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Mitología y paisajes de ensueño en una travesía en barco y bicicleta por las islas griegas

En el muelle de la bahía de Zea, en el legendario puerto de El Pireo, en Atenas, Grecia, hay 18 bicicletas alineadas frente al Panagiota, un yate a motor de madera de 23 metros de eslora y 6 de manga.

Cada una tiene un nombre y, a medida que llegan, los huéspedes se encuentran con la que los acompañará durante 160 kilómetros en ocho días de travesía por las islas del mar Egeo. También descubren la bandera de su país flameando en los mástiles de la embarcación. Las hay de Alemania, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Dinamarca y Argentina.

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La modalidad está en auge: ir de ciudad en ciudad o de isla en isla en barco y recorrer cada destino en bicicleta, común o eléctrica. Hay viajes por Escocia, Holanda, Croacia, Turquía, Vietnam y la lista sigue.

También en Grecia, el 20% de cuya superficie se reparte en cerca de 6.000 islas. En este caso, el objetivo es el archipiélago de las Cícladas. El mismo en el que Julio Cortázar situó su cuento sobre la obsesión de un arqueólogo con una estatuilla de tiempos ancestrales. Son islas volcánicas, con caminos sinuosos que suben y bajan y pintorescos pueblos colgados de las colinas.

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El Panagiota hace las veces de hotel. De noche permanece amarrado en un puerto mientras los cicloturistas duermen en sus camarotes. Son pequeños, pero confortables y con baño privado. También hay una sala, donde se comparten el desayuno y el almuerzo o la cena.

Hay media pensión y, a bordo, un cocinero-marinero prepara platos mediterráneos. Ensaladas griegas, pescado asado o frito, berenjenas cocinadas de una y mil maneras y mucho queso feta.

Tiempo de partir

Por la mañana, el Panagiota zarpa en dirección al próximo puerto. Durante el desayuno, los dos guías -la alemana Tina y el griego Dimitri- indican cuál es el rumbo. Con la ayuda del capricho de los vientos, Poseidón torcerá el itinerario previsto varias veces.

Tina Heinzig tiene 32 años, es alemana y estudió Ciencias de la Comunicación. Solía hacer travesías en barco y bici como turista. Fue a Croacia y a algunos circuitos en Grecia, con el Panagiota.

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“Amé el concepto de no quedarme en un solo lugar. Y me enamoré de Grecia”, cuenta. “¿Por qué no te convertís en guía?”, le sugirió un ahora colega. “Yo trabajaba en una consultora y me pregunté qué quería hacer durante mis próximos 40 años. Me di cuenta de que ya no me importaba la carrera, sino la felicidad. Ahora viajo por el país que amo, veo paisajes asombrosos y aprendo mucho sobre mí misma”.

El primer puerto de este viaje está a 25 kilómetros. En el medio del trayecto, el Panagiota se detiene: es el momento de nadar. El agua está fría, pera vale la pena la experiencia de darse un chapuzón en el medio del mar Egeo. Después prosigue hasta Aegina, una de las islas Sarónicas y la capital mundial del pistacho. Produce 20 mil toneladas al año. Los marineros descargan las bicicletas y empieza la aventura.

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Una pedaleada de 20 kilómetros depara sorpresas como encontrarse con el Templo de Afaya, del siglo VI antes de Cristo. Afaya era una ninfa asediada por los hombres. Para protegerla, su hermana la hizo desaparecer exactamente en el lugar donde levantaron el templo, que fue consagrado a Zeus.

Por la noche, cada cual elige donde cenar. Cada puerto está rodeado de restaurantes, que ofrecen desde pizza hasta pulpo grillado. Advertencia: las islas están repletas de gatos, que se acercan con el firme propósito de que los viajeros los alimenten. Casi siempre lo consiguen.