El camino hacia el desarrollo basado en el conocimiento
Los recursos asignados para inversión y desarrollo este año en el país equivalen, según cifras oficiales, a un 30 por ciento menos que los destinados en el año 2015. La abrupta disminución de la inversión en Ciencia y Tecnología de estos duros años de administración macrista colocó a la comunidad científica al borde del colapso, demostrando así, una vez más, las enormes dificultades que tiene un sector de la dirigencia política argentina para comprender que esa desinversión hace perder oportunidades de desarrollo.
Semejante miopía de una dirigencia que habla de “abrir la Argentina al mundo”, pero que en los hechos practica salvajes ajustes en ciencia y tecnología, contrasta con la opinión de muchos argentinos que entienden que la inversión destinada a la investigación y desarrollo en áreas estratégicas es clave para el futuro del país. Así lo confirma un reciente relevamiento realizado por el Rectorado de la Universidad de Buenos Aires que consultó a 20.120 ciudadanos de entre 16 y 49 años, a través de un cuestionario en línea destinado a estudiantes de grado y posgrado, graduados, docentes y trabajadores no docentes de esa universidad, para conocer qué opinan sobre el estado de la ciencia y técnica en la Argentina y el sistema educativo en general. Los resultados del sondeo revelaron que el 95 por ciento de los consultados expresó su preocupación por la pobre inversión destinada al sistema científico tecnológico en el país y por el presupuesto educativo en el país, al que calificaron como insuficiente. Ocho de cada diez personas consultadas por la Universidad de Buenos Aires para esta encuesta señaló que es necesario volcar una mayor inversión en infraestructura edilicia, actualización tecnológica y equipamiento para investigación. Es decir, todo lo contrario a lo que realizó estos años la gestión nacional de Cambiemos que avanzó con despidos y medidas que desalentaron el ingreso en la carrera del investigador científico del Conicet, además de desfinanciar a valiosos organismos como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, la Comisión Nacional de Energía Atómica, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y el Instituto Antártico, por citar unos pocos ejemplos.
El sondeo de la UBA mostró, además, que el 97,3 por ciento de los consultados consideró que el presupuesto destinado para ciencia y tecnología debe crecer. Claro que para eso es necesario fortalecer la economía y evitar que la especulación financiera se imponga al esfuerzo de la producción. La miopía de un sector de la dirigencia argentina a la que se hace referencia tiene cierta similitud a la pobre visión de futuro que mostraron algunos conspicuos miembros del Congreso Nacional cuando el presidente Hipólito Yrigoyen, en su primer mandato, intentó sin suerte que se aprobaran medidas para impulsar la explotación estatal de petróleo en Comodoro Rivadavia, que ya estaba consolidada, con capacidad e infraestructura suficiente como para sostener una producción regular. Debe recordarse que en esos años, la economía sufría el impacto de la guerra en Europa y el gobierno de Yrigoyen enfrentaba una crisis de abastecimiento de energía, extremadamente dependiente del carbón de Gran Bretaña, por lo que era fundamental que se impulsara la producción del petróleo argentino. Hoy, el petróleo sigue siendo clave para el desarrollo del país, como también lo es, por ejemplo, la incipiente industria biotecnológica argentina que, lamentablemente, viene sufriendo la pérdida de investigadores que en el último año dejaron el país para buscar mejores horizontes en el exterior.
En necesario apoyar a los jóvenes investigadores y, a la vez, generar fuertes vínculos entre los centros de investigación básica y las empresas del sector privado interesadas en sumarse a la economía del conocimiento. Es de esperar que el próximo gobierno nacional tenga en claro que invertir en investigación no es, como algunos creen, un gasto. Países como Estados Unidos, Israel, Alemania o Japón, por citar unos pocos ejemplos de naciones más avanzadas en materia científica y tecnológica, demuestran que este tipo de inversiones generan recursos y puestos de trabajo de alta calificación y permiten desarrollar productos para resolver problemas de la salud, dar respuestas a las exigencias de la agricultura y avanzar en el camino que conduce al desarrollo basado en el conocimiento.










