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Contra la reforma jubilatoria

Quinto día de huelga general en Francia

Fue un lunes de piquetes, bloqueos y atascos. Se espera un martes de lucha y grandes movilizaciones tras el éxito de la del jueves, con un millón y medio de manifestantes.

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La huelga general, acompañada por bloqueos a las destilerías de combustible, toma más fuerza. El transporte no funciona desde el jueves, con excepción de los servicios mínimos y los subtes automáticos.

   París, 9 (AFP y Reuters) -   Tras la jornada inicial, cuando salieron cientos de miles de manifestantes en toda Francia para poner fin a la reforma previsional de Macron, los huelguistas se aprestan a inundar nuevamente las calles de París y toda Francia. La huelga general, acompañada por bloqueos a las destilerías de combustible, toma más fuerza. El transporte no funciona desde el jueves, con excepción de los servicios mínimos y los subtes automáticos.

El transporte tampoco funcionó el fin de semana

   Atascos y aglomeraciones caracterizaron este lunes una nueva jornada de huelga general contra la reforma de las jubilaciones. De todos modos, continuaba el diálogo del gobierno con los sindicatos. El miércoles, el primer ministro Edouard Philippe develará su proyecto, que prevé suprimir los regímenes jubilatorios especiales (ver recuadro). “Estoy decidido a llevar la reforma hasta el final (…) Si no hacemos ahora una reforma profunda, seria, alguien la hará mañana de manera brutal”, advirtió Philippe el domingo.

   El núcleo duro de la protesta está en el transporte público, que lidera a varios sindicatos históricos, con la CGT a la cabeza, exigiendo la retirada definitiva del proyecto. La central sindical más moderada, la CFDT, no apoya la medida de  fuerza, aunque sí su sección ferroviaria, la más importante.

Hasta los osos se suman a la huelga. Peluches bloquean la entrada al subterráneo.

   Diez de las 14 líneas de metro de París estaban cerradas, dos funcionaban (son totalmente automáticas) y las otras tenían menos convoyes y largas demoras. En tanto, sólo circulaba uno de cada cinco trenes de corta distancia. Los atascos en las carreteras alcanzaban los 630 km (el récord histórico es de 739 en la nevada más importante de la década, según la Web Sytadin).

   En 17 de los 25 cuarteles generales de los autobuses urbanos de París hubo piquetes, así que sólo circulaban algunos ómnibus. Las otras grandes ciudades de Francia, como Marsella o Lyon, registraron embotellamientos de magnitud. Fueron anulados los servicios ferroviarios hacia España y Suiza. Las autoridades sugirieron consultar con las aerolíneas por los cientos de vuelos suspendidos para las jornadas siguientes.

   La secretaria de Estado de Economía, Agnès Pannier-Runacher, manifestó preocupación por las consecuencias que los días de huelga pueden generar en el turismo y el comercio. “Si esto dura, complicará la llegada de franceses a los comercios y puede deprimir las ventas”, alertó.

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“Lo social lucha por todos, todos deben luchar por lo social”. El frente que se opone a la reforma jubilatoria está encabezado por los trabajadores del transporte, pero abarca una alianza social muy amplia.

Reforma ampliamente cuestionada

   La movilización rechaza el “sistema universal” de jubilaciones, con el que el gobierno pretende reemplazar los 42 regímenes de jubilación actuales (general, de funcionarios, sector privado, especiales, autónomos, complementarios). El gobierno promete “un dispositivo más justo”, pero los huelguistas -casi la totalidad de los sindicatos y la oposición de izquierda- denuncian que “aumentará la precariedad para los jubilados”.

   La reforma busca emparejar a la baja los regímenes especiales del sistema previsional, aumentar los aportes de los trabajadores, reducir los aportes patronales y aumentar la edad jubilatoria. Para los trabajadores estables la reforma implicará la reducción del 44 al 50% de las jubilaciones hacia 2060, cuando no deberán superar el 14% del PBI, según los planes del gobierno.

   Un aspecto sorprendente de la protesta es que desde el primer día se han sumado cientos de miles de estudiantes y también trabajadores precarizados, que en primera instancia no estarían directamente afectados por la reforma jubilatoria. Sin embargo, Suzanne Feuille, alumna de la Universidad de París III Sorbonne Nouvelle, dijo a Reuters que “Mi abuela es la que hace sacrificios para pagar mis estudios. Si el gobierno quiere molestarla a ella, me molesta a mí. Estoy aquí por mi abuela, y por mí”.

   Una reacción similar se podía hallar entre los “chalecos amarillos”, muchos de ellos trabajadores independientes y que en muchos casos deberán optar a una jubilación mínima. “¿A los que hicieron aportes de alto nivel durante toda su vida pretenden rebajarles las jubilaciones en nombre de la ‘igualdad’? Y entonces, ¿qué nos espera a nosotros, que aportamos lo que podemos cuando podemos, porque no siempre tenemos trabajo? ¿Un subsidio de discapacidad?”.

   Gran parte de los trabajadores, aunque no estén alcanzados directamente por la reforma, interpretan que se trata de un ajuste contra los asalariados en general. Los obreros sindicalizados, pero mucho más los que tienen trabajos de baja calificación y los temporarios, denuncian en sus declaraciones y con sus pancartas muchos males de los que culpan al gobierno.

   La especulación inmobiliaria elimina constantemente la posibilidad de alquileres accesibles, la caída de salarios y el aumento del costo de vida forman una pinza imparable, la mala calidad de los servicios de salud y de educación, y varias otras demandas se enfilan detrás de los trabajadores que rechazan la reforma jubilatoria. Así, el jueves en París se vieron carteles de organizaciones ecologistas, liceos ocupados por los estudiantes, trabajadores de la salud junto a conductores de ómnibus y controladores aéreos. El frente de oposición es más amplio de lo que Macron esperaba.

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El núcleo duro de la huelga está en el transporte, cuyos sindicatos exigen la retirada definitiva del proyecto.
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