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Gobernabilidad, para erradicar la pobreza y promover el desarrollo

Las cifras sobre la pobreza que acaba de informar el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos no dejan lugar a dudas. El país tiene casi 16 millones de pobres y más de la mitad de los chicos menores de 14 años sufren el castigo de la pobreza. Según los datos del organismo nacional, la capital chaqueña tiene el mayor índice de indigencia. Semejante escenario obliga a buscar un acuerdo de gobernabilidad entre todas las fuerzas políticas, tanto en el orden nacional como provincial, para comenzar a revertir esta dramática situación que tiene a buena parte de los argentinos sin posibilidad de acceder a lo mínimo indispensable que les asegure una vida digna.

En uno de sus informes sobre desarrollo humano, el recordado secretario general de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz, Kofi Annan, decía que “la gobernabilidad es tal vez el factor más importante para erradicar la pobreza y promover el desarrollo‘, y en la Argentina de estos difíciles días esa frase adquiere una significación muy particular; sobre todo en este mes de octubre en el que la ciudadanía deberá decidir en las urnas, primero en la provincia y luego en la Nación, quienes serán los responsables de guiar durante los próximos años los destinos del Chaco y el país. La posibilidad de celebrar, desde hace 36 años, elecciones periódicas para elegir libremente a los representantes confirma, por un lado, que el conjunto de la sociedad ha aceptado el valor de la legitimidad democrática, es decir, ha reconocido la importancia que tiene el respeto de las reglas de sucesión pacífica del poder (en el escenario político nacional es común escuchar hoy, tanto a oficialistas como opositores, la necesidad de garantizar que el presidente Macri complete su mandato); pero por otra parte es evidente que ese avance no ha sido suficiente para erradicar las profundas desigualdades sociales que lastiman al Chaco y al país y que, hay que decirlo, desafían la estabilidad misma de la democracia. Por eso es necesario que el futuro gobierno nacional que resulte electo el próximo 27 de octubre tenga entre sus primeras medidas el llamado a una amplia coalición que garantice, en primer lugar, la gobernabilidad democrática y, además, permita avanzar con soluciones a los problemas más apremiantes y graves de la población la pobreza, la indigencia, el hambre-, para poder ir avanzando luego en la atención de otras demandas también fundamentales. Algo similar debe hacerse en la provincia, con un acuerdo amplio con representantes de fuerzas políticas que deben comprender la enorme importancia que tiene lograr un clima político que garantice la estabilidad y la convivencia respetuosa. Que no se malinterprete lo que se quiere expresar aquí: no se trata de plantear, ingenuamente, que cada fuerza política deje de lado sus concepciones ideológicas que le dicen cómo deben ser el mundo y la sociedad; sino de señalar la imperiosa necesidad de encontrar puntos en común y consensos básicos que sirvan para resolver los problemas concretos de los ciudadanos y también para evitar que aumenten en número e intensidad los conflictos sociales. En otras palabras, de lo que se trata es de acordar reglas de juego básicas que permitan reducir el grado de confrontación y, a la vez, desarrollar prácticas políticas que predispongan a una mejor convivencia. En distintas partes del mundo el consenso político ha permitido que la sociedad puede alcanzar la paz social y la convivencia armónica. Se pueden citar, a modo de ejemplo, los Pactos de la Moncloa que abrieron para España las puertas de unos de los períodos más largos de prosperidad de su historia, o el caso de la Alemania Occidental en los tiempos de Konrad Adenauer para levantar los nuevos pilares de la devastada economía germana de la posguerra. Procesos similares se vivieron en Gran Bretaña y Francia, cada uno con sus particularidades por supuesto, pero con el común denominador de lograr el consenso político para poder avanzar en la difícil tarea de la reconstrucción de una nación.

Hoy la Argentina y el Chaco atraviesan una coyuntura difícil que obliga a dejar de lado mezquindades y proyectar a largo plazo. Para eso es necesario que las principales figuras de las distintas fuerzas políticas confíen en el diálogo y se unan en la búsqueda de consensos básicos que sienten las bases para erradicar la pobreza, promover el desarrollo y construir una sociedad con más trabajo y menos desigualdades.

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