La fragilidad del empleo, una característica de la era Macri
En Argentina, las mujeres y los jóvenes son quienes enfrentan mayores obstáculos para acceder al mercado de trabajo, siendo además los más perjudicados por las consecuencias del modelo económico de ajuste aplicado por el gobierno nacional en los cuatro últimos años, con medidas que impactaron sobre las condiciones socioeconómicas y laborales de la gran mayoría de los argentinos.
En ese contexto, la fragilidad laboral surge como una de las principales características del ciclo que termina. Dos extensos informes dan cuenta del agravamiento de esta situación que padeció buena parte de la población, especialmente en el último año. Uno de esos informes es el que aportó la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), con el denominado Índice de Fragilidad Laboral (IFL) que evalúa el déficit de empleo y la precariedad de los puestos de trabajo existentes.
Según ese estudio, ese indicador alcanzó el nivel más alto en los últimos cuatro años registrando 39,7 puntos en el segundo trimestre de 2019, especialmente en las regiones NOA y Gran Buenos Aires. La “fragilidad laboral”, explica el informe, es la brecha que existe entre las condiciones óptimas esperables de las relaciones laborales y las que actualmente están vigentes en el mercado del trabajo.
En los últimos tres años todos los indicadores que componen este índice sufrieron incrementos de importancia: el déficit de empleo (25 por ciento), la precariedad laboral (6 por ciento), y la evolución de los ingresos de los hogares y su distribución (5 por ciento).
El estudio de la UMET señala, además, que las mujeres resultan ser las más perjudicadas cuando se observa el índice de fragilidad laboral del año 2018, período que registró un aumento del 15 por ciento. Los varones por su parte, se vieron un poco menos afectados con un alza del 11 por ciento en el Índice de Fragilidad Laboral.
Pero hay un detalle que no debe ser pasado por alto: la situación empeora cuando se compara el índice entre jóvenes y adultos, ya que los primeros registran una fragilidad laboral que supera el 56 por ciento. El segundo informe que, desde otra perspectiva, aborda la problemática del empleo, es el de Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), que realizó un estudio en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas.
Este trabajo señala que en Argentina la diferencia entre mujeres y varones en torno a las tasas de actividad y empleo es cercana al 20 por ciento, existiendo además grandes diferencias salariales entre géneros. A esto se suma que las mujeres acceden a menor cantidad de puestos con poder de decisión, ya sean públicos o privados, y a diferencia de los varones que se incorporan al trabajo en la adolescencia tardía, el mayor nivel de empleo entre ellas está entre los 30 y los 50 años.
El documento del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento aclara que esta situación se explica porque las mujeres tienen más probabilidades de estar desempleadas, subocupadas, con trabajos informales, o en sectores menos dinámicos del mercado laboral, y además destinan gran parte de su tiempo a trabajos no remunerados como las tareas de cuidado, que, como señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) son “todas aquellas actividades que son indispensables para que las personas puedan alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio para el desarrollo de sus vidas”.
Independientemente de la actividad laboral y social que desempeñen, según el informe del Cippec, solo cinco de cada diez mujeres están empleadas, a diferencia de los varones, quienes además de ocupar mayor cantidad de empleos (siete de cada diez varones están empleados) ganan un 24 por ciento más que las mujeres. Entre los 16 y los 59 años de edad, el 75 por ciento de los varones tienen empleo, contra un 55 por ciento de mujeres en la misma condición.
Debe recordarse, por otra parte, que en América Latina las diferencias de género relacionadas con el trabajo no han experimentado una mejora significativa en los últimos 20 años, según la Organización Internacional del Trabajo. Y la Argentina no es la excepción a esa regla. Por eso, es de esperar que en el nuevo período institucional que comienza se impulsen políticas para generar empleo digno, promover la igualdad de género y mejorar la situación laboral de todos los trabajadores, especialmente de las mujeres y los jóvenes.










