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Continúa el paro nacional

Colombia: la CIDH advierte por “uso excesivo de la fuerza”

La comisión de la OEA instó al Estado a garantizar el desarrollo pacífico de las protestas.

  Bogotá, 24 (Reuters y AFP) - La Comisión Interamericana de Derechos Humanos manifestó su preocupación por “el uso excesivo de la fuerza” aplicado “sistemáticamente” por agentes del Estado, quienes usaron cientos de granadas de gases lacrimógenos para dispersar a los pacíficos manifestantes en la Plaza Bolívar en Bogotá. Recordó a las autoridades que “el uso de la fuerza debe regirse por los principios de legalidad, estricta necesidad y proporcionalidad”, e instó al Estado a garantizar el desarrollo pacífico de las protestas. El organismo exhortó al Estado a garantizar los derechos fundamentales de la población en el marco del toque de queda. 

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Políticos opositores y periodistas criticaron el accionar de las fuerzas de seguridad colombianas, sobre todo del escuadrón especial llamado Esmad.

La protesta continúa

   En Bogotá, Bucaramanga y Cundinamarca, hubo nuevamente masivas manifestaciones este domingo. Sobre el final de la jornada, en Bogotá hombres encapuchados ocasionaron destrozos en comercios y edificaciones, lo que dio lugar a una violenta dispersión de los reunidos en la céntrica plaza de Bolívar.

   “¡Qué raro! Donde no había Esmad (policía antidisturbios) no hubo gases, ni reacción, ni disturbios. Es en ese orden. Tampoco llegaron los infiltrados detrás del ESMAD. ¿Casualidad? No lo creo”, dijo Carlos Arroyave, residente en uno de los edificios que rodea la plaza Bolívar.

   Las críticas y las quejas de participantes en las manifestaciones contra el accionar de las fuerzas de seguridad en general y del Esmad en particular se multiplican. Es una de las razones que han llevado a la CIDH, a Amnistía Internacional  y otras asociaciones de defensa de los derechos humanos a llamar la atención del gobierno colombiano. 

   Anoche, por cuarta jornada consecutiva, un masivo “cacerolazo” volvía a sostener la continuidad de la protesta. Fue la respuesta de la población a la proclama de “Estado de excepción” y “toque de queda” por parte del gobierno, lo que de hecho es una prohibición para la que la gente circule por sitios públicos.

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Manifestantes en varias ciudades, como este en Bogotá, hicieron hincapié en la respuesta violenta del gobierno contra manifestaciones pacíficas.

Tres factores inéditos en el Paro Nacional

   (Publicado por BBC News Mundo) - La huelga estuvo originalmente convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas de jubilaciones, laboral y educativa, y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

   En suma, la población se movilizó en contra del poder establecido, hoy materializado en el presidente Iván Duque, aliado del expresidente Álvaro Uribe que en un intento de ser moderado generó rechazo entre la izquierda y la derecha. A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, la expectativa ante el paro en Colombia se tomó la agenda nacional durante días.

   El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para “mantener el orden”; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta “injerencia de gobiernos chavistas”.

   Dicho eso, es probable que la historia recuerde el paro nacional iniciado el 21 de noviembre en Colombia como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Pese a la lluvia. Pese a la represión.

El paro

   Colombia no ha tenido la tradición de paros de trabajadores de países como Chile, Argentina o México por varias razones, entre ellas la baja tasa de representatividad sindical, de menos del 5%, y la vigencia de un conflicto armado que distorsionó el escenario político clásico de izquierdas y derechas y laceró la viabilidad política de la izquierda democrática, que nunca ha llegado al poder en el país.

   El último gran paro nacional se produjo en 1977. Convocado por los sindicatos, el paro fue asumido por profesores, trabajadores y estudiantes y puso contras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen, que enfrentaba una dura crisis económica y una disputa con los militares.

   En los últimos años, por supuesto, hubo huelgas importantes, como el paro de coteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013. También hubo grandes manifestaciones, como la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016.

   Pero al menos desde 1977, y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre. Prácticamente todos los gremios acataron el paro; en cada rincón del país hubo protestas; la mayoría de quienes no protestaron vivieron una suerte de día feriado; el país estuvo paralizado por un día.

   Solo el comercio, por ejemplo, se vio paralizado 50%, según la Federación de Comerciantes (Fenalco), lo que equivale a pérdidas de u$s 60 millones. En un país históricamente institucionalista, el shock político, económico y cultural que significó el paro del 21 es inédito.

El cacerolazo

   Al final de la tarde del jueves, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles. De noche, muchos en piyama, con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, cientos de personas salieron a la calle a reanudar su grito de protesta.

   Y con un detalle que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto —ni escuchado— en historia reciente: la cacerola. Desde la calle o desde sus casas, en Bogotá y en otras ciudades del país, un inédito cacerolazo se tomó al país al cabo del día, justo cuando Duque daba un mensaje televisado de 4 minutos en el que criticó los actos “vandálicos”, apoyó a las fuerzas de seguridad y llamó al “diálogo social”. El cacerolazo se escuchó en barrios de diferentes sectores socioeconómicos y se espera que se reactive en los próximos días.

Protesta en ciudades uribistas

   Si los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible. Una de esas es Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra del hoy senador y líder del partido de gobierno, Álvaro Uribe, el político de la “mano dura” contra las guerrillas.

  Las imágenes de la masiva marcha del jueves en Medellín terminaron de demostrar que la capital de Antioquia se diversificó políticamente. Hace un mes, en elecciones regionales en las que el uribismo fue el gran derrotado a nivel nacional, los “paisas” eligieron como alcalde a un ingeniero de 39 años que apoya el proceso de paz, no es parte de las maquinarias políticas y marchó el jueves: Daniel Quintero.

   Las marchas de estos días dejaron claro que Medellín ya no es tierra sagrada del uribismo. Y no fue la única: ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional. Otra razón para pensar que Colombia, para bien o para mal, ya no es el mismo país del pasado.

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