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No es una elección más

Cerca de 34 millones de ciudadanos están habilitados para concurrir hoy a las urnas con el fin de elegir la fórmula de presidente y vice que guiará los destinos del país en los próximos cuatro años. Pero no se trata de una elección más. La Argentina atraviesa una difícil coyuntura, con preocupantes indicadores de inflación y recesión y con una enorme porción de su población bajo la línea de la pobreza. En este complicado escenario económico y social, se impone la necesidad de lograr consensos políticos y adoptar medidas urgentes para evitar un mayor agravamiento de la crisis.

Este nuevo ejercicio democrático de la ciudadanía encuentra al país con una economía gravemente deteriorada que deja una sociedad más injusta y desigual. El flagelo de la pobreza, según cifras oficiales del INDEC, supera el 35 por ciento y castiga severamente a algo más de 15 millones de argentinos. Esa cantidad de personas es similar a la población que Chile tenía hace pocos años (se estima que en la actualidad tiene cerca de 18.751.000 habitantes). La comparación no es casual: el país trasandino, que fue mostrado como un buen ejemplo a seguir por algunos candidatos a ocupar el sillón de Rivadavia -entre ellos el presidente Macri-, muestra hoy la peor cara de las reformas económicas y sociales iniciadas durante la dictadura militar del general Augusto Pinochet. Las protestas masivas de estos días en las calles de Santiago y otras ciudades como Valparaíso, Viña del Mar y Antofagasta, entre otras, protagonizadas por cientos de miles de chilenos (con lamentables hechos de violencia que no se justifican bajo ningún punto de vista) demuestran que buena parte de la población comprendió que las políticas de libre mercado generaron crecimiento, sí, pero para beneficio de unos pocos. Para ser más precisos: solo para el 1 por ciento del país gobernado por Sebastián Piñera. Según datos publicados por el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Chile es en la actualidad uno de los países más desiguales del mundo. Del rumbo económico que tome la Argentina en los próximos cuatro años dependerá el grado de desigualdad que tendrá nuestra sociedad. Y en buena medida, ese rumbo comenzará a decidirse hoy en las urnas, en una jornada electoral donde además se renovarán autoridades de gobiernos provinciales, la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación y un tercio del Senado.

El Chaco ya decidió, a través de las urnas, que la próxima administración provincial quede en manos de Jorge Capitanich. Electores de todo el país, en tanto, deben decidir hoy en el cuarto oscuro quién, en esta difícil coyuntura, tomará las riendas desde la Casa Rosada. Si se repiten los resultados de las PASO, Alberto Fernández será el nuevo presidente de los argentinos a partir del 10 de diciembre. De ser así, la provincia volverá a estar en sintonía política con la gestión nacional que, de acuerdo a lo expresado por el candidato del Frente de Todos en el acto de la campaña proselitista del Frente de Todos (FdT) realizado en el estadio del club Sarmiento, en la capital chaqueña, bregará por una Argentina federal “con los 24 gobernadores y todos los ciudadanos”.

La delicada situación que atraviesa la economía del país necesita, justamente, de un gobierno nacional verdaderamente federal que promueva sin demoras un amplio acuerdo político, social y económico. La actual administración nacional, por supuesto, no está exenta de responsabilidades. También debe comprometerse en facilitar los consensos que el país necesita, y debe hacerlo sin demoras, es decir desde mañana mismo, independientemente de los resultados que arrojen las urnas.

Por todo lo planteado aquí, la jornada electoral que hoy vivirá el país no es una jornada cívica más. Y por eso es importante que la ciudadanía participe activamente en estos comicios, concurriendo a votar, acompañando al candidato que -de acuerdo a la intima convicción de cada uno- esté en mejores condiciones de llamar a un gran acuerdo nacional para torcer el rumbo de una economía que está en crisis, contener la inflación y devolver la esperanza de un país mejor, más federal, sin pobreza, con mayor inclusión e igualdad de oportunidades para todos los argentinos.

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