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La escuela y el desafío de educar en la diversidad

En todas las provincias las escuelas presentan niveles moderados o altos de concentración de estudiantes según nivel socioeconómico.

En otras palabras: la segregación escolar es una de las principales características del sistema educativo argentino. Así lo revela el informe que acaba de presentar el Observatorio Argentinos por la Educación, y que lleva por título “Segregación escolar: ¿cuán heterogéneas son las escuelas argentinas?”.

El trabajo de investigación, realizado en todo el país, advierte que aquellas prácticas sociales discriminatorias, como la segregación, pueden potenciar las desventajas iniciales y reforzar la exclusión de los grupos más desfavorecidos. Según el documento, la segregación escolar por nivel socioeconómico de los alumnos está muy presente en las escuelas argentinas.

El fenómeno, por llamarlo de alguna manera, se manifiesta en situaciones en las que los grupos de estudiantes de distinto origen social se distribuyen de manera desigual entre las escuelas. Es decir, que los alumnos de los hogares más vulnerables tienden a concentrarse en ciertos establecimientos educativos, y los más favorecidos, en otros. Se trata, por cierto, de un problema serio, que no debe soslayarse. Es que no hay que olvidar que la escuela cumple un papel fundamental en la internalización de normas, valores y creencias y, por lo tanto, debe tener como objetivo educar en la diversidad.

Esta tarea es clave, sobre todo en los primeros años de vida de los niños ya que es en esa etapa cuando se estructura la visión del mundo, es decir, cuando se aprende a ver al otro como una persona diferente que merece respeto. Por eso, como bien señala el informe del Observatorio, la educación es un derecho humano fundamental y a la vez es un instrumento para el desarrollo individual y social, siendo relevante tanto su calidad como la equidad en su distribución.

El mismo documento observa, por otra parte, que las desigualdades sociales se reflejan en el ámbito educativo, de manera tal que los niños y jóvenes de las familias con menores recursos presentan mayores dificultades.

“Aunque el sistema educativo no puede por sí solo compensar la inequidad social, existen mecanismos propios, como la segregación, que pueden potenciar las desventajas iniciales y reforzar la exclusión de ciertos grupos. Cuando la integración social es limitada en las escuelas, se reducen las influencias positivas de ciertos alumnos sobre los logros educativos de otros (conocidas como el “efecto compañero”), se profundiza la desigualdad de recursos y se pierden oportunidades para fomentar la cohesión social y la movilidad social ascendente”, explica la autora del estudio e investigadora del Conicet Natalia Krüger.

Vale aclarar que este trabajo se realizó en base a información de los operativos Aprender 2017 y 2018 realizados tanto en el nivel primario como en el secundario. Un dato para tener en cuenta: el Chaco, junto a las provincias de Jujuy, Formosa y La Rioja, figura en el grupo de jurisdicciones con menores niveles de segregación en ámbitos escolares, en tanto que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba encabezan el grupo en las que se advierte con mayor nitidez el problema de la segregación en las escuelas.

En este punto, debe coincidirse con la autora del trabajo de investigación cuando señala que, en rigor, la complejidad de los sistemas educativos y de sus interacciones con las demás esferas de la economía y la sociedad ameritan estudios más profundos para analizar las causas de los distintos niveles de segregación, por lo que queda abierta una rica agenda de investigación.

La escuela, entonces, tiene por delante el desafío de educar para la diversidad, promover la socialización entre chicos y chicas de distintos estratos socioeconómicos, sin perder de vista la enorme importancia que tiene que las aulas sean un espacio para educarse en el respeto y también en la igualdad.

“La consecuencia más importante que trae la segregación se relaciona con la menor posibilidad de que la escuela constituya un espacio de intercambio de capital social y formación de redes heterogéneas que fomenten la cohesión social y la movilidad ascendente”, advierte Krüger, en una observación que invita a la reflexión a toda la comunidad educativa que, además, debe tomar conciencia sobre la necesidad de educar en la diversidad y la interculturalidad en todas las aulas.

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