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Fuerte alegato del Papa contra las armas nucleares

El papa Francisco reiteró su condena al uso de la energía atómica con fines bélicos durante la reciente visita que realizó a Nagasaki e Hiroshima, las ciudades japonesas que en 1945 sufrieron las devastadoras consecuencias de poderosas bombas de destrucción masiva lanzadas sobre población civil.

Primero en Nagasaki, donde celebró una ceremonia en el parque de la Paz, memorial levantado en homenaje a las víctimas de la explosión atómica que destruyó la ciudad hace 74 años, y luego en Hiroshima, donde cumplió una agenda similar, el Papa Francisco remarcó que la energía nuclear con fines de guerra es “un crimen”. “El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral. Como asimismo es inmoral la posesión de las armas atómicas”, sostuvo el Pontífice, a la vez que alertó sobre el peligro que representa la decisión de algunos países de avanzar con la construcción de nuevos dispositivos de destrucción masiva. “¿Cómo podemos hablar de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos proponer la paz si frecuentamos la intimidación bélica nuclear como recurso legítimo para la resolución de los conflictos?”, se preguntó, para luego señalar que “la paz no es la mera ausencia de la guerra”, sino que es “fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia”.

Además del Papa Francisco, también otras personalidades han expresado su preocupación por la nueva proliferación de armas nucleares. En mayo pasado visitó la Argentina la sobreviviente de Hiroshima, Junko Watanabe, de 76 años, en el marco de una gira mundial para denunciar la peligrosa carrera armamentista actual y exigir a los líderes mundiales que se expresen a favor del desmantelamiento. En esa oportunidad, la organización Seguridad Humana en Latinoamérica y el Caribe, una red de trabajo cuya representación en la Argentina ofició de anfitriona de la visita de Watanabe, emitió un documento en el que recordó que las armas nucleares son las más destructivas, inhumanas e indiscriminadas de la historia de la humanidad.

Por otra parte, también está el trabajo que lleva adelante la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, también conocida como ICAN, por sus siglas en inglés, que fue galardonada con el Nobel de la Paz en 2017 por su labor de los últimos años; y las advertencias realizadas a mediados de este año por la directora del Instituto de Investigación de Desarme de la Organización de Naciones Unidas y experta en seguridad, la irlandesa Renata Dwan, al señalar que el riesgo de usar armas nucleares está en la actualidad en el nivel más alto que se registra desde la Segunda Guerra Mundial.

También el último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, escribió un artículo que fue publicado por el periódico The New York Times en el que advirtió que todavía queda un gran número de armas nucleares en el mundo. Hace pocos días, en una entrevista que concedió a la cadena británica BBC con motivo del 30º aniversario de la caída del Muro de Berlín, Gorbachov reiteró su preocupación por la tensión entre Rusia y Occidente y la existencia de armas nucleares.

Cabe recordar que los países que tienen la mayor cantidad de estas armas de destrucción masiva son Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. También poseen armas atómicas, aunque en menor número, Corea del Norte, India, Israel y Pakistán. Según los responsables de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, en el mundo existe un total de 17.300 cabezas nucleares. Los expertos de esa campaña explican que una sola arma nuclear utilizada en una ciudad puede matar a millones de personas, y el empleo simultáneo de una decena o cientos de ellas, pueden llevar al colapso del planeta.

Por su parte, la titular del Instituto de Investigación de Desarme de la ONU, Renata Dwan, sostuvo que todos los países con armas nucleares tienen programas de modernización nuclear en marcha y que el panorama de control de armas está cambiando, en parte debido a la disputa estratégica entre China y Estados Unidos. Ante este panorama, es de esperar que la comunidad internacional escuche las voces de Papa Francisco y de las otras personalidades que piden avanzar con las políticas de desarme, para evitar que el enorme poder destructivo de estas armas continúe representando una grave amenaza para la supervivencia humana y el planeta.

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