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La página del lunes

Si no se cambia el modo de hacer política, no hay futuro

Cuando se lean estas líneas ya se conocerán los guarismos de las elecciones de ayer, al menos en forma provisoria. Y sea cual sea el resultado, tras la campaña, hay que decir que, a los ciudadanos independientes, a los que no somos de ningún partido político, le ha quedado un sabor amargo por todo lo previo. No sólo lo inmediato, sino desde hace por lo menos siete décadas.

¿Qué ha pasado en la Argentina que de ser un país que apuntaba para ser uno de los líderes mundiales y de tener riquezas para apuntalar ese ideal, hemos ido en continuo descenso y hoy estamos entre los que tienen los peores índices en las llamadas necesidades básicas en todo el mundo? Hoy los ciudadanos que tienen desde 70 años para abajo -ya jubilados algunos y muchos con la vida por delante- no conocen otra cosa que vivir de crisis en crisis y de soportar continuos ajustes en la economía.

Es cierto que todos tenemos una cuota de culpa ante tamaña decadencia, pero es mucho más cierto que existen unos máximos responsables, los partidos políticos y sus líderes y caudillos, en primer término. Ellos son los hacedores este tremendo fracaso y, sin embargo, ante cada contienda electoral predican sin ponerse colorados y prometen cosas grandilocuentes que saben que no van a poder cumplir.

En las horas de veda electoral y en estos días post elecciones, debemos concluir desapasionadamente, triunfe quien triunfe para gobernar desde el 10 de diciembre, que a los argentinos nos ha quedado un gustito avinagrado en la boca por lo que estamos viviendo y hemos visto.

Frases sin contenido

Los mal llamados debates electorales, porque eso que vimos no han sido debates, sirvieron para que los supuestos líderes se echaran en cara las situaciones que estamos pasando, algunas nuevas, otras de arrastre, y hasta se insultaran, acusándose de delincuentes y mentirosos, pero no para decir de qué manera vamos a superar lo que estamos padeciendo. Se llenaron la boca con generalidades que hoy a nadie conmueven como que “ahora vamos a estar mejor y avanzaremos definitivamente”. “Vamos a priorizar el bienestar general”. “Terminaremos con el hambre y la pobreza”. “Generar trabajo será nuestra máxima preocupación”. “Le pondremos plata en el bolsillo a la gente y llenaremos sus heladeras”. “Reconstruiremos el país federal”, “Tenemos un sueño y es terminar lo que nos falta”, y como estas, infinidad de frases que suenan lindo, pero que no conmueven a nadie, porque se sabe que son para halagar oídos, arrancar ovaciones y contentar a la tribuna de adeptos, pero no para la gran masa de ciudadanos. Lo decía hace pocas horas con toda justeza una referente del grupo “Ni una menos”: “Seguimos pensando que nuestras vidas no valen más que como excusas electorales”.

El fracaso de los partidos políticos

Los partidos políticos -todos- tienen que convenir que han fracasado y que, si no cambian en forma rápida, lo van a volver hacer y cada vez peor. Los ciudadanos no podemos creer que, si todos tienen, como lo dicen, el cometido de buscar el bienestar y la felicidad de todos los habitantes del país, vivan insultándose y no buscando acuerdos que, gane quien gane, se pongan en práctica y se salga delante de una vez por todas.

No ha dejado de llamar la atención de la gran cantidad de candidatos que han aparecido en el país para todos los cargos: presidente, senadores, diputados, gobernadores, legisladores provinciales, intendentes, concejales. En algunas localidades pequeñas cuatro, cinco y hasta diez y doce candidatos a intendentes. Pareciera que todos están empeñados en ser servidores de sus semejantes, como de hecho debieran ser los políticos. Pero lo que pasa es otra cosa. Se quiere llegar a un cargo para zafar para toda la vida y consolidar su economía sirviéndose del Estado. Eso es lo que se ve. Y si esto sigue pasando y los partidos no cambian su conducta, su modo de elegir candidatos, el modo de manejar los fondos públicos, no hay futuro.

Lo que está pasando en otros países, algunos muy cercanos como Chile, tiene que ser un toque de atención. Hasta ayer no más nuestros vecinos eran puestos como ejemplo de orden, de manejo de la economía, de mínima inflación y de relevantes índices económicos. Los máximos responsables, los líderes de los partidos políticos y los gobernantes se echaron a dormir la siesta y no vislumbraron lo que estaban gestando.

Si nuestros partidos políticos no cambian, no ponen a sus cerebros a estudiar de qué manera hay que conducir a esta nueva sociedad con mayores exigencias, no hay futuro para nadie. Esta forma de hacer política ya no sirve y los fracasos suceden aún en la vieja Europa. Este es el momento de la reflexión, cualquiera sea el resultado de la elección de ayer. Hay que virar 180 grados y derrotar al fracaso de la política.

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