¿En qué creemos?
Semanas atrás, en el marco de una encuesta realizada por Conicet, Clarín publicó un artículo relacionado con la conducta de la sociedad en cuanto al tipo de creencias religiosas.
Parte del artículo señala: “A esto se refirió Fortunato Malimacci, doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la, quien con los sociólogos Verónica Giménez Béliveau y Juan Cruz Esquivel, dirigió al equipo de trabajo del Conicet: Lo que más me llamó la atención al ver los resultados es que, frente a los que creen que la sociedad cambia pero las creencias religiosas se mantienen igual, esta encuesta permite verificar que están en continua recomposición, un tema que hay que seguir investigando científicamente para no quedarse en percepciones que ya no responden a lo que la mayoría de las personas está creyendo o practicando”.
Interesante artículo
En definitiva el artículo apunta a mostrar que los integrantes de la sociedad que tienen tendencias religiosas están pasando de un lugar a otro, dejando sus creencias anteriores sin mucho pudor, pensando que han encontrado un lugar mejor al que tenían. Siempre según la misma encuesta, “el 62,9% de los argentinos se identificó con el catolicismo. El 18,9% se autoproclamó “sin religión”. Y el 15,3% simpatiza con grupos evangélicos.
En comparación a la misma encuesta 11 años atrás, la Iglesia Católica perdió 13 puntos porcentuales, que, de uno u otro modo, se “reubicaron” en los “sin religión” y en el evangelismo”.
Sigue diciendo “otro dato interesante es una caída de la asistencia semanal al culto (el 30,3% dijo relacionarse con Dios en espacios como templos o iglesias) y, contrariamente, un avance de la práctica religiosa en el ámbito íntimo, lo que Malimacci llamó “individuación” o ‘cuentapropismo religioso’: el 59,9% de los consultados dijo que se relacionaba con Dios por su cuenta”.
Relacionarse por cuenta propia
Si bien es cierto que el texto bíblico aconseja al creyente mantener una relación directa y personal con Dios, también deja bien en claro que el cristianismo no admite conductas parecidas al llanero solitario.
El llanero solitario fue un personaje ficticio, primero de radio (año 1933) y posteriormente en la pantalla chica; que, montado en su blanco caballo llamado Plata y secundado por su ayudante nativo conocido como Toro, trataban de enmendar injusticias por las suyas.
Para el creyente es de fundamental importancia tener una relación personal y directa con su creador, pero al mismo tiempo no dejar de congregarse, porque el estar en compañía de sus pares, al menos una vez a la semana, le agrega contenido a su fortaleza espiritual.
Por otro lado, el apóstol Pablo dejó por escrito que no era conveniente dejar de congregarse como algunos tenían por costumbre, ya que la comunión entre unos y otros es vital para la vida espiritual y práctica de los creyentes.
El congregarse es para el cristiano lo que para el automovilista es la nafta. Por más que contemos con un automóvil cero km es absolutamente necesario reponer el contenido del tanque de combustible, de lo contrario sería imposible utilizarlo.
El cristiano que no se congrega va perdiendo su sentido de pertenencia a la iglesia y como si estuviera arriba de un tobogán comenzará a deslizarse hacia abajo y cuando se dé cuenta estará tendido en el piso. Es muy difícil que caída en picada pero es muy probable que caiga sin darse cuenta.
La iglesia es el lugar donde deberían estar los creyentes por lo menos una vez a la semana. En el cristianismo no existen los que se arreglan solos como el llanero solitario. La encuesta dice que casi el 60% se arregla solo; si usted es uno de ellos, no dude en volver a congregarse.










