, señaló la representante de Unicef Argentina, Luisa Brumana, al presentaren octubre pasado (antes de las elecciones nacionales) la campaña #LaDeudaEs-ConLaNiñez, a través de la cual se pidió a los candidatos que la infancia y la adolescencia sean un tema prioritario en sus propuestas electorales, y en la implementación de políticas.
Esta semana se supo que la tarjeta alimentaria nacional llegaría al Chaco a fines de enero, y es de esperar que medidas de este tipo alivien rápidamente la situaciónde muchas familias que tienen a su cargo niños de corta edad. Estos grupos necesitan, imperiosamente, un sistema de protección social que sea más sensiblea los problemas de la infancia y, a la vez, de políticas que prioricen la inversiónpública en educación, salud, agua, saneamiento, vivienda e infraestructura básica para los sectores más vulnerables de la población. Se trata de un desafío enorme que requiere el esfuerzo de todos los sectores de la comunidad, para que enel corto plazo sea posible reactivar la cadena productiva, promover el trabajo y distribuir recursos, para que de esa forma se comience a saldar la deuda que la Argentina tiene con los niños de las familias más desposeídas.










