La Iglesia llama a la unidad y la paz de los argentinos
La Iglesia celebra en esta jornada en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, en la provincia de Buenos Aires, una misa que se realizará bajo el lema “Por la unidad y la paz de los argentinos” y que contará con la presencia del titular del Ejecutivo nacional que culmina su mandato, Mauricio Macri, y del mandatario electo Alberto Fernández, que el martes asumirá como jefe de Estado.
La fecha elegida para este encuentro tendrá una enorme significación para millones de argentinos, ya que, por un lado, coincide con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y con el comienzo del Año Mariano Nacional, dos acontecimientos que tocan muy de cerca los sentimientos de la feligresía católica y, por otra parte, se produce a 48 horas del traspaso del mando presidencial.
“Para estar juntos y en paz”, señala la amplia convocatoria que lanzó la Conferencia Episcopal Argentina para que toda la comunidad participe de este verdadero espacio de encuentro que, ojalá, sirva de punto de partida para superar los antagonismos y las confrontaciones estériles que muchas veces amenazaron la convivencia pacífica de los argentinos.
No es casual, entonces, que los obispos católicos hayan invitado especialmente a los representantes de los distintos sectores políticos, empresariales y sociales del país para compartir esta histórica ceremonia, y es de esperar que se comprenda el sentido profundo que se le quiere dar -y que realmente tiene- este singular acontecimiento en estas horas difíciles que atraviesa el país.
A través de un comunicado, la Conferencia Episcopal Argentina indicó que confirmaron su presencia el presidente de la Nación en ejercicio, Mauricio Macri y también su sucesor, Alberto Fernández, lo que de por sí representa una señal de que es posible, a pesar de las diferencias, construir a partir del diálogo y el respeto por quienes en forma circunstancial pueden ser adversarios en la arena política.
Es que, en este país que sufre serios problemas estructurales, con una pobreza que lastima a millones argentinos en toda la geografía nacional, no cabe sino esperar actitudes maduras de dirigentes de todos los sectores, con gestos que ayuden a moderar los conflictos, sobre todo en los momentos más difíciles que ponen a prueba la cohesión de la comunidad.
La buena salud de la democracia depende en gran medida de esos gestos, de esos acuerdos tácitos de diálogo y convivencia, que primero deben lograr aquellos dirigentes que, por el lugar que ocupan, tienen mayores responsabilidades institucionales frente a la sociedad, para que de esa manera el ciudadano de a pie se sienta llamado a imitar los buenos ejemplos, en pos del bien común.
Por eso debe otorgarse a la convocatoria de hoy en Luján la entidad que se merece. Porque propone avanzar en un camino de unidad sin desconocer las diferencias ni la complejidad del desafío. Pero, fundamentalmente, porque esta convocatoria interpreta el sentir de millones de argentinos que, íntimamente, perciben que es hora de superar los desencuentros y de poner todas las energías para dejar atrás un largo historial de fracasos.
Un sincero repaso por la historia reciente del país, desde la recuperación de la democracia hasta estos días, nos muestra una larga lista de desencuentros que, observados a la distancia, hacen pensar que este presente podría haber sido mejor y que se podrían haber evitado muchos sufrimientos si hubiese primado, ante todo, la vocación por el diálogo y el respeto al otro.
Hace pocas horas, el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, explicó que que la iniciativa de celebrar una misa por la Patria tiene un especial significado en estos momentos “tan delicados para América Latina y para la Argentina” y en esta circunstancia “histórica para nuestra democracia, en plena transición y llegando a fin de año en paz”.
“Estamos muy comprometidos a rezar para que en nuestra Patria crezcamos en unidad y diálogo, a fin de poder vivir en una Cultura del Encuentro”, agregó el prelado, tras recordar que la intención fundamental de esta celebración religiosa, “es pedir para que podamos hacer una Patria de hermanos”.
Esta convocatoria se extiende a todas las diócesis del país, para que en este día en que la Iglesia celebra a la Virgen, en todas las misas se tenga como intención rezar por una Patria en la que prevalezca la unidad, la fraternidad y el diálogo entre los argentinos. Es de esperar que así sea.










