“Hay que entrar por las picadas...”
En mayo de 1975 Daniel Altamirano, un cantor mendocino, vino al Chaco para visitar a su amigo médico, también de esa provincia cuyana, Esteban Alejandro Mauro, que hacía ya algunos años ejercía su profesión en el pueblo de San Bernardo. Compartieron días y, como casi todos los de esos años, fanáticos del folclore, cerraban cada noche con una serenata guitarrera. El 25 de mayo Mauro quiso agasajar al cantor, por lo que encargó a una habitual proveedora que le preparase un chivo y que pasarían a buscarlo.
Ese día, tras los actos en el pueblo, se fueron a traer el encargo “cerquita de San Bernardo”, ya en el monte. Para llegar hasta la casa, un rancho, hubo que “entrar por las picadas”. Era de “barro y apuntalado con quebracho colorado”.
Allí estaba ella, la dueña de casa, a la que todos conocían como La Oma. Tenía todo preparado, pero el poeta y cantor no salía de su admiración por la rara belleza de esa “linda alemana de setenta y pico de años” que tenía los “ojos azules como el agua de los mares”. Estaba sentada en el patio, lleno de árboles, con herramientas de trabajo debajo de ellos: “una volanta, un arado” y todo conformando un paisaje conmovedor, distinto del de su Mendoza.
De más está decir que, con un alma sensible de poeta, quedó impresionado y, como luego contaría, mientras volvía al pueblo con su amigo el doctor, sacó su birome y garabateó algo en su libreta, que completó esa misma noche. Allí, sin saberlo, creó una de las canciones más hermosas del folclore argentino que todo el mundo conocería después como “La Oma”.
A su regreso a Mendoza se encontró con su amigo, el músico Pedro Favini, e impresionado aún, le mostró el poema que había escrito y éste, más entusiasmado, le creó esa música con ritmo de chamamé, que hoy todos conocemos y tarareamos. Y ya en 1977, Víctor Hugo Godoy, Héctor Pacheco, Eduardo Márquez y Américo Albornoz, integrantes de Los Cuatro de Córdoba, la estrenaron con éxito rotundo.
Fue en esa época, posiblemente en 1977, cuando Altamirano, tras otra visita a San Bernardo, se presentó en la Peña Martín Fierro de Resistencia y contó al público, no sin emoción, el origen de su canción exitosa, relatando su ida a la casa de La Oma y la experiencia vivida. La vio como “en su ranchito de barro calentaba a leña su pava y conversaba con su lorito, que era con el único que hablaba”.
A veinticinco años...
Mañana, martes 19, se cumplirán 25 años de la partida de Marta Hoffner de Rabe, a los 87 años. Ese día se apagaron “sus ojos azules”. Había nacido el 12 de octubre de 1907 en una familia de alemanes, que huyendo de las miserias de las guerras y buscando paz y trabajo llegó a Joinville, Estado de Santa Catarina, sur de Brasil. Allí, la subsistencia era dura por lo que la familia se marchó y llegó, después de un largo camino, a la provincia de Corrientes. Luego, el trayecto los llevó a Charata y de allí a Pampa del Huevo, San Bernardo. Su vida fue dura y tuvo que “abrir muchas picadas” en la vida. Nada le fue fácil, pero con el trabajo llevó una vida digna que mereció pasar a la posteridad gracias a la sensibilidad de este poeta mendocino.
Según Daniel Altamirano, “La Oma es una de las canciones más queridas por la gente de todas las edades. Yo soy el más sorprendido, pues nunca imaginé que esta simple letra produciría un milagro de tanta admiración y apetencia de los diferentes públicos del país por escuchar el tema y por saber si es cierto o no que La Oma existe”.
Sorpresa y homenaje
Desde entonces, La Oma es considerada como uno de los himnos fundamentales del Chaco y no es casual: los detalles que describe Altamirano no sólo son un fiel reflejo paisajista de la realidad, sino que avanzan en una síntesis donde los objetos y las observaciones encierran gran parte del devenir chaqueño, especialmente de San Bernardo.
Recién en 1977, Doña Marta Hoffner de Rabe se enteró de su proyección en el festival de Villa Ángela, donde fue llevada con engaños, y la hicieron subir al escenario acompañada por Los Cuatro de Córdoba, donde recibió una impresionante ovación de la multitud que coreó de pie la canción. Cuando cumplió ochenta años y al celebrarse el Día de la Raza, recibió un homenaje con presentes y pergamino del pueblo de San Bernardo.
En 1987 se instaló definitivamente en el pueblo, en una casa de un barrio Fonavi, junto a su hija Gerda y su hermana Emma. En 1989 el Congreso de la Nación la reconoció como “Mujer sobresaliente del año”, siendo visitada por Matilde Menéndez, funcionaria del gobierno nacional y chaqueña de nacimiento, quien le llevó los saludos del presidente de la Nación. Desde 1992 funciona en San Bernardo la Escuela de Folclore La Oma, y desde 2004 se organiza el Festival Folclórico La Oma, apadrinado por Daniel Altamirano, autor de la famosa canción.
En estos tiempos de tanto desconcierto en el continente, en el país y aun en la misma provincia de La Oma “hay que entrar por las picadas...” para superar las dificultades y salir adelante.
La Oma
*La Oma es una mujer /de setenta y pico de años/ vive en el monte chaqueño/ cerquita de San Bernardo.
*Tiene los ojos azules/ como el agua de los mares/ porque vino de muy lejos/ y al río le dio su sangre.
*Hay que entrar por las picadas/ para llegar a su rancho/ de barro y apuntalao/con quebracho colorao/ lleno de árboles el patio/ y herramientas de trabajo/ una volanta, un arao/ y el paisaje del Chaco.
*La Oma es feliz con poco/ digamos mejor con nada/ la Oma era rubia y se ve/ que era linda alemana.
*Que sola que está la Oma/ pero ella no piensa en nada/ cómo pensar en la muerte/ si la Oma es como un hada.
*En su ranchito de barro/ calienta a leña su pava/ conversa con su lorito/
que es con el único que habla.
Daniel Altamirano










